Posteado por: alejandrolodi | 27 enero, 2011

Charla sobre Argentina en CASA XI (Diciembre 2010)

Alejandro Lodi

Bajo el título “Argentina 2011: Del hechizo destructivo a la compasión transformadora”, el 7 de diciembre de 2010 realizamos en CASA XI una charla acerca del presente argentino. Aquí presentamos la trascripción, dividida en cuatro capítulos:

.- I. El agotamiento de un ciclo y la disposición a lo nuevo.

.- II. La experiencia colectiva de la muerte.

.- III. Ser valientes para encontrarnos.

.- IV. Comprender la complejidad de un proceso.

En sincronicidad, mientras compartíamos ese encuentro y sin saberlo, esa noche estaban ocurriendo los hechos violentos de la ocupación del Parque Indoamericano en Villa Soldati, que derivaron en tres muertes.

“Viaje al Río de la Plata” Ulrico Schmidl (1535)

I. El agotamiento de un ciclo y la disposición a lo nuevo

 Vamos ver el contexto que está viviendo hoy la Argentina. Es decir, vamos a analizar el contexto de una entidad nacional. Desde ese punto de vista, técnicamente estaríamos haciendo Astrología Mundana y, en tren de hacer explícitos algunos supuestos, vamos a aplicar la misma lógica para interpretar una entidad nacional que la que usamos para analizar una vida humana singular. Esto es algo a discutir, habría que ver si los mismos criterios para analizar a un individuo son válidos para analizar la vida de un país, pero como no conozco otro y funciona, hasta tanto no salga algún “epistemólogo cósmico” que me diga que no vale la pena, lo seguiré haciendo de este modo.

Hay tanta información que nunca me conforma por donde entrar, pero vamos a entrar por lo más concreto que son los ciclos, la objetividad de las fases de ciclos. Y el más concreto de todos es Saturno.

Quienes ya hayan participado de una charla acerca de Argentina sabrán que siempre trato de presentar hipótesis teniendo en cuenta qué ocurrió en otros tiempos históricos en las mismas fases cíclicas, antes que tratar de creer que la historia se está fundando hoy por primera vez.

Saturno está transitando la casa XII de la carta de Argentina o, lo que es lo mismo, Argentina entró en una fase de XII de Saturno. Para comprender qué puede ser esta fase de XII de Saturno creo que es válido tomar como referencia lo que ocurrió en el pasado.

Para no repetir, les recuerdo que en las charlas que realizamos en 2009 (ver en www.alejandrolodi.wordpress.com y en www.casaonce.com) habíamos comenzado a desarrollar este punto, anticipando el clima que se estaba inaugurando. Saturno por tránsito va recorriendo cada una de las casas de la carta natal. Podemos entender cada una de esas casas por lo que ellas simbolizan y por las temáticas que representan, o también como fases de un ciclo. Y sabemos que, en el caso de Saturno, ese ciclo es de 28-29 años. En el 2008 Saturno transitando por la carta de Argentina entró en la casa XII (o en fase XII) del proceso que inició cuando tocó el Ascendente. La fase XII de un proceso simboliza un momento donde todo el ciclo está haciendo un balance. Es un momento de agotamiento de un ciclo. Hay todo un proceso que se está agotando y que le da paso a un nuevo proceso que se iniciará cuando Saturno cruce el Ascendente.

En el 2008 y hasta el 2011 se está viviendo un clima de agotamiento de la estructura (institucional, económica, política, social) que en Argentina se comenzó a desarrollar desde 1982. La referencia histórica que emerge con claridad es el proceso que se inició con la guerra de Malvinas y el retorno a la democracia. Esta democracia que comenzó en 1982, en el 2008 entra en una fase de agotamiento. Cada fase de inicio es un momento en el que se deja atrás una estructura y se comienza a forjar una nueva.

La fase de XII del ciclo anterior comienza en 1979. Entre 1979 y 1982 se estaba agotando una estructura que comenzó en 1952, y coincide con los últimos tres años del proceso militar. ¿Qué supuestos se estaban agotando entre 1979 y 1982? El de las Fuerzas Armadas como referente de orden institucional. Tengamos en cuenta que hasta esa fecha, en el inconsciente colectivo, las Fuerzas Armadas eran “reserva moral”. Tantos golpes militares y tantos gobiernos militares fueron posibles porque la sociedad proyectaba en esa casta el imaginario de que eran carentes de los vicios y pecados que sí había en los políticos.

Los acontecimientos de 1982 marcan el agotamiento de ese supuesto. Y aquí hay un hecho para destacar: la contundencia de esa consumación aparece significada por la coincidencia del inicio del ciclo saturnino con el inicio de un ciclo de Plutón.

En la carta de Argentina, Plutón está en Piscis y en casa VI. Muy lento, ha recorrido desde 1816 cada una de las casas. En 1846 tocó la casa VII, en 1929 tocó el Medio Cielo -donde está el Sol-, en 1964 entró en XII y en 1982 -en conjunción con Saturno- transita el Ascendente de la carta de Argentina. Es decir, 1982 representa el momento en que, por primera vez en nuestra historia, Plutón toca el Ascendente de Argentina, luego de hacer un barrido la XII desde 1964. Sumando a lo que decíamos antes, el agotamiento de la imagen de las Fuerzas Armadas como “reserva moral de la Nación” tiene que ver también con un proceso de agotamiento plutoniano. ¿Qué significaría un “agotamiento plutoniano”?

– Carta natal de la República Argentina –

Me gustaría que reparáramos en lo que se vivió en el país desde 1964 a 1982, momento de Plutón transitando la casa  XII. Ese tránsito representó la oportunidad para tocar todos los supuestos inconscientes respecto a lo plutoniano que hay en nuestra sociedad. Y lo plutoniano simboliza tanto la capacidad de transformación y la expresión de la potencia regenerativa, como la pulsión destructiva y las oscuras fuerzas del inconsciente colectivo.

Al momento de considerar el tránsito de un planeta es necesario tomar en cuenta el peso que ese planeta tiene en la estructura natal. Y en nuestra entidad nacional Plutón participa de un núcleo de energías que podemos sintetizar de este modo:

  • Plutón en Piscis en casa VI.
  • Plutón en cuadratura a Neptuno.
  • Júpiter en Escorpio en casa I.
  • Quirón en Piscis en casa VI.
  • Quirón conjunción Plutón.

En su manifestación más oscura, este foco nos habla de una estructura nacional con un alto hechizo por lo destructivo, una alta fantasía por la transformación redentora, que descubre sentido en la muerte, que encuentra dirección en procesos de purificación y exterminio. Simboliza un contenido del inconsciente colectivo profundo (Neptuno y Plutón) encantado con el sacrificio, con redimir culpas entregándose al sufrimiento.

Resulta natural que este núcleo se active en un momento de Plutón en fase de XII, porque ese clima se corresponde con lo que ese mismo foco energético sintetiza. Entender este núcleo permite comprender mucho la historia que de algún modo nos constituye, incluso previa a la independencia. En la Argentina hay una dosis de crueldad, de desprecio por la sensibilidad, de temeridad en la gesta purificadora, que no es propiedad de cierta ideología o grupo. Y para que esto no sea teórico yo los invito a reflexionar sobre esta época del tránsito de por Plutón por la XII: de 1964 a 1982. Como pocas veces en la historia Argentina, la conciencia colectiva vivió el éxtasis del hechizo de “sacrificar la vida para salvar a la patria”. Y fue una fascinación compartida. Las juventudes revolucionarias sentían que la violencia política resultaría redentora, que gracias a ella surgiría la nueva sociedad. Los militares creían que siendo impiadosos salvarían a la patria de la disgregación. Todos creían estar actuando con las “mejores intenciones”, sin percibir que estaban inconscientemente promovidos por un hechizo de exclusión definitiva del otro.

Lo paradojal es que este anhelo de excluir definitivamente al otro se daba en una entidad que es Ascendente Libra. Somos Ascendente en Libra. Nuestro destino es aprender a vincularnos, aprender a ser con el otro. Pero, al mismo tiempo, la expresión distorsionada de aquel otro foco neptuniano-plutoniano estimula transformar al otro en chivo expiatorio, proyectar “el demonio” sobre algún sector para sentirnos entonces purificados, santificados. En su expresión más oscura, este núcleo excita la posibilidad de proyectar afuera “todo el mal” para sentir que en nosotros habita “todo el bien”. Promueve conductas paranoicas y violentas, en tanto nos habla de una hipersensibilidad hacia “el mal”, hacia las amenazas exteriores o los enemigos internos “enquistados en nuestro cuerpo social”. Esto puede derivar en peligrosas (e imaginarias) construcciones de la realidad en las que ese “mal” queda identificado con determinado grupo, nación, etnia, colectividad o clase social. Allí se genera la necesidad de asumir una “épica salvadora” gracias a la cual nos liberaríamos de esa enfermedad, exterminándola al fin. Y este riesgo quiero presentarlo como un dato constitutivo de la carta de Argentina.

Como siempre es bueno recordar, Neptuno tiene la paradoja de que, siendo por naturaleza aquella cualidad energética que permite disolver toda frontera, cuando se polariza es la que promueve más división. Cuando la conciencia humana se polariza con Neptuno, es la que más separa entre “bien y mal”, entre “lo demoníaco y lo angelical”. Y allí el potencial talento de irradiar amor universal queda enredado en la pesadilla de la polarización.

Volviendo a la actualidad, el tránsito de Saturno por la casa XII ha traído contenidos de nuestro pasado. Con el inicio de esa fase XII en el 2008, comenzó a manifestarse -y a muchos de nosotros quizás nos haya llenado de asombro- en nuestra sociedad una polarización que creíamos propia del proceso que había terminado en 1982. En fase XII pueden reanimarse “fantasmas”. En la experiencia individual, la fase XII puede ser sincrónica con situaciones en las que se presentan ciertas entidades que creía ya sin vida. La conciencia siente que participa de un momento en el que, como en un mal sueño, cree ver muertos que resucitan. El pasado parece retornar con una vitalidad actual, vigente. Y si eso ocurre es porque tiene algún sentido: un proceso se está agotando y es tiempo de asistir a la emergencia de los contenidos más inconscientes y oscuros, de llevar a la conciencia esos viejos fantasmas, para reconocerlos y finalmente consumarlos.

Este proceso del tránsito de Saturno por casa XII (2008-2011) es sincrónico con el grado de polarización que -más allá de la opinión que tengamos al respecto- se está viviendo hoy en nuestra sociedad. Con el llamado “conflicto con el campo” se radicalizó una tensión que muchos, acaso, creíamos agotada, emblematizada en consignas reavivadas por algunos dirigentes de grupos sociales como “oligarquía contra pueblo” o “blancos contra negros”. Viejos fantasmas que vuelven de un pasado que creíamos superado, entidades que parecen resucitar, con una carga de odio y fanatismo. Algunos se animaron, incluso, a revalorizar el odio. Se ha escuchado a otros muchos (y significativos) referentes políticos e intelectuales revalorizar el fanatismo como un bien, como una demostración de valentía y de coraje por defender principios de justicia. Hoy parece reactualizarse la dicotomía entre “civilización o barbarie”, el revisionismo histórico cobra nueva vida, se revaloriza la figura de “el caudillo”. El populismo pasa, de ser una calificación peyorativa, a ser valorado como categoría y gana nuevo aprecio la figura del líder carismático.

Si analizamos el proceso de estructuración iniciado en 1982, quizás apreciemos que en su desarrollo todas estas temáticas (consignas de clase, revisionismo histórico, valoración del populismo), aunque siempre vigentes, no parecieron ser valoradas por el discurso consciente, como sí lo fueron en el ciclo saturnino anterior (1952-1982). El ciclo de Saturno que comienza en 1982 fue, además, contemporáneo con la consumación del tránsito de Plutón por la casa XII (1964-1982). Aquel inicio de 1982 tuvo esa intensidad de salida de la oscuridad con una alta dosis traumática: una guerra, heridas, muertos, desaparecidos… Y no debería asombrarnos entonces que, en su fase XII, este proceso saturnino muestre la carga inconsciente de esos contenidos que creíamos “de otra época”, que viejos fantasmas vuelven a aparecer. Y eso delata que no están suficientemente elaborados ni consumados. Aún guardan vitalidad y es momento de reconocerlos y agotarlos. Aquella experiencia traumática debe pasar por un filtro de realidad: sublimar hechizos, disolver fantasías, asumir responsabilidad, dar una respuesta adulta, madurar todo aquel dolor sin ser animados por fascinación oscura alguna, con plena conciencia.

Este proceso saturnino que Argentina viene desarrollando desde 1982 termina de agotarse en el 2011, un mes después de las elecciones, cuando Saturno entre en el Ascendente. Y tratándose de un ciclo de Saturno, el período de fase XII (2008-2011) representa un momento simbólicamente oportuno para asistir a la disolución de los referentes de autoridad que tuvieron vigencia durante todo este proceso. Porque los referentes de autoridad que cobraron protagonismo durante el ciclo que termina no lo serán en el próximo, y por eso la fase XII se encarga de agotarlos, de disolverlos. Por supuesto, podrán participar de lo nuevo, pero no con el protagonismo con el que contaron en el ciclo concluido.

En marzo de 2009 muere Alfonsín. Fue la figura garante de la democracia en sus inicios. Y, por eso, en el inconsciente colectivo Alfonsín cuenta con la proyección de “padre de la democracia”. Fue referente de autoridad en este proceso democrático, con máximo protagonismo hasta 1989. Y cuando Saturno entra por la XII muere Alfonsín. También asistimos, no sólo a la reapertura de los juicios a los militares responsables de crímenes, sino a la imagen de Videla durmiéndose mientras lo enjuician, a Bussi llorando frente a un tribunal… Es decir, la conciencia colectiva presencia a esos temibles referentes de autoridad de otros tiempos ahora en caída, asiste a la elocuente evidencia de que son fantasmas antes que figuras de poder vigentes.

En octubre de 2010 muere Kirchner. Una semana después muere Massera. Por su parte, Menem hoy resulta casi una imagen espectral de aquel político con todo el poder en los ´90. De la Rúa ha quedado asociado a la imagen de una experiencia política -la Alianza- que todos se cuidan de aclarar hoy que no volverán a repetir. Y Duhalde cree tener aún vigencia, cree que es su momento, pero no termina de seducir ni convencer como referente del nuevo proceso a partir del 2011, porque está demasiado comprometido en la memoria colectiva con el proceso que termina.

En definitiva, asistir a esta disolución y pérdida, a la muerte de figuras que fueron de autoridad en este proceso, es un síntoma de la fase XII de Saturno. Su profundo contenido simbólico es que esos referentes ya no serán, no se podrá contar con ellos.

 II. La experiencia colectiva de la muerte

 También se activa el anhelo de que con la muerte puede generarse un mito. Con Kirchner hay un intento deliberado al respecto… 

Es el hechizo de construir un mito a partir de quién se entrega en sacrificio o de tomar energía de la muerte. Esa intención delata la creencia de que los mitos se construyen desde la voluntad. Y profundamente eso es, o bien no comprender la misteriosa sustancia transpersonal (psíquica, anímica, inconsciente) con la que los mitos se constituyen, o bien el intento deliberado de obtener poder operando en el inconsciente colectivo, lo cual sería querer convertir aquello que es del orden de lo sagrado en una oscura herramienta de poder mágico. Y ya sea que se realice de manera inconsciente o deliberada, el fascinante propósito de tomar energía de los muertos es una expresión distorsionada de aquel foco neptuniano-plutoniano. El conjuro a este hechizo de apropiarse de la energía sería hacerlo explícito, con plena conciencia. Que ya no resulte una conducta inconsciente u oscuramente intencionada, sino una respuesta responsable y consciente de dónde se está tomando energía. Y esto no es sólo recomendable para Cristina respecto a Néstor, sino también para Ricardo Alfonsín respecto a su padre: ser plenamente consciente que obtengo vitalidad de la memoria del muerto, de la carga psíquica que esa figura tiene en el inconsciente colectivo. Y si creemos en el valor simbólico de las sincronicidades, cobra sentido que Ricardo Alfonsín haya nacido un 2 de noviembre… (risas).

Al mismo tiempo, de la experiencia de la muerte también puede emerger una profunda sabiduría, la que brota del contacto con el dolor, con el misterio. La casa XII invita a tomar contacto con el misterio. Invita al retiro y al silencio del duelo ¿Por qué el duelo significa retiro y silencio? Para permitir que el psiquismo organice la pérdida. Si yo acciono demasiado rápido sobre la pérdida, si recurro a explicaciones y a interpretaciones acerca del sentido de esa pérdida, voy a estar entorpeciendo el proceso psíquico del que esa pérdida forma parte. El sentido del duelo es ese: un repliegue, un retiro para permitir que el sistema psíquico se organice.

Desde ese punto de vista cobra sentido hablar de lo que estará viviendo hoy Cristina Fernández, el desafío ante el cual está ese ser humano hoy, con el coro militante pidiéndole que no afloje, que permanezca allí, como nuestro referente para honrar el legado del muerto, el cual es elevado casi a santificación. Mi hipótesis es que, pidiéndole eso, se le está impidiendo a Cristina que haga contacto con lo que está ocurriendo. Si hago contacto con lo que está ocurriendo, no puedo sostener una continuidad lineal y comprometerme con una campaña política; y no porque me torné cobarde, no por un gesto de debilidad, sino porque estaría respondiendo a lo que está pasando desde mi sensibilidad.

Lo interesante es que este período de Saturno por la XII -que coincide con el período presidencial de Cristina- tiene como protagonistas a dos piscianos: Néstor y Cristina. Y en el caso de Cristina se suma su conjunción Saturno-Neptuno sobre el Ascendente de Argentina. Quiero decir, si soy Saturno conjunción Neptuno y pisciana, yo tengo sabiduría acerca de los procesos de disolución y tengo autoridad acerca de cómo acompañar los procesos de renuncia, de retiro, de disolución de las aristas más rígidas para que emerja la percepción de unidad, de entidad compartida.

– Carta natal de Cristina Fernández de Kirchner –

También sabemos que hay un tipo neptuniano que hace conciencia polarizándose en lo opuesto a su cualidad: mostrándose beligerante, súper eficiente, sacrificando la sensibilidad, defendiéndose de la delicadeza de su profundísima percepción sensible por miedo a la vulnerabilidad. Y sabemos que esa polarización atrae lo temido, convoca experiencias donde habré de vivir fragilidad, caída, confusión. Pensemos en Néstor convencido que debe desoír su cuerpo en pos de “hacerlo arder por una causa”. Y eso no está ni bien ni mal, pero registremos que hoy esa actitud de “arder e incendiarse por una causa” está intentando ser elevada a categoría de virtud y valor, y es bueno por lo menos permitirse meditar sobre eso.

En la revolución solar de 2010 de Cristina el Ascendente en Piscis y Sol en XII…

Sí, esta revolución solar tiene mucho énfasis en casa XII y en Piscis. Y es interesante que en 2011 Neptuno y Quirón van a transitar sobre su Sol en Piscis. Y aunque no sepamos mucho aún acerca de Quirón creo que vale la pena darle entrada. Quirón habla de la herida que no cierra, de un dolor siempre abierto y presente que, justamente por nunca cerrarse, nos convierte en maestros acerca de esa herida, no para curarla en uno mismo sino para poder curar a los demás. Quirón tiene que ver con ese momento de la vida donde uno se siente participante de algo que lo excede, convocado a una experiencia para lo que no se siente preparado ni había imaginado que podía alguna vez vivir. En los momentos quironianos aparecen frases como “¿por qué a mí?” o “¡no me puede estar pasando esto!”.

El punto es preguntarse “¿y por qué no a mí?”

Y ahí ya nos acercaríamos a la comprensión.

¿No podemos pensar que este tránsito de Quirón sobre su Sol en Piscis podría estar desarmando esa polarización neptuniana en lo rígido y confrontativo?

Sí, invita al contacto con la vulnerabilidad. El tema será la respuesta que sea capaz de dar su identidad pisciana a ese desafío. Una respuesta posible sería “arder en el sacrificio”: tensarse, no aflojar, cargar sobre ella la responsabilidad, hacerse cargo de la situación y entregarse a la inmolación para salvar a la causa. Si nos ponemos en su lugar y nos imaginamos cuatro años más gobernando este país, asumiendo un nuevo período presidencial en estas circunstancias de duelo, creo que podríamos percibir que resulta de un nivel de exigencia impiadosa, tiránica, más aún para una persona con alta sensibilidad pisciana. Estoy convencido de que si se tratara de una consultante, esa variante sería la que no le recomendaríamos. ¿Qué le devolveríamos, como astrólogos, a cualquier consultante que esté atravesando un duelo y que siente que no puede aflojar, que tiene que hacerse cargo de la empresa que compartía con el difunto para que “el proyecto no caiga”, y que no puede “darse el lujo” de conectar con su sensibilidad porque tiene que ponerse a producir y a honrar al muerto? ¿A qué lo invitaríamos? A que resignifique qué sería honrar al muerto. Creo que sirve mucho bajar al plano de la consulta porque, aunque sean presidentes, son personas… (risas).

Y él pagó con su cuerpo.

Absolutamente. Evidentemente se está poniendo de manifiesto que el funcionamiento de este gobierno estaba sostenido en una hiperactividad de Néstor y en asumir la responsabilidad casi absoluta en asuntos muy difíciles de manejar que caían con todo su peso sobre él. Y, en cierta forma, este funcionamiento aliviaba la labor de Cristina, que ya de por sí era extenuante. Imaginemos, con toda la sensibilidad de la que nos habla la carta de Cristina, lo agotador que resulta sostener la tensión de estos últimos tres años de gobierno. 

Antes que verla como presidente, quiero que la veamos como una persona sosteniendo ese nivel de intensidad, como una persona ante la disyuntiva de soltar y hacer contacto con el dolor de la pérdida (poniéndose al alcance de su potencial sentido) o redoblar la apuesta y disponerse a sostener la tensión de gobernar este país cuatro años más. Y aquí también entra en juego la carta del país. Porque aquel núcleo neptuniano-plutoniano del que hablábamos termina generando “chivos expiatorios” o “víctimas en sacrificio”. Es muy probable que, así como lo ha sido con Néstor, si Cristina asume esta responsabilidad se transforme en un nuevo chivo expiatorio de esta necesidad de sentir que alguien “sacrifica todo por la causa redentora”.

Pero pensando en Saturno transitando sobre el Ascendente en Libra de la Argentina, ¿no va a haber un clima que disponga a que el nuevo presidente abra el diálogo..? 

Todo esto depende de cómo se haya agotado esta fase de XII. La calidad del inicio en fase I tiene que ver con la calidad del agotamiento del ciclo anterior en fase XII. Por ejemplo, la experiencia de Malvinas permitió la apertura democrática.

Algo terrible que habilita una renovación…

Gracias a ese sacrificio trágico se agota un supuesto inconsciente de gran vitalidad hasta ese momento: “los militares son la reserva moral de la Nación”. Agotar ese supuesto libera una energía que permite que en el proceso democrático que se inicia comience a manifestarse una cualidad que resulta completamente distinta a la de los ciclos anteriores. En gran medida, Alfonsín gana en 1983 porque sintoniza una nueva cualidad: la democracia como valor. La revalorización del sistema democrático es una característica propia de este proceso que se inicia en 1982. En comparación, en el ciclo saturnino anterior (1952-1982) la democracia era un valor bastante relativo, sujeto a otros valores superiores como el orden (desde la derecha) o la revolución social (desde la izquierda). Más aún, para algunas vanguardias combativas, la democracia era una estructura burguesa, un obstáculo que había que superar para alcanzar el cambio revolucionario mediante la toma del poder con las armas. Que el poder sean los votos, esto lo sintonizó Alfonsín.

Y esta relativización del valor de la democracia es algo que también creíamos haber agotado en la fase XII previa a 1982. Creíamos agotado el supuesto de la lógica de la batalla aplicada a la política; el supuesto de la confrontación -y no el diálogo- como herramienta para los cambios sociales; de la derrota del enemigo -y no el acuerdo con el adversario- como el medio para avanzar hacia una sociedad más justa; la concentración hegemónica del poder -y no la convergencia democrática de diferentes visiones- como modo efectivo de ejercer el gobierno. Sin embargo, esos supuestos que creíamos agotados se han reactivado -a una escala que resulta inquietante y peligrosa- desde el 2008.

Así como este proceso de XII  (2008-2011) está permitiendo que todos los militares con causas pendientes acerca de crímenes en los ´70 vayan a juicio, lo cual es muy purificador y favorece el agotamiento de todo este ciclo, creo que también forma parte de esta consumación de XII meditar acerca de la imagen de la juventud idealista de los ´70. Esto puede resultar incómodo, pero quiero presentar, como hipótesis, la necesidad de hacerlo. Es necesario revisar cómo la mirada más humanitaria y el reclamo de justicia que supieron sintetizar las organizaciones de derechos humanos hoy también ha sido atravesada por el hechizo de exclusión, la tensión y la confrontación. Quiero decir, en los últimos años los derechos humanos han pasado a ser patrimonio de un sector que está en pugna con el resto de la sociedad. Valores universales, como el derecho a la vida y el respeto a la dignidad humana, quedan identificados con un sector particular que no admite ningún tipo de revisión de sus posiciones. Y esto impide, por ejemplo, la posibilidad de reflexionar -con madurez y profundidad humana, no desde consignas ideológicas- acerca de la fascinación violenta y la justificación de la muerte que capturó a quienes, acaso con las mejores intenciones, se proponían la toma del poder para generar una sociedad más justa en los ´70. Aquellos jóvenes idealistas también fueron alcanzados por el hechizo colectivo de exterminio purificador y violencia redentora que caracterizó el período de Plutón por la casa XII (1964-1982). Tener el coraje de meditar sobre esos años permitiría que nuestra conciencia colectiva madurara pudiendo hacer contacto con la oscura sombra del idealismo: la exclusión dogmática, la justificación de la crueldad, el sacrificio de la sensibilidad a favor de la fidelidad a las creencias.

¿Estás proponiendo revisar la militancia de la juventud..?

 No, la creencia en la violencia como medio para acceder al poder y originar cambios sociales en la militancia de la juventud de los ´70.

En cualquier contacto entre Neptuno y Plutón (ya sea por ser destacarse como núcleo en la estructura natal o por vivir el clima de Plutón transitando la casa  XII) experimentamos cómo Plutón intensifica y potencia la capacidad sensible de Neptuno, la hace absoluta. Y el punto es cómo se organiza el psiquismo (individual o de una entidad colectiva) sintiendo tanto, sintiendo absolutamente. La reacción más habitual es que, ante la extrema sensibilidad al dolor del mundo y lo intolerable que resulta contenerla, la conciencia se organice en una visión de “lucha del bien contra el mal”, considerando ese dolor injusto, como algo que no debería existir y que si existe es por obra de una voluntad perversa a la que es necesario oponerse y derrotar. Y, en esta visión, todo el talento neptuniano de registro sutil de la realidad se distorsiona. Al dejar el mal afuera, nos insensibilizamos a él: ya no soy sensible al sufrimiento del otro, me separé de aquellos donde fue proyectado el mal y su dolor me es ajeno. La paradoja es que por Neptuno puedo experimentar una sensibilidad universal y también por Neptuno puedo polarizar, separar e insensibilizarme al dolor del polo con el que no me identifico.

Y creo que este trabajo con la casa XII resulta un desafío muy contundente para la conciencia (tanto individual como colectiva) porque hay que tener mucho coraje para asumirlo. Poner luz sobre estos condicionamientos y supuestos inconscientes puede tener el carácter de una profanación para aquellas partes de nosotros mismos que todavía están sombríamente identificadas con ellos. Quiero decir, revisar la idealización de las juventudes que actuaron en forma violenta en los ´70, sin caer en polarizaciones de santificación o demonización, representa un desafío colectivo para el que hace falta coraje espiritual individual. Y hablo de coraje espiritual porque asumir esta tarea requiere superar el límite de nuestras identificaciones ideológicas, animarse a experimentar nuestra sensación de identidad sostenida en ciertas ideas -cargadas de afecto y memoria- como un obstáculo a la expansión de nuestra sensibilidad amorosa.

En verdad, este es el objetivo de esta charla convocada bajo el título “Del hechizo destructivo a la compasión transformadora”. ¿Puedo tocar el dolor humano de una madre que pierde a su hijo que vuela por los aires con una bomba sin anteponer ningún tipo de categoría política, sin importarme si era militar, si era guerrillero, si era de izquierda, o si era de derecha? ¿Puedo exponer mi sensibilidad hasta tocar la tragedia humana que ese acto representa? ¿Puedo ser sensible a su dimensión sagrada y sentir la profanación que representar justificar esa tragedia desde premisas ideológicas? Aquí es donde Neptuno nos invita a tocar el dolor disolviendo todo tipo de divisiones y fronteras. Mi sensación es que si no tocamos esta dimensión de nuestra experiencia colectiva, el ciclo que se inicia el próximo año con el tránsito de Saturno sobre el Ascendente comenzará con sombra, con un contenido que, siendo ya perceptible, se elige “dejar debajo de la alfombra”.

De hecho, muchas personas que han participado de esa época de la historia argentina -que aún tienen pudor de hablar o que no son escuchadas- tienen algo para decir completamente distinto a reivindicar sin más la actuación de la militancia revolucionaria de aquellos años. Hay muchos que tomaron las armas en los ´70 que hoy sienten que, queriendo reparar injusticias y salvar al mundo del sufrimiento, han cometido un acto contra la humanidad. No buscan ya la indulgencia de la ideología, porque han abierto lo suficiente su sensibilidad como para sentir la tragedia de la muerte violenta de un ser humano. No tienen interés en justificaciones ideológicas, porque han disuelto el hechizo de “la guerra santa” en sus corazones. Y creo que esto sólo lo puede sentir aquel que lo vivió, que fue tomado por aquel encantamiento y lo ha madurado en su conciencia. No tiene nada que ver con sentirse culpables, sino con ser conscientes del “canto de sirenas” que animó sus voluntades. Resignar conscientemente las fantasías e ilusiones en las que hasta ahora encontré refugio y contención, para animarme ahora a tocar una dimensión más profunda y real de lo humano, esa es una disposición que exige disolver límites ideológicos.

Es muy difícil. Porque también tiene que haber arrepentimiento del otro lado. Porque también hubo terrorismo de estado. ¡Son tantas las heridas!¿Cómo se hace para disolver la tendencia a dividir entre buenos y malos..?

Yo creo que se disuelve abriéndose al contacto humano. ¿Podemos hacer contacto con el dolor de una persona que ha perdido un ser querido en un atentado de grupos revolucionarios? ¿Podemos hacer contacto con la crueldad de secuestrar personas, mantenerlas en cautiverio y asesinarlas? ¿Podemos hacer contacto con la impiedad de justificar esos crímenes por razones ideológicas? ¿Podemos tocar la falta de compasión de provocar la muerte violenta de otro ser humano? Tener la posibilidad de hacer ese contacto -no en forma ideal o abstracta, sino con un otro concreto que está ahí, frente a mí- es lo que habrá de disolver nuestras fronteras ideológicas. Muchas veces las ideas pueden resultar un canal para el amor, pero cuando se cristalizan en un dogma se convierten en un dique que frena la expansión de esa sensibilidad amorosa. Y la fuerza que logra desbordar las frías defensas ideológicas es, precisamente, la calidez del contacto compasivo con el dolor del otro.

Si ese contacto con lo humano se establece, cualquier argumento ideológico que trate de cuestionarlo va a helar el corazón. Abrirse a la compasión no nos permite seguir argumentado que hay “dos dolores”. Lo más fácil es ver “dos dolores”. Dividiendo entre “buenos y malos”, en “santos y pecadores” podemos llegar a sentir que estamos “quemando en la hoguera al demonio” y nosotros, por lo tanto, somos “angelicales”.Por supuesto, es difícil ser “políticamente correcto” haciendo ese análisis. Pero la evidencia perceptiva es tal que, aunque no sea “políticamente correcto”, la conciencia no puede dejar de verlo. La conciencia lo ve. Es una evidencia que yo no puede ser negada.

La polarización que es capaz de provocar este núcleo neptuniano-plutoniano en nuestra conciencia colectiva puede conducirnos a creer en la existencia de “guerras santas” y “guerras justas”. Cuando la conciencia es hechizada por la creencia en la “guerra justa” pierde capacidad de ser sensible a la tragedia. Paradójicamente, en la profundidad de ese mismo núcleo, disolviendo la polarización, está el talento compasivo que hace evidente que la guerra es una tragedia y que, aunque situaciones extremas hagan que resulte inevitable, toda guerra no deja de ser una tragedia. Quizás la guerra contra Hitler haya resultado inevitable, pero celebrarlo es algo completamente distinto. La paradoja es poder hacerle la guerra a Hitler al mismo tiempo que somos sensibles de la tragedia en la que estamos involucrados. Si hacemos contacto con que, en la Segunda Guerra Mundial, el bombardeo aliado sobre la ciudad alemana de Dresde provocó la muerte de 60.000 personas en una noche, eso debe conmovernos, sin agregar ninguna categoría ideológica. Y a ese nivel de contacto es al que invita este núcleo neptuniano-plutoniano, siendo que también puede resultar la fuente de los hechizos más polarizados y que podrían llevarnos a “santas justificaciones”.

La guerra santa está sostenida en el supuesto que la vida es lucha. Si yo creo en guerras santas es porque creo que la vida es una lucha, que vivir es una batalla. Y si creo que la vida es una lucha es porque hay dos bandos. Y sabemos que para la astrología exclusión es conflicto: si yo excluyo a alguien estoy enredado en el conflicto, generé conflicto. La mayoría de nosotros seguramente conocemos la tan difundida técnica de Constelaciones Familiares. El nudo de Constelaciones Familiares es incluir al excluido. En todo sistema hay un excluido y ese excluido está generando distorsiones en todo el sistema. Incluir al excluido es reparador, realmente redentor y curativo, pero es tan fuerte la convicción de que la vida es lucha, de que “hay un otro que es fuente de mi mal”, que la conciencia dominada por el miedo siente que es necesario excluir. Y cuando el miedo es el que domina, el amor no puede emerger, la percepción de que la exclusión es conflicto no tiene posibilidad de emerger.

III. Ser valientes para encontrarnos

Pensando en la carta de Argentina, si hay alguien que está aprendiendo a disolver la exclusión es el Ascendente en Libra. El Ascendente en Libra tiene por destino aprender a incluir, a vincularse con otro. No a “tolerar al otro” -lo cual seguiría siendo excluyente-, sino a complementarse con el otro, a descubrir que es con otro. Aquella famosa frase sartreana de “el infierno es el otro” -que es la base del supuesto de que “la vida es lucha”- tiene mucho que ver con el destino del Ascendente en Libra: la vivencia de esos supuestos excluyentes hasta desarrollar el arte de la complementariedad.

Y el Ascendente en Libra tiene en la casa VII a Aries. Esto significa que, en el destino vincular de ese Ascendente, el encuentro con el otro resultará, en principio, fuente de conflicto y batalla. El viaje del Ascendente en Libra va a pedir revisar, en algún momento, ese supuesto de la batalla que motiva su disposición al vínculo, para progresivamente ir en dirección a percibir que, en realidad, descubro lo que quiero con el otro, descubro hacia dónde voy en vínculo. Ya no se tratará entonces de deseos singulares y exclusivos en conflicto, de luchar para que el otro no modifique mi deseo o de vencer al otro para imponer mi deseo, sino que se revela a la conciencia la percepción clara y evidente de que en vínculo con otro emerge una cualidad de deseo mucho más profunda y fluida que, lejos de atentar contra mi autonomía e independencia, suma fuerza y da nitidez a mis propósitos.

Tener Aries en VII también simboliza que el encuentro con el otro es un ámbito donde voy a tener que aportar valentía y coraje. Si soy Ascendente en Libra, el tema de las relaciones requiere valentía y coraje. Poder complementarme con otro requiere valor. Desde la polarización, la conciencia confunde ese coraje con agallas para confrontar con el otro, para derrotarlo. Allí la conciencia evidencia estar capturada inconscientemente por el patrón del enemigo. Psicológicamente, en la lógica del patrón del enemigo la valentía es entendida como coraje para vencer al otro, para excluir al diferente, para luchar contra la amenaza extranjera. No obstante, en la medida que la polarización se agota y disuelve, surge una comprensión más creativa de lo que significa Aries en VII: para encontrarme con otro tengo que ser muy corajudo, tengo que ser valiente y asumir una tarea que es muy difícil. Desde esta comprensión, es evidente que lo más cómodo y sencillo es pelearse, rechazar el desafío del vínculo, reaccionar confrontando. La conciencia descubre, no sin sorpresa, que luchar pasa a ser señal de cobardía, que pelear revela no animarme al “vértigo adrenalínico” de aceptar el vínculo. Porque el eje Libra en I-Aries en VII abre a la conciencia la elocuente percepción de que será necesario tener valor para aceptar el reto del encuentro con el otro, de que para experimentar amor hace falta valentía.

Por eso, nunca es suficiente atender a la congestión que provoca en nuestros vínculos el supuesto que dice: “el otro es un enemigo”. La creencia en que “la vida es lucha” frustra la posibilidad de que emerja la percepción de que la fuente del encuentro es el amor. Y recordemos que amor es inclusión. En el supuesto de que “la vida es lucha”, la experiencia del amor queda reducida a mi clan, a los que somos iguales, lo cual es la antítesis del amor. El amor es incluyente. La experiencia del amor es con el diferente, con el distinto, con lo extraño. Por eso requiere coraje. Ama a tu enemigo es un mensaje que no está dicho “porque Jesús es bueno” (risas), sino para poner en evidencia que “amar a propios”, “amar a los amigos”, “amar a los míos” es facilísimo y no requiere ningún coraje. El verdadero coraje espiritual es incluir a aquel que sentimos como enemigo.

Eso es lo que aprende una persona con Ascendente en Libra y es también el aprendizaje para un país con Ascendente en Libra. Si uno recorre toda nuestra historia ve con mucha claridad cómo ha expresado nuestra conciencia colectiva ser Aries en casa VII. Desde 1810 a esta parte resulta realmente angustiante ver la vigencia del hechizo de “el otro como enemigo”, de que “obtendremos lo bueno y justo si somos capaces de derrotar al otro”. Y este es mi planteo y sobre lo que les propongo meditar hoy: hacer contacto con esta fascinación, con este supuesto inconsciente que dice “¡viviríamos en armonía si el otro no existiera..!”.

No significa adoptar una mirada ingenua que negara la existencia de conflictos. Por cierto, Aries está en casa VII, el encuentro con el otro es un conflicto. De lo que se trata es de percibir que eso no representa una “fatalidad determinista”, sino una dinámica. El conflicto vincular genera una dinámica de encuentro, el antagonismo con el otro es oportuno para desarrollar el arte de la complementariedad.

Y aquí es dónde aquel núcleo neptuniano-plutoniano puede hacer un aporte, porque la compasión es una experiencia que disuelve esta percepción del otro como enemigo. Si toco el corazón del otro, si me conmociono con el dolor del otro, la batalla no tiene lugar. Y no surge un amor del tipo “somos iguales”, sino un amor con conciencia de otro diferente, distinto y extraño.

El respeto por las diferencias…

Y Libra invita aún a algo más que respetar las diferencias: a complementar las diferencias. Porque el respeto por el otro podría ser que “yo estoy acá, parado en mi narcisismo, y, como soy tan bueno, tolero a otros…”. ¿Qué complemento hay entre los españoles que colonizaron el Río de la Plata y los pueblos originarios? En principio, parecen antagónicos irreversiblemente: o existe uno o existe el otro. Sin embargo, no puede haber vida en este país sin saber cómo complementar esas dos dimensiones y los triunfos pasajeros por exterminio, son eso: triunfos pasajeros. El contraste entre esas dos dimensiones va a seguir apareciendo, porque saber dar cuenta de él y descubrir sus potencialidades es el desafío de ese encuentro entre Europa y América.

Y los triunfos pasajeros llevan a más conflicto…

Porque genera resentimiento. El resentimiento de “hay que eliminar al que nos eliminó”. Y ahí entramos en la lógica de “matar al asesino”. Que es la lógica de la guerra. La lógica de la guerra es que hay que hacer guerras para reivindicar a otros que murieron en otras guerras. ¿Cómo se corta esto? Tolerando la tentación del “canto de sirenas” que nos hace sentir que hay guerras que están justificadas.

Profundamente tiene que ver con el perdón…

Sí. Y el perdón -como la compasión- es una palabra que debe ser resignificada porque lleva a muchas confusiones. No tiene que ver con absolver de responsabilidades a quienes actuaron contra la humanidad, ni con negar la necesidad de que quienes han cometido crímenes respondan por ellos. Una de las definiciones de perdonar es “decidir no castigar”; es decir, teniendo la oportunidad de ejercer castigo algo decide no castigar. Y no por “ser bueno”, ni por negar la realidad, sino para cortar el círculo que nos atrapa en la justificación de la violencia y la crueldad. Perdonar viene de “don”, de “regalo”, tiene que ver con la imagen de regalar algo, de brindar desde el corazón.

 ¿Como se puede tener compasión por el otro cuando hay de por medio injusticias..?

 Ser compasivo no tiene nada que ver con justificar al injusto, ni con ser indiferente a las injusticias. Es exactamente lo contrario. La compasión no anula el discernimiento. Más aún, diría que lo hace más agudo y profundo.

Para sacarlo del tema de la violencia política y abriendo otra temática que hace al desafío de este momento de fase XII, ¿podemos percibir que estamos conviviendo con millones de personas que están excluidas del sistema social y económico? ¿podemos percibir la correspondencia de esta exclusión sistemática con la implantación de modelos económicos que, seducidos por sus logros, fueron indiferentes a sus consecuencias? Y esta es la revisión que este momento de XII del proceso democrático iniciado en 1983 le plantea fundamentalmente a los sectores de derecha o liberales. Cualquiera que hoy proponga las bondades de la libertad de mercado, despreocupándose de la consecuencia de exclusión que genera, no estaría respondiendo a esta convocatoria a la compasión. Y creo que para eso sirvió la década del ´90. Intentando evitar buscar culpables y tratando de comprender la lógica de un ciclo, podríamos percibir que no se trató de que Menem y Cavallo hicieran lo que quisieron, sino que la conciencia colectiva de la sociedad necesitaba creer en las bondades de liberar la economía. Luego de la frustrante experiencia de sostener políticas más estatistas, la sociedad necesitaba creer -y subrayo esto de “necesitar creer”- que liberando la economía se solucionaban los problemas y encontró a la persona que se lo garantizaba. Esto nos permitió experimentar -ya no ideológicamente sino vivencialmente- qué ocurre si liberamos la economía desentendiéndonos de sus consecuencias, eligiendo no ver (esto es, dejando en sombra) a todas las personas que quedan excluidas del sistema con esas políticas. Eso también está dentro de lo que se está agotando en esta fase de XII.

En tren de los múltiples desafíos de inclusión y de valentía compasiva que nos atraviesan en el presente, es esencial introducir la experiencia de la década del 90 intentando comprenderla como parte de proceso. Cuando salgamos de aquí al final de esta charla, saldremos a la calle y probablemente veamos una familia empujando un carro, revolviendo la basura, tratando de subsistir con muy pocas posibilidades de integrarse al sistema (es decir, de acceso a un trabajo digno, a la educación y a la salud). Allí hay un desafío de inclusión que la democracia deberá asumir en el nuevo ciclo que se inicia en 2011. ¿Qué respuesta daremos a ese reto? ¿Responderemos desde consignas idealistas con escasa capacidad de ser puestas en práctica? ¿Responderemos desde soluciones abstractas y técnicas, acaso efectivas en los números de la macroeconomía, pero ineficientes para mejorar la vida de las personas? Es fundamental registrar lo que ya hemos agotado en el ciclo democrático del 1983 al 2011, para no repetir errores. Creo que en la década de Menem-Cavallo hemos agotado el supuesto de que todos nuestros problemas se resuelven mágicamente liberando la economía y punto, sin cuidado alguno por asegurar la contención social.

Y también hemos agotado lo contrario...

Por supuesto. Habiendo destacado su capacidad para sintonizar que la democracia era un valor, con Alfonsín vivimos el hechizo de que la democracia mágicamente cura, educa, sana, y que podía seguir siendo sostenido el estatismo: concentrar antes que liberar la economía, cerrar la economía y mantener un fuerte control del estado sobre la actividad económica. Con Alfonsín el modelo estatista que prevalecía desde el comienzo del anterior ciclo de Saturno (1952) colapsó, y también podemos verlo como el agotamiento de esos supuestos que lo sostenían en el inconsciente colectivo: el estado benefactor administrado por el líder paternal y bondadoso.

Y en fase de XII surgen distintos “cantos de sirena” que, antes de aceptar que aquellas experiencias de los ´80 y los ´90 sirvieron para desilusionar fantasías y adquirir mayor sentido de realidad, intentan convencernos de que aquellos supuestos agotados aún tienen vitalidad: los que dicen “si nos hubieran permitido dolarizar, el modelo de los 90 aún sería efectivo” y los que nos dicen “si al estado lo maneja nuestro líder, el modelo estatista aún sería efectivo”. Por eso, la clave es cómo la conciencia colectiva pueda comprender el agotamiento de estos procesos.

La calidad de lo nuevo que aparezca en el 2011 depende de la consumación del ciclo anterior que se logre hacer en la fase de XII. No es que lo nuevo va a aparecer mágicamente: lo nuevo aparece en la medida que se haya agotado lo viejo. Por eso, mirando a futuro y con la perspectiva de las próximas elecciones, antes que evaluar desde el carisma de un candidato, la simpatía personal o la identidad partidaria o ideológica, podríamos interrogarnos acerca de qué sería interpretar lo nuevo y qué resultaría reavivar viejos hechizos.

IV. Comprender la complejidad de un proceso

Relacionemos los tránsitos de Saturno por los ejes de la carta de Argentina (sus casas angulares) con los mandatos presidenciales de este ciclo democrático:

  • Saturno por casa I (1982): Presidencia Alfonsín.
  • Saturno por casa IV (1990): Presidencia Menem.
  • Saturno por casa VII (1998): Presidencia De la Rúa.
  • Saturno por casa X (2004): Presidencia Kirchner.

¿A qué nos invita esta mirada mandálica? Antes que ver que cada uno de los que aparecía demostraba lo equivocado que estuvo su predecesor, cada una de estas presidencias permite desarrollar un proceso, un único proceso. No es el proceso de Duhalde o el de Kirchner o el de Menem o el del Alfonsín, sino que cada uno de esos momentos históricos simbolizan fases de un ciclo de la democracia argentina, son etapas de un  proceso del país como entidad. En este sentido, sería un gesto muy integrador y de gran madurez de nuestra conciencia colectiva que en la asunción del próximo presidente fueran invitados y estuvieran representados cada uno de estos referentes del período democrático de 1983 a 2011. En general, desde la lógica del patrón del enemigo, prevalece la susceptibilidad personal, partidaria o ideológica y, por lo tanto, la tendencia es a excluir al otro y apropiarse de una ceremonia institucional que, teniendo un fuerte potencial simbólico de unidad, queda reducida a la celebración “de los que somos vencedores”.

Sin embargo, imaginen el próximo presidente o presidenta asumiendo ante la presencia y el reconocimiento de todos aquellos que ocuparon cargos presidenciales desde 1983: ante la ausencia de Alfonsín podría estar su vice, Víctor Martínez, Menem, De la Rúa, Duhalde, ante la ausencia de Kirchner podría estar su vice, Scioli, y Cristina, en caso que no fuera la elegida.

En Estados Unidos o en otros países a la asunción del presidente van todos los ex-presidentes…

Pero por algún motivo a nosotros nos cuesta hacerlo. Y no se trata de que esas figuras sean invitadas “porque son amigos”, sino porque, aún con diferencias e incluso enemistades, cada uno de esos referentes se reconoce a sí mismo y reconoce al otro como participante de una misma y única entidad colectiva. Sería una demostración de la madurez de saber que por estar asumiendo la presidencia, esa figura que asume el poder no está inaugurando la historia de este país, y entonces reconoce a los que han participado y han tenido responsabilidades antes que él, suspendiendo el agrado o desagrado con sus políticas.

Verlos a todos allí, más allá de que nos gusten o no, sería la posibilidad de asumir que son esos y no otros a quienes hemos elegido y nos han representado. Esas presidencias, con sus errores y aciertos, somos nosotros, son la democracia que hemos desarrollado. Y mientras la justicia no demuestre que existen causas criminales que los inhabiliten, cada uno de ellos tiene el derecho y la responsabilidad de ser reconocidos como presidentes de la democracia argentina. Creo que, para nuestro inconsciente colectivo, sería una imagen muy poderosa y de efectos integradores ver a todos esas figuras reunidas y, al mismo tiempo, reconociéndolos en sus diferencias.

¿Cuáles serían dos opciones completamente antagónicas de cómo podría desarrollarse esa fase de XII y, en consecuencia, de cómo empezaría el nuevo ciclo..?

La menos creativa sería que en esta fase de XII se activara aquél núcleo neptuniano-plutoniano capturando desde algún hechizo épico o ritual de sacrificio, favoreciendo discursos del estilo de “quemar naves”, “no retroceder un paso”, “ir por todo”, viendo amenazas y enemigos por todos lados. Lo menos creativo es que se impongan a nuestra conciencia colectiva consignas absolutas, visiones extremas en las que no hay el mínimo espacio para otro a menos que coincida exactamente con lo que yo creo.

La tentación de  crear consenso “en contra de”. El llamado “peronismo disidente” se desarmó con la muerte de Kirchner…

Exactamente. Y esto nos permite ver en acción a otro patrón arquetípico inconsciente: el patrón de tótem. ¿Qué viene a representar un tótem? La energía se concentra un una figura, ya sea por propia voluntad o por proyección de sus adversarios, el sistema se organiza en esa alta carga de poder concentrada en esa imagen. Todo el sistema experimenta poder de ese modo, hasta que, llegados a un máximo de tensión, se produce un colapso, esa figura estalla, el poder queda disperso y se desorganiza todo el sistema. No hay que hacer nada para destruir esa organización, sólo acumular más y más carga, proyectar más y más energía, hasta el momento de colapso en el que se desintegra solo. En las imágenes del tarot, este patrón se corresponde con al arcano 16, la Torre. Para “destruir” el peronismo federal sólo bastó que desapareciera la figura de la cual, por oposición a ella, obtenía todo su poder. No hizo falta “hacer” nada.

El arquetipo de tótem es muy peligroso porque logra durante mucho tiempo concentrar energía y generar una sensación de potencia muy intensa, pero luego esa misma intensidad conduce al colapso y la energía queda entonces completamente dispersa y desintegrada, reclamando un nuevo tótem. Puede otorgar una muy vívida apariencia de integración, pero su pulso conduce fatalmente a la desintegración.

Ese fue el hechizo que se dio también con Menem. La Alianza se organiza “en contra de” y después colapsa…

De la mano de Cavallo…Tengámoslo presente para que en la presente fase de XII no generemos una nueva alianza “en contra de”. Es un “canto de sirena”. Cuando escuchamos que la gente pide “que la oposición se una” esta siendo sensible a ese encantamiento. ¿Cómo se va a unir la oposición si piensan cosas distintas y proponen cosas diferentes? Sin embargo, la fuerza del hechizo de “unirse contra” es más fuerte. Pero sabemos que “su dulce canto” nos conduce al acantilado.

¿Hay algo que diga si Cristina termina o no su mandato..?

Eso está dentro de lo impredecible. Siguiendo con el patrón de tótem, a veces no terminar un mandato tiene que ver, no con una conspiración, sino con una tensión que se lleva a tal extremo que hace que el sistema implote. A mí me da la sensación de que -pero no quiero decirlo a título personal sino como una percepción que puede ser compartida- para una persona con una estructura tan sensible como es la de Cristina, sometida a un alto nivel de tensión, concentración y estrés como lo es estar a cargo del poder ejecutivo, no es aconsejable que tense aún más, que se cierre, que crea que debe aguantar. Creo que pidiéndole eso se le está empujando a la implosión o a que la confabulación se convierta en una “profecía autocumplida” al ponerse muy a la defensiva, sospechando de todo el mundo y viendo enemigos por todas partes. Pero vuelvo a insistir: el talento de una persona con la sensibilidad de la carta de Cristina (y me refiero a su Sol en Piscis y su Saturno conjunción Neptuno) tiene que ver con el saber acompañar procesos de disolución, con sostener su participación sabiendo correrse del centro de la escena, resignando el anhelo de ocuparlo personalmente para ponerse a disposición de un proceso más vasto que la excede (el de un nuevo ciclo de la democracia argentina) y así favorecer que continúe vigoroso y con creatividad.

En nuestra historia, cuando hablamos de San Martín y su ejemplo de entrega y renuncia al protagonismo, estamos destacando la expresión sabia de su cualidad pisciana. En el inconsciente colectivo de nuestra comunidad el retiro de San Martín no quedó significado como claudicación, cobardía o debilidad, sino como un acto digno de sacrificio personal, de desistir conscientemente imponer su personalidad para no interferir en el éxito de una empresa mayor.

Con la Luna progresada de Argentina entrado en Piscis ¿se favorece todo este proceso de abrirse al sentimiento de compasión ?

Totalmente.

Pero también puede llevar a la confusión…

La Luna progresada en Piscis habla de un momento de sensibilización que puede hacerme vulnerable a hechizos o también que permita percibir los hechizos para conjurarlos. Que sea una cosa o la otra depende de la madurez del sistema para manejarse con esa sensibilidad pisciana. La Luna progresada entró en Piscis en noviembre de este año 2010; es decir, es sincrónico con la muerte de Kirchner y suma a todo este proceso de XII que hemos analizado.

Pensemos que esta fase de XII va a dar paso a otra de inicio el próximo año, cuando Saturno cruce el Ascendente en Libra de Argentina en noviembre de 2011. Tengamos en cuenta que ese tránsito habrá de actualizar, en nuestra conciencia colectiva, el modo de saber ser librianos. Y aquí vale la pena reflexionar acerca de la matriz de este Ascendente: casa IV en Capricornio, casa VIII en Tauro y casa XII en Virgo.

– Matriz “de agua” del Ascendente en Libra –

Esta matriz indica que todo Ascendente en Libra debe abandonar el hábito de aislarse (Capricornio en la IV). Para poder desarrollar el aprendizaje del encuentro con el otro es necesario abandonar el aislamiento, porque mientras permanezca habitando el aislamiento no puede florecer el talento libriano de la complementariedad vincular. Además, el apego tiene que ser transformado (Tauro en casa VIII), porque si retengo lo que creo que es mío, si me mantengo apegado a lo individual, no puede florecer el talento libriano de compartir con otro. Y si yo no agoto la sagaz crítica intelectual mediante la cual demuestro que no me tengo que vincular, si no disuelvo el hechizo de los argumentos preciosos e impecables que confirman que es innecesario vincularse (casa XII en Virgo), tampoco puede florecer el talento libriano de abrirme y entregarme con confianza al amor.

Antes de cerrar quiero que me comenten cómo se sienten, qué quieren decir.

Siento que Cristina ha tomado el camino de la compasión. Pienso en la leyes que han permitido hacer justicia con los militares, después de mucho tiempo transcurrido en que el tema parecía olvidado…

Sin duda que sí. Reconozco lo que decís y que creo que es fundamental incluir los juicios a los militares que cometieron crímenes en esta fase de XII. Pero también es un hecho que se lo ha hecho instalando un clima de confrontación. Sinceramente, creo que cerrarse a la percepción evidente de este clima que se ha generado sería una resistencia. Estamos viviendo tiempos en los que se ha estimulado la vivencia de lo político como una batalla entre enemigos. Y quizás el desafío de lo que viene será sostener activas políticas de derechos humanos sin que se crea necesario reproducir un grado de beligerancia tan alto.

Pero hay una realidad que es confrontativa. El día después de la muerte de Kirchner algunos comparaban a los militantes que se hicieron presentes en el velatorio con las juventudes hitleristas. Son expresiones muy injustas…

Y muy poco compasivas. Pero aquí yo percibo un desafío. Uno puede sentir que son expresiones injustas y que demuestran la crueldad de quienes las emiten. Yo puedo creer eso. Pero también puedo atender a que si yo he generado un clima muy excluyente del que piensa distinto a mí, un clima en el que “si no estás conmigo, estas a favor del genocidio y de Videla”, estás generando una división muy rígida, una exclusión muy severa, que siempre va a generar una respuesta agresiva. Excluir es conflicto.

Con la astrología hemos aprendido algo muy incómodo: lo que creo exterior, lo que ”me viene de afuera”, lo que siento ajeno a mí y que no tiene nada que ver conmigo, en verdad, tiene que ver con lo que profundamente soy. Aquello que se hace presente en mi vida tiene que ver con lo que soy. Si se ha hecho presente es porque tiene que ver conmigo. Y esto es lo que nunca terminamos de aprender en astrología, y  siempre estamos haciendo un nuevo esfuerzo para tolerarlo. El destino no es algo ajeno a mí. No es que soy alguien que “tiene” un destino. El destino es la revelación de lo que soy. Soy mi destino. Y si siento ser víctima de una agresión injusta, antes que rechazarla, es necesario hacer contacto con esa experiencia, porque está dentro del profundo misterio que soy. El desafío para la conciencia es cómo puedo incluir eso, no para justificar, sino para comprender íntimamente que eso forma parte de lo que soy. ¿Puedo comprender que hay ciertas actitudes mías que expulsan, que excluyen a otros, que hay cierta definición tajante en mi expresión que deja afuera a otros? ¿Puedo tocar mi necesidad de dejarlos afuera? ¿Puedo explorar por qué necesito ser tan tajante y excluyente?

Por eso, es necesario salir de la lógica de “si tiene razón o no” o “si es justo o no” para tratar de comprender el proceso. Por ejemplo, los chistes que se hacen acerca de uno, las cosas que se dicen acerca de uno en la familia y en las relaciones en general, forman parte de lo que soy. Así estén originados en esa “tía insoportable” que habla mal de todo el mundo o que no me soporta. Puedo pelear contra eso, puedo sentir que soy víctima de esa bruja o de una conspiración… o puedo animarme a hacer contacto con la experiencia y explorar por qué esa persona llega a decir algo tan injusto, tan cruel acerca de mí. Porque hay una conexión entre ese chiste que siento que me hiere injustamente y lo que profundamente soy. Y creo que lo más capcioso es caer en la lógica de la victimización. Estoy seguro que en ninguna entrevista habremos de justificarle al consultante que se victimice. Y si esto es algo que no hacemos en los casos de consultas individuales, ¿por qué habríamos de hacerlo cuando analizamos una entidad colectiva?

La victimización es otro “canto de sirena” que tiende a cautivarnos desde ese núcleo neptuniano-plutoniano y que puede excitarse en un momento de fase de XII. Quiero decir, los militares se sentían “víctimas de la subversión”, sentían que el país era “víctima de la injusta agresión del comunismo”, y por lo tanto sentían la misión de ser “salvadores de la patria”. Sé que para disolver el hechizo de la victimización hay que hacer un esfuerzo muy alto. Y si es difícil en la vida personal, a nivel colectivo es terriblemente arduo. Ahora, sinceramente, no veo la ventaja de no hacerlo. Seguir en la misma lógica es una pesadilla. Creo que es mucho más sufriente la lógica conocida de “víctima-victimario”, “bueno-malo” o “santos-pecadores”, que este otro desafío de desencantarnos de ella para tocar un nivel de realidad más profundo, complejo y pleno de misterio creativo.

(Desgrabación Eugenia Gabrielli)

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Responses

  1. Me encanto, un lectura amena, clarificadora que para alguien como yo que ama la política realmente la deguste de principio a fin porque tiene muchísimo contenido, mucho aprendizaje y eso es lo más lindo poder ir aprendiendo a pesar de desconocer sobre la astrología encuentro en sus palabras una claridad que me hace querer seguir aprendiendo, ya que son herramientas que nos ayudan a dar correspondencia a los acontecimientos. Gracias.

    • Gracias Beatriz por tus comentarios. “Ayudar a dar correspondencia a los acontecimientos” es una hermosa imagen para definir el potencial de la astrología. Seguimos compartiendo. Abrazo.


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