Posteado por: alejandrolodi | 11 diciembre, 2011

Lo rebelde y lo revolucionario

Alejandro Lodi

(Diciembre 2011)

Roma. Octubre 2011. Miles de personas indignadas marchan. Un sistema social y económico en crisis parece entrar en fase de agotamiento terminal. Muchos creen que es tiempo de rebelarse y decir “ya basta”. Algunos caminan decididos y preocupados. Saben a qué se oponen, pero tienen incertidumbre sobre el futuro. Otros celebran la caída del orden, bailan y cantan consignas promovidas a todo volumen desde parlantes ubicados en largos vehículos. Algunos marchan anónimos. Otros abrigados en sus creencias ideológicas. Como casi todos lo preveían, aparecen los “black bloc”: un grupo de jóvenes caracterizados por la violencia de su acción. La mayoría de los que manifiestan se retiran con temor, otros se suman contagiados por su fuerza, otros los repudian gritándoles “fascistas”. Finalmente, los “black bloc” imponen el miedo y dominan la escena: jóvenes con máscaras destruyen móviles policiales, rompen vidrios de bancos, incendian autos y pintan sus frases en los muros.

La rebeldía y el espíritu revolucionario suelen ser tomados como sinónimos de la cualidad uraniana, pero existe una distancia crucial. Mientras que se puede ser rebelde sin ser en absoluto revolucionario, la condición revolucionaria va mucho más allá de la rebeldía y sólo ve a ésta como una fase en el proceso creativo, tan previsible como transitoria.

La rebeldía es una consecuencia de haberse activado en la conciencia el impulso a la diferencia creativa: si quiero dar cuenta de lo nuevo entraré en conflicto con la resistencia de lo viejo. En el rebelde el hechizo del antagonismo es máximo. Astrológicamente, es Urano en conflicto con Saturno. La mitología nos relata con profundo simbolismo esa polarización. Padres que repudian a sus hijos, hijos que castran a sus padres, padres que comen a sus hijos, hijos que encierran a sus padres… Es el conflicto entre creatividad y autoridad, entre la libertad del hijo y la ley del padre. En la dimensión psicológica que reflejan los dioses mitológicos, esa relación queda atrapada en la pesadilla del anhelo de exclusión: sólo hay vida para uno si no existe el otro. Una lucha a muerte acerca de quién controla la creatividad, quién tiene autoridad sobre lo creativo. El padre o el hijo. En ese hechizo está encerrado nuestro psiquismo, tanto individual como colectivo.

Etimológicamente, rebelión es “que hace la guerra de nuevo, que vuelve a empezar la guerra”. La palabra deriva de lo bélico: re-bélico, vuelve a pelear. El rebelde es en contra del orden establecido. Es una fuerza que se opone a lo consolidado. La rebeldía es una expresión de lo uraniano atrapada en la polarización con Saturno. Rebeldía es conflicto. Y aunque sea necesario rebelarse a lo injusto, oponer la fuerza de la renovación a la inercia de la forma que anhela perdurar, la rebeldía es una respuesta que queda condicionada por aquello a lo que se opone. Lo que el rebelde es está definido por aquello a lo que se subleva. En la rebeldía no hay propuesta sino contraposición.

La rebeldía es un vínculo de confrontación entre Urano y Saturno. El rebelde polariza con el principio de autoridad. Refleja una relación entre creatividad y estructura signada por el anhelo de exclusión. El rebelde quiere que no haya autoridad. Se opone a todo lo que se haya acordado como principio legal. El rebelde desprecia a la ley. El rebelde cree que lo creativo se frustra cuando se establecen formas concretas, que la libertad es reprimida por la ley. Toda estructura social que logre consolidarse en la realidad condiciona a la autonomía individual. Todo padre es opresivo y todo hijo debe liberarse de esa opresión destruyendo al padre.

La mitología griega representa este nivel polarizado y excluyente de la relación entre creatividad y estructura con el relato de un conflicto mortal entre padre e hijo varón. Urano repudia a sus hijos. Cronos se apropia de la creatividad castrando a su padre Urano y liberándose así de su opresión. Zeus se libera de ser tragado por su padre Cronos y lo condena al encierro. En el nivel de tensión y conflicto que refleja la mitología, la creatividad no circula libremente, sino que es patrimonio exclusivo del padre o del hijo. La ley del padre y el ser del hijo se presentan como polos excluyentes: si existe lo uno no puede existir lo otro. Para asegurar el orden establecido debe excluirse lo nuevo, fijar lo viejo y destruir toda amenaza de cambio. Para que pueda emerger lo creativo debe excluirse lo viejo, imponer lo nuevo y destronar el pasado.

Etimológicamente, revolución es “volver a rodar, que gira de nuevo”. La revolución no se opone a nada, simplemente es expresión de lo nuevo. No se define por oposición a lo viejo que deja atrás, sino que se compromete con la percepción de lo renovador. No busca el conflicto, sino que éste aparece como consecuencia de la fricción entre la resistencia de lo viejo que anhela permanecer y la fuerza del nuevo ciclo que emerge. Lo revolucionario vive esa tensión como una fase necesaria (e inevitable) de la dinámica del vínculo entre Urano y Saturno. El conflicto no es el objetivo de su razón de ser. La conciencia revolucionaria sabe que la rebeldía es la chispa que anima a la intuición de lo nuevo, pero también reconoce que no verla como una “etapa del viaje” y quedar fijo en ella termina frustrando la consumación de lo padecido y disfrutado en el proceso que muere e impide que sea esencializado como base para el salto de creatividad. Esa conciencia revolucionaria incluye el conocimiento de que la forma vieja habrá de resistir su muerte, pero esa lucha no es lo que da sentido a su expresión de cambio.

Lo revolucionario sabe que lo creativo no es un cambio de autoridades ni de modelos, sino dar inicio a la experiencia de lo inédito. Ese “volver a rodar” incluye el ciclo agotado, no se define por oposición a él ni queda condicionado a su obediencia y continuidad. Lo revolucionario es conciencia de una forma ya celebrada de la que es necesario desprenderse, pero gracias a la cual es posible percibir lo futuro. Revolución  no es utopía, sino compromiso con la construcción de un presente nuevo, distinto, renovado, superador de lo viejo. Revolución es poder ver lo nuevo gracias a que lo viejo ya fue celebrado. Revolución es reconocer la vieja estructura, es honrar lo ya agotado, sin repetirlo ni trasgredirlo, para transformarlo en la expresión de una nueva conciencia, conciencia de la que era incapaz aquello que ya ha muerto. Para dar cuenta de lo nuevo es necesario comprender (incluir) lo viejo.

Sin reconocerse como salto cualitativo a partir de lo viejo, aquello que se pretende nuevo sufre el riesgo de repetir inconscientemente la misma matriz de la que cree diferenciarse. Honrar no es un acto de blanca bondad, sino una necesidad para que lo revolucionario se manifieste. Sin reconocerse como nueva evolución del orden establecido que agoniza, lo creativo se torna regresivo, lo revolucionario en reaccionario. El anhelo de “libertad, fraternidad e igualdad” deviene en “guillotina”. La rebeldía es reacción y separatividad, la revolución es construcción y originalidad.

Responder a lo revolucionario es un desafío para el vínculo de Urano y Saturno en nuestra conciencia. Lo revolucionario es un compromiso con una expresión uraniana que no puede excluir a Saturno. Negando a Saturno, la expresión uraniana queda fatalmente polarizada con él. Lo revolucionario es un  modo de vivir lo creativo que no puede desentenderse de lo manifiesto, porque es una conciencia que ha despertado a la evidencia de que la creatividad sólo puede ser real comprometida con la forma, desistiendo de refugiarse en idealismos.

Lo revolucionario permite ser sensibles a que lo creativo circula desde siempre en todas las formas del universo, incluidas las estructuras de nuestras humanas sociedades. La creatividad no está fija en ningún lado, no es propiedad de ningún clan, de ninguna época, de ninguna ideología. La creatividad no está en un futuro utópico, sino expresándose en todo lo manifiesto por toda la eternidad.

Lo revolucionario es un cambio de conciencia que opera por su propio peso, inevitable y sin opción. No necesita “tomar el palacio” ni “asaltar el poder”, porque resulta una transformación que desborda las barreras del miedo conservador y se impone con una contundencia transpersonal, vibratoria. El Muro de Berlín cayó, no por el heroísmo de alguna voluntad individual esclarecida, sino por una abrumadora fuerza colectiva apenas iniciado el tránsito de Urano por Capricornio. La revolución de las computadoras personales y de la comunicación en red por Internet se impuso en todo el planeta, en pleno desarrollo del tránsito de Urano en Acuario, sin que Steve Jobs ni Bill Gates tuvieran que organizar brigada armada alguna para decretar el derrocamiento de la máquina de escribir y la derogación de los cableados telefónicos.

En cambio, la rebeldía como expresión de la libertad es la práctica más arcaica y primitiva, al mismo tiempo que es la más afectivizada por la conciencia colectiva, cargada de idealismo romántico y emoción de autenticidad. Sentir que es necesario castrar al padre para experimentar la propia creatividad o que es necesario comerse a los hijos para no ser desplazados por ellos representa el comportamiento absolutamente previsible de una conciencia que no puede sostener los niveles de mayor complejidad interactiva necesarios para dar cuenta de lo nuevo y revolucionario. Refleja el nivel mitológico de la psiquis humana en el que nuestra conciencia padece la pesadilla de la trampa arquetípica: ese girar en falso de la polarización que la deja atrapada en el hechizo del antagonismo excluyente, del triunfo de un polo sobre el otro en la ilusión de que “la vida es lucha”. La desdicha de los dioses en los relatos de la mitología muestra el infierno de la conciencia polarizada sostenida en la creencia de “la vida como conflicto”. Esa fe en el antagonismo es la que vela la dimensión sagrada de lo transpersonal, la que impide ser sensibles a percepciones más incluyentes y comprensivas del universo.

El apego a la rebeldía vela a lo revolucionario. La mitología representa el reparto de arquetipos colectivos que juegan el drama psíquico de la conciencia humana que se cree (y se siente) separada de la corriente de la vida. Muestra el límite personal para experimentar destellos de lo trascendente. Se requiere el coraje de perforar ese “techo mitológico”, ese condicionamiento del inconsciente colectivo, para responder al potencial expansivo de lo transpersonal, para agotar niveles de repetición arquetípica y ensayar intuiciones creativas. El hechizo de la polarización oscurece la percepción de la dinámica amorosa de la vida.

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Responses

  1. El anhelo de “libertad, fraternidad e igualdad” deviene en “guillotina”. … Que maravillosa sintesis !!!

    • Gracias Bea. A Robespierre le parecía lo mismo… hasta que lo guillotinaron.

  2. Esclarecedor en estos tiempos, tanto en lo colectivo como en lo individual y personal…Gracias Ale!.

  3. Ale: excelente como siempre, està tan claro que sin una buena estructura, no existe creatividad ni cambiro ni nada, solo intentos adolescentes . Un abrazo
    Silvia Lacasa

    • Gracias Silvia. Y ya sabemos que cada día cuesta más agotar la adolescencia. Un abrazo

  4. Excelente tu nota. Urano sin Saturno … imposible!!!! Abrazo Alejandro

  5. Brillante, Ale! Un placer leerte. Un abrazo, Tuti

  6. Asombroso como la claridad de tus escritos siempre responde a mis inquietudes y necesidades. Te quiero. Muchas gracias.

    • Gracias Lu. Me hace feliz esa conexión. Un abrazo

  7. Siempre me acuerdo como escrita en piedra esa frase, no hay Urano sin Saturno y me pellizco cuando me pongo rebelde, porque no hay avance sino reacción, terminó de aclararse en las palabras justas.
    Gracias Ale, muy oportuno.

    • Gracias Claudia. Celebro que haya sido oportuno. Un abrazo

  8. Qué bueno que nos recuerdes la necesaria relación entre creatividad y forma!
    Un abrazo
    Ana Zebel

  9. Impresionante Alejandro! … “agotar niveles de repeticion arquetipica y ensayar intuiciones creativas”…Que oportuno!!! Mas que oportuno!!! Gracias y un abrazo! intentando ensayar creatividad. Myriam

    • Gracias Myriam. Seguimos compartiendo ensayos. Abrazo

  10. Gracias por no cansarte y sentir la plena alegría de dar. Creo que la Vida nos va empujando a esa comprensión más compleja, ya es tiempo de que la raza gire y ascienda, para lo cual es necesario que pase todo lo que pasa. Un abrazo grande Crisitna Caamaño.

  11. Me vino a la mente el libro La Estructura de las Revoluciones Científicas, donde el autor habla del “cambio de paradigma” tan utilizado luego en otros ámbitos. En un momento dice que la visión científica anterior se supera definitivamente cuando los viejos carcamanes que las sostenían se mueren, y la nueva generación impone su mirada. Igualmente Newton sigue valido aunque Einstein lo supera y a su vez este es superado por los cuánticos. El tema es que gracias al paradigma senior se habilita el junior…
    Muy buenas las imágenes. Abz!

    • Gracias Alejandro. Leí ese libro en los ´80 cuando estudiaba sociología, junto con “Viaje a Ixtlán” de Castaneda. Recuerdo el impacto del concepto de “supuestos básicos subyacentes” y “acuerdos en la descripción del mundo”. Resultado: adiós sociología, bienvenida astrología (o adiós verdades, bienvenida percepciones).
      Abrazo

      • La generación dentro de la cual ocurre la revolución científica nunca la acepta, y la generación que origina la revolución científica no solamente tiene que esperar que se jubile la anterior, sino que tiene que esperar a que la próxima sea educada dentro del nuevo paradigma.

        Dentro de la temática de tu post, y de esta respuesta a los “acuerdos”, me permito recomendarte un libro bastante movilizador, Prometheus Rising, de Robert Anton Wilson.

      • Gracias Klaus por tus comentarios. Tomo nota de la recomendación. Abrazo.

  12. Reblogged this on Humano Buenos Aires and commented:
    Añade tus pensamientos aquí… (opcional)

  13. Reblogueó esto en perro pixelado.

  14. Alejandro: que valiosos tus artículos! Da gusto leerlos. Son no sólo esclarecedores sino hasta te diría pedagógicos! Gracias por compartir.


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