Posteado por: alejandrolodi | 12 marzo, 2010

2009: Entre disoluciones y oportunidades. Las paradojas de un inicio (2da Parte)

Alejandro Lodi

(marzo 2010)

Dejando de lado el análisis estructural, vayamos ahora a los ciclos.

¿Por que podíamos prever que 2008 resultaría un momento clave? Hay un ciclo que es la base de todo el movimiento cíclico de una carta astral: el ciclo Sol-Luna progresado. Tiene una duración de 30 años y marzo de 2008 marcó el inicio de un nuevo ciclo para Argentina. Los ciclos anteriores y algunas claves del nuevo comienzo fueron desarrollados en el artículo “Argentina y nuevo ciclo Sol-Luna progresado” de agosto de 2007.

Conceptualmente, el ciclo Sol–Luna es básico porque está revelando dimensiones de la complejidad de la carta natal que habitualmente no está al alcance de la conciencia ordinaria. Y esto es válido tanto para la estructura de un individuo como para la de un país. El ciclo Sol-Luna es una oportunidad de dar cuenta de un nivel mas profundo del que habitualmente somos concientes, es la emergencia de planos del ser que se disponen a su realización y que representa un desafío creativo para conciencia individual (en la carta de una persona) o colectiva (en la carta de una nación). En este sentido, el ciclo Sol-Luna es el más esotérico de los ciclos porque es información que viene, en términos junguianos, del Sí Mismo antes que del plano de la personalidad. Por eso, siempre representa una cierta crisis para la conciencia dominante, para lo que creemos que somos.

Un repaso histórico de las fases finales de Ciclo Sol-Luna.

Lo que es importante atender en momentos de inicio del ciclo Sol-Luna es qué se ha jugado en la fase anterior y qué se juega en la fase siguiente. Siendo un ciclo de 8 fases, no de 12, se trata de las fases de semi-cuadratura menguante del ciclo previo y la semi-cuadratura creciente del que se inicia.

La última fase del ciclo anterior se dio en 2004 y su comienzo fue en 1978. A esta fase se la denomina de descarga o de renuncia. Es clave porque es momento de agotar todo lo que haya quedado pendiente del ciclo anterior, para poder comenzar lo nuevo despojado de escorias, despojado de fantasmas del pasado, de contenidos que ya carecen de toda vitalidad. Se trata de un proceso ya realizado que termina y que, de intentar su continuidad, se tornaría tóxico. Es un momento de consumación del pasado. Con sólo decir esto ya parezco tendencioso ¿no?… (risas).

En la carta natal de un individuo esto significa que son tiempos para desprenderme del pasado. Lo que me acompañó hasta aquí es correcto que me haya acompañado, pero si lo sigue haciendo se volvería congestionante. Aunque la identidad consciente crea que sí, el tiempo cíclico dice que ya no hay vitalidad en ese proceso. Es lo que en plano personal vivimos en un momento de mudanza: una oportunidad de renovación, de dar un salto creativo, de actualizar potencialidades aún no exploradas de nosotros mismos. No es bueno trasladar la misma casa que uno está dejando a la nueva. Es bueno tomarse un tiempo para tirar cosas, para dejar atrás lo viejo y generar espacio disponible para lo nuevo. Por cierto, la sensación puede ser de mucha melancolía, pero también de mucha liberación. El comienzo de un ciclo marca que ya no tengo que ser consecuente con aquello que dejé atrás. Puedo empezar a escribir una nueva historia.

Esto que estamos haciendo es astrología mundana. La ventaja es que los hechos históricos son bastante más objetivos que los recuerdos personales organizados por nuestra memoria. Quiero decir, el 17 de octubre de 1945 es un hecho histórico contundente, no es que “siento que es como que hubo una manifestación en Plaza de Mayo…” (risas).

Consideremos las fechas de los ciclos anteriores en sus fases de descarga e inicio. Tratemos de percibir si existe algún patrón de repetición.

Hubo una fase de descarga en 1916 y un inicio en 1919, una descarga en 1946 y un inicio en 1949,  una descarga en 1975 y un inicio en 1978, y una descarga en 2004 y un inicio en 2008. Si observamos estas fechas podemos apreciar que los momentos de fase de renuncia o descarga (última fase del ciclo) son sincrónicos a circunstancias históricas en las que parece emerger lo nuevo. Hay cierto patrón: la sensación de comienzo no aparece en fase de inicio, sino de descarga. Ya esto resulta un tanto paradójico.

En 1916, en fase de descarga, llega a la presidencia Yrigoyen, el primer presidente que surge del voto universal, secreto y obligatorio. Llega al poder el partido que denunciaba el fraude electoral, nuevas mayorías arriban a la función del gobierno. Y hacia 1919, momento donde supuestamente se manifiesta el empuje del inicio de un nuevo ciclo, empiezan a aparecer  problemas: conflictos sociales y un estado de convulsión  de los que los sucesos de la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde resultan emblemáticos. Si bien aparecen hechos fundantes como la Reforma Universitaria de 1918, la sensación es que aquello que se produce en la fase de descarga (1916) genera expectativas que en el momento de comienzo (1919) no pueden ser satisfechas porque parecen desbordar las posibilidades de realización.

En 1946 sucede algo parecido. En plena fase de descarga, llega Perón a la presidencia y surge el intento de  fundar una nueva Argentina. Y en el momento de inicio del ciclo (1949) se produce la Reforma de la Constitución. Pero esta reforma no fue fruto del consenso entre distintos sectores sino de la mayoría peronista en el Congreso. Es decir, un grupo hegemónico impone su ley al conjunto de la sociedad creyendo que en la negociación o en la búsqueda de acuerdo habría habido una perdida. Se instala el supuesto de que en el diálogo se pierde lo autentico, de que para conservar lo que genuinamente somos tenemos que replegarnos en nuestro grupo, en los que pensamos lo mismo, y no dialogar con los que piensan diferente.

En 1975 se produce la fase de descarga del ciclo iniciado en 1949. La muerte de Perón (figura referente de todo ese ciclo), la sensación de disolución y caos social, activa la creencia de lograr rescatar los valores de la nación confiando en las fuerzas armadas como la institución que los preserva. El inicio del ciclo Sol-Luna en 1978 es sincrónico con el anhelo de “reorganizar la nación” bajo la custodia del poder militar en su carácter de “reserva moral” y resguardándonos de la “corrupción y demagogia democrática” y la “subversión apátrida”. Bajo estas intenciones se inicia un oscuro período de “purificación por extermino” en réplica a la “violencia redentora” de las vanguardias revolucionarias.

Ya en 2004, después de la gran crisis del 2001, se inicia la fase de descarga del ciclo iniciado en 1978. Aparece la figura de Kirchner expresando su voluntad de hacerse cargo de las deudas de la democracia, con una reivindicación de la llamada “generación de los ´70″ y de las demandas históricas de los organismos de derechos humanos.

La oportunidad y el desafío de los inicios.

Así llegamos al momento de inicio de un nuevo ciclo en 2008. Como en todo comienzo, la expectativa era que, cerrando todo un proceso histórico, se pudiera ahora iniciar algo nuevo, proyectado hacia el futuro, sin condicionantes extremos del pasado. Siendo esto lo deseable, cabía la duda acerca de si ese pasado estaba efectivamente agotado o si viejos fantasmas reclamarían un protagonismo para el cual carecen ya de vitalidad. Los sucesos que vivimos desde 2008 no son muy alentadores.

Como lógica y patrón recurrente de nuestros últimos ciclos Sol-Luna, podemos ver que en cada momento de inicio se presenta una oportunidad libriana, esto es, fundar algo basado en una nueva forma de  relacionarnos entre nosotros. Y recurrentemente esa oportunidad libriana se vio congestionada por cierta memoria del pasado que termina protagonizando el proceso con  la hechizante expectativa de fundar lo nuevo “en oposición a”, de generar un nuevo ciclo histórico “en contra de”. Es decir, iniciar con un fuerte movimiento de exclusión, sentir la energía de lo nuevo a partir de la fricción confrontativa.

Este modo de comienzo mina la vitalidad del proceso que se inicia y condiciona la vivencia de la fase siguiente de semicuadratura creciente. Habitualmente la denominamos fase de afirmación. Es una especie de prueba de vitalidad. Si el inicio ha dado cuenta de lo creativo, es momento de afirmarlo haciéndolo coincidir con las posibilidades materiales para su realización; en cambio, si el inicio ha sido fallido y con una anacrónica presencia del pasado, la condiciones materiales terminan frustrándolo. ¿Cómo hemos vivido la fase de afirmación de los ciclos anteriores? En 1923 se produce la asunción de Alvear y el proceso iniciado en 1919 parece consolidarse, aunque sabemos que luego llegará la crisis del ´30. En 1952, es el año que muere Evita, Perón es re-elegido, pero comienza la crisis de la económica y los sucesivos intentos de golpe que finalmente triunfan en 1955, frustrando el inicio de 1949. En 1982, la expectativa de fundar la nación con la vigilancia de las fuerzas armadas como “reserva moral de la patria” se hace trizas ante todo lo que expone los hechos de Malvinas, dando paso a la primavera democrática de los ´80. Y hoy, mirando hacia 2011, estamos intuyendo que lo que se intento comenzar en el 2008 no cuenta con la vitalidad suficiente para tolerar la prueba de la fase de afirmación en 2011.

Tomando como referencia marzo de 2008 como la fecha de inicio de nuestro actual ciclo Sol-Luna, podemos preguntarnos: ¿Qué capacidad tuvo de responder al Ascendente en Libra de la Argentina? ¿Qué capacidad de conciliar y buscar el acuerdo ha puesto de manifiesto en este comienzo? Hay una sensación de vuelta a un pasado que creíamos agotado, de cierta náusea de repetición, de retornar a algo que ya no queremos vivir. Quizás la fase de afirmación en 2011 resulte sincrónica con la manifestación del hartazgo y la decisión consciente de definir otra dirección. Y sabemos que coincide con las próximas elecciones presidenciales. Es probable que quien sepa interpretar esta saturación, este agotamiento del pasado, y sea capaz de organizar el discurso de lo nuevo y posible, cuente con las mayores posibilidades de triunfo. Porque es muy difícil que pueda resultar una corroboración de lo que se ha intentado iniciar en 2008.

Volviendo a los ciclos, hay un hecho muy llamativo. La gran paradoja que deja expuesta nuestra particular sinfonía de ciclos es que cada momento de inicio del ciclo Sol-Luna, por la particular configuración de la carta natal, es sincrónico a un momento en que Saturno hace tránsito por la casa XII: cada momento de arranque es al mismo tiempo un momento de disolución de la estructura. Esto tiene que tener algún mensaje que debemos ser capaces de decodificar. La evidencia es que cuando empezamos lo nuevo se disuelve una estructura vieja.

¿Qué se juega en los inicios del ciclo Sol-Luna? Entre muchas cosas otras cosas, el arranque pone en juego cierta definición de cómo estamos vinculados con el mundo.

En cada uno de los comienzos de estos ciclos estuvo presente este tema. Desde nuestra estructura natal, el modo de responder a esta propuesta de relacionarnos con el resto de las naciones mostró una fuerte polarización entre dos posiciones extremas: aislarnos y replegarnos sobre nosotros mismos para proteger lo nuestro o entregarnos incondicionalmente a lo que requiere el exterior. Un polo es celoso de lo propio, siente que el vínculo con el mundo iría en contra de lo nuestro, que el vínculo es peligroso porque implica una pérdida, que el otro pretende quitarnos, de modo que para proteger lo nuestro lo mejor es no vincularnos (núcleo canceriano-capricorniano). El otro polo es casi una actitud contrafóbica: las “relaciones carnales” con los mismos que antes temíamos y rechazábamos. Aquí el supuesto vigente es que para estar vinculados no tenemos que tener ningún tipo de control ni reparo sobre lo nuestro (núcleo venusino-jupiteriano). Suena un poco maníaco… (risas).

Esta es nuestra historia. No podemos decir la culpa es de los ´50 o de los ´90, porque los ´50 o los ´90 somos nosotros. Las opciones se plantean en términos extremos, fundamentalistas, sin espacio para matices porque hay un anhelo inconsciente salvacionista en juego (núcleo neptuniano-plutoniano) ¿Privatización o estatización? Si se opta por privatizar, se lo hace de un modo absoluto: todo para los privados, cero Estado. Si se elige estatizar, se lo hace de un modo extremo: total control estatal, iniciativa privada cero. Ahora, ¿quién desarrolló el más contundente proceso de estatización y el más decidido proyecto de privatización? Fue el mismo partido. Incluso muchos de los que defendieron una posición participaron activamente de la opuesta. Ya resulta una simplificación ingenua creer que es posible “echarle la culpa” a un sector u otro.

Quizás un desafío del presente sea reconocernos en nuestra historia. No es sencillo de hacer y hace falta tener mucho coraje, porque lo más sencillo y cómodo es identificar un “culpable histórico” (una persona, grupo, clase, partido, etc.). Pero es necesario asumir que los políticos se generan en nuestras familias, en nuestras universidades, en nuestros sindicatos, en nuestras fábricas. En todo caso, los diferentes actores sociales nos están mostrando una cara que no desearíamos ver. Creo que la posibilidad más creativa está en asumir lo más incómodo: cualquiera de nosotros, puestos en función pública, habríamos cometido los mismos errores, habríamos tomado determinaciones parecidas y acaso nos hubieran tentado las mismas miserias. Cada vez que ante un problema burocrático o con la necesidad de resolver un tema particular tratamos de hacer contacto con alguien “que tenga algún conocido en el Ministerio”, no está hablando otro que “el pequeño Barrionuevo” que uno tiene adentro… (risas).

Mientras sigamos creyendo que de algún modo es responsabilidad de otros, algo tiende a repetirse, a girar en falso. Creernos víctimas de los corruptos no permite ver la complejidad del sistema. Esos rasgos indeseables y antipáticos no son propiedad de algunos, sino de una característica estructural que debemos asumir para poder encontrarle otra forma de expresión. Si no se asume el problema como propio, no hay posibilidad de cambio. No es suficiente cambiar a “ese” corrupto, porque aparecerá otro que, incluso, puedo ser yo mismo. La clave de giro y de transformación es reconocer, aun teniendo que “tragarse el sapo” de verse en el espejo como Luis Barrionuevo, que es una parte de nosotros, que responde a una cualidad distorsionada que debemos resignificar, que esa manifestación tóxica debe transformarse para dar cuenta de un talento que ha quedado malogrado.

¿Qué contenido de la carta marca esta tendencia a no hacerse cargo?

Bueno, Luna en Capricornio en casa IV y Sol en Cáncer en casa X  tiene mucho que ver con cierta melancolía victimizante que siente que “la culpa la tiene el gobierno”. Creo que es un rasgo que debe madurar, que es necesario hacer un esfuerzo para no instalarnos allí.

Un hecho que permite ser optimistas al respecto es que la polarización que pretendió ser excitada durante el conflicto con los sectores del campo en 2008 entre “blancos o negros”, “oligarquía o pueblo”, no prendió como en otros momentos históricos acaso lo hubiera hecho. No se polarizó toda la sociedad como, por ejemplo, en épocas de peronistas o antiperonistas. Podemos ser optimistas de que acaso algo este cambiando. No estoy diciendo que hubiera indiferencia. Por el contrario, hubo mucha preocupación. La expectativa que hubo por ver por TV qué votaba Cobos en el Senado a las 4 de la mañana un día de semana refleja que había mucho interés. Y quizás en otros momentos históricos ese voto hubiera significa una crisis política que terminaba con la caída del gobierno y Cobos con la banda presidencia elevado a categoría de San Martín al día siguiente… (risas).

Bien, además de nuestro vínculo con el mundo, en los momentos de inicio de Ciclo Sol-Luna siempre ha jugado definición de liderazgo y de la representatividad de los dirigentes, conciencia de inicio de un ciclo histórico. Nuestro presente promueve algunas preguntas. ¿Es conveniente el bipartidismo? ¿Es funcional una estructura de alternancia entre peronistas y radicales? ¿Son efectivas las transversalidades? ¿Es tiempo de buscar formulas nuevas?

Lo de las alianzas por ejemplo…

Y allí se plantea la validez de alianzas concretadas “15 minutos antes de las elecciones” o si,  por el contrario, sería necesario y mucho más auspicioso llegar a acuerdos en términos de programa a largo plazo. Y hoy parece estar todo muy jugado al cortoplacismo. No parece haber demasiada proyección a 10, 15 ó 20 años.

(Fin de la segunda parte).

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