Posteado por: alejandrolodi | 26 julio, 2012

Seminario “Gira democrática y misteriosa” (quinta parte)

Un ciclo de Saturno en la historia argentina (1982-2011)

Alejandro Lodi

(Julio 2012)

QUINTA PARTE

Fase XII: De octubre de 2008 a noviembre de 2011-agosto 2012

Los tiempos de XII son tiempos de agotamiento y consumación, de retiro y renuncia. Todo un proceso llega a su fin, al momento oportuno para liberar la carga de lo pendiente, para llevar a cabo el más purificador balance, vacío de anhelos de logros, apegos a visiones o estrategias de conquista. Son tiempos propicios para una introspección, honda y delicada, que permita el contacto con contenidos de la experiencia que no se quiso, no se supo o no se pudo incluir ni hacer conscientes a lo largo de todo el recorrido. Y acceder a un sentido trascendente de aquello que ha sido desarrollado. Son tiempos de sacrificio, de revelar lo sagrado de la experiencia que se ya se extingue. Referido a un ciclo de Saturno, toda una estructuración de la realidad agota su experiencia, la cual impregna -como semilla contenedora de la síntesis consumada- el surgimiento de una nueva estructura. El pasado desprende el futuro.

Pero también pueden resultar tiempos de hechizo, en los que formas carentes ya de vitalidad atrapan a la conciencia, en los que fantasmas del pasado parecen cobrar vida cierta. Y en esta variante, los climas de XII convierten la sensibilidad a una nueva dimensión de significado en una pesadilla de revanchas, culpas, inmolaciones y expiaciones. Referida a un ciclo de Saturno, esas formas vacías del pasado que parecen  ahora resucitadas darán sustancia al nuevo ciclo de estructura, sustancia excitada por aquel encantamiento de lo ya celebrado antes que animada por la chispa de lo renovadoramente creativo. El pasado pretende reproducirse en el futuro.

El intento de significar los hechos vividos como comunidad desde 2008 en su sincronicidad con la fase XII del ciclo saturnino iniciado en 1983 ha sido desarrollado en distintos artículos publicados en este sitio. Para no resultar redundante, invito a visitar la serie “2009: Entre disoluciones y oportunidades” (parte 1 a 3) y “Argentina 2011: Del hechizo destructivo a la compasión transformadora” (parte 1 a 4) en https://alejandrolodi.wordpress.com/.

El desafío de los tiempos de XII es ser capaces de no dejar nada afuera. Intentar incluir todo lo que se pueda. No ahorrar reflexiones acerca de lo vivido, ni meditaciones acerca de lo actuado. No ceder al encanto de la exclusión y animarse a ver todo lo que se presente. Ni huir de los fantasmas ni permitirles que cobren vida, sino atender -con una sensibilidad inédita que no podía disponerse en otro momento del ciclo- a lo que tienen para decirnos.

Y ya aquí avanzamos en los tiempos de la primera presidencia de Cristina Fernández y el momento presente.

El año 2008 se hace manifiesta la entrada a fase de XII del ciclo de Saturno. Y se da en circunstancias históricas sincrónicas con otros dos momentos cíclicos altamente significativos:

.- El inicio de un ciclo Sol-Luna progresado.

.- El tránsito de Neptuno en conjunción a Saturno natal (por segunda vez en toda la historia argentina).

Respecto a hipótesis acerca de lo que el ciclo Sol-Luna puede simbolizar en la vida de un país y a un análisis de las correspondencias con nuestra historia, propongo consultar el artículo “2008: Argentina y nuevo ciclo Sol-Luna progresado” en https://alejandrolodi.wordpress.com/. Sólo destacaré aquí que es un ciclo que alude a niveles profundos de nuestra organización como nación, que atiende a la forma que adquieren las relaciones sociales en sus diferencias constitutivas (por clase, por etnias, por religión, etc.), a la forma institucional del Estado, su economía y el vínculo con el mundo (apertura liberal, cierre proteccionista), y a la forma de representatividad y de relación entre figuras gobernantes y pueblo o ciudadanía (plural, vertical, carismática, consensuada, etc.)

Y también mencionaré una peculiar característica de nuestro patrón cíclico: cada arranque de ciclo Sol-Luna es sincrónico con un momento de disolución del ciclo de estructura saturnina. Cada momento de Luna Nueva coincide con el de un tránsito de Saturno por la casa XII. ¿Cómo significar esta clave? El comienzo de lo nuevo y la exploración del pasado. El impulso fundacional y el agotamiento de hechizos. El compromiso de la fuerza iniciadora y la consumación de supuestos inconscientes que animaron tiempos ya vividos. El comienzo ligado a develar lo oculto. El inicio relacionado con hacer visible lo negado.

Esta paradoja de la forma del tiempo que adquiere la carta natal de Argentina cobra significado refiriéndola a un dato de su estructura:

.- Júpiter en Escorpio en casa I.

.- Plutón conjunción Quirón en Piscis en casa VI.

.- Plutón en cuadratura a Neptuno.

Esos indicadores conforman lo que podemos llamar un “núcleo energético” del mapa astral argentino. Este núcleo jupiteriano-plutoniano-neptuniano alude a la capacidad de encontrar sentido en el dolor, de sentir una dirección que se revela en el contacto con lo temido, de una capacidad de trascendencia que emerge desde el miedo hacia una sensibilidad cada vez más incluyente y compasiva, agotando el hechizo de exclusión y exterminio del otro amenazante (el mal).

El desafío en tiempos de XII es mayúsculo. Lo es en la experiencia de una conciencia individual y mucho más en un proceso psíquico colectivo. La oportunidad de un auténtico salto de percepción a partir de vaciarse de contenidos hasta ahora excitantes. Una posibilidad de contacto con niveles transpersonales del misterio de nuestro destino como comunidad, más allá de la devoción a personalidades y la adoración a ideas cargadas de afecto. Pero también son tiempos que pueden exponer nuestra incapacidad colectiva para responder a ese orden sutil y asistir a cómo esa sensibilidad trascendente puede depositarse o ser capturada en imágenes arquetípicas que reproducen –ya no como tragedia, sino como farsa- viejos patrones que malogran así toda eventualidad creativa que habría surgido de tolerar el vacío y resignificar nuestro relato del proceso histórico.

Al respecto, vale recordar un dato objetivo. En marzo de 2008 el clima de Saturno en fase XII se refuerza con el efecto análogo de Neptuno transitando sobre Saturno natal de Argentina. Como anécdota (que puede adquirir el carácter de una señal de alerta acerca de ciertos peligros inherentes a la cualidad de ese tiempo cíclico), además de darse a conocer la famosa “resolución 125” que dará origen al conflicto con los sectores del campo, es el mes en que los habitantes de la ciudad y el gran Buenos Aires convivimos con una persistente e irritante niebla provocada por la misteriosa (¿espontánea? ¿intencional?) quema de pastizales. Fueron semanas de sueño alterado y dificultad para ver con claridad en sincronicidad a tiempos de XII.

Así, de acuerdo a la ambivalencia de su delicada y engañosa sustancia, la experiencia cíclica de la fase XII puede representar tiempos de agotamiento de hechizos colectivos que impedían ver realidades como también de exaltación de ilusiones compartidas que velan posibilidades de realización. Y en la carta de Argentina simbolizará la consumación de un proceso de ser Ascendente en Libra: la oportunidad de un salto de conciencia en el aprendizaje vincular de reconocerse en el otro habiendo partido del anhelo de definirse por su plena y excluyente oposición.

Ser sensibles a la cualidad de los tiempos de fase XII del ciclo de Saturno por la carta de Argentina nos reclama estar atentos a cuáles son los temas pendientes que es necesario consumar para agotar el proceso iniciado en 1983. Qué experiencias del pasado pueden retomar vitalidad para hacer un balance profundo y esencial que permita a la conciencia colectiva dar una respuesta resolutiva. Qué fantasmas pueden retornar para poner a prueba nuestra capacidad de discernimiento y comprensión o acaso descubrir cuánta fascinación son capaces aún de provocar en nosotros. No son tiempos para reaccionar con rechazo ni para adherir encantados a lo que se presenta, sino para ver la trama inconsciente que anima nuestra voluntad colectiva, para resignificar los hechos de la historia –pasada y reciente- desde una perspectiva que sea capaz de incluir y reunir aquello que durante el ciclo fue necesario (porque no se supo, no se pudo o no se quiso) excluir y mantener separado.

Un hecho pleno de significado en este contexto de Saturno en fase XII es la muerte de personalidades que resultaron significativas del curso de la democracia iniciado en 1983. Referentes de autoridad que se disuelven. El proceso democrático ya no contará con ellos. Se van en sincronicidad con el ciclo que los tuvo como protagonistas, más luminosos o más oscuros. Recordemos algunos de aquellos que han muerto desde 2009 a la fecha: Raúl Alfonsín, Mercedes Sosa, Néstor Kirchner, Emilio Massera, María Elena Walsh, Ernesto Sábato… Todos son figuras muy sensibles al proceso iniciado con Saturno en fase I. Alfonsín como símbolo de autoridad presidencial que garantizara la democracia, Ernesto Sábato y el informe de la Conadep, Mercedes Sosa y los artistas del exilio, Emilio Massera y los comandantes sentenciados, María Elena Walsh y su canción “La Cigarra” como icono del retorno de la democracia, Néstor Kirchner y la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad…

El comienzo del tránsito de Saturno por la casa XII resultó sincrónico al inicio del primer gobierno de Cristina Fernández. Y desde ese instante se presentan algunos hitos reveladores. Por un lado, el caso del ingreso de dinero no oficial desde Venezuela (recordado como “la valija de Antonini Wilson”) y el asesinato de tres empresarios farmacológicos ligados al comercio ilegal de la sustancia llamada “efedrina”, ambas situaciones ligadas al aporte de fondos a la campaña presidencial. Comienza a adquirir notoria evidencia la oscura actividad del financiamiento de la política y el negocio del narcotráfico que se ha ido desarrollando en nuestro país desde hace décadas (visible en la proliferación del consumo y sus consecuencias sociales tales como la incidencia en el aumento y la calidad –cada vez más brutal- del delito, el aumento del número de población con problemas de adicción, etc.). La gravedad de la situación delata una dimensión de corrupción sistémica que atraviesa el sistema político, el judicial y los mecanismos de control y seguridad administrativos y policiales. Y este es un punto muy oscuro, un tema que aún no aparece planteado –al menos no lo suficiente como para revertir la tendencia en aumento- en las propuestas electorales ni en las políticas del Estado, que no es investigado por el periodismo, ni forma parte de lo que las encuestas indican como temas que preocupan a la población. Sólo es denunciado por algunos referentes de grupos dedicados a la asistencia social que deben lidiar a diario con las terribles consecuencias de cuando se combina droga y exclusión del sistema. En tiempos de XII, se hace evidente que nuestra sociedad presenta un grave problema respecto al tráfico y consumo de drogas. Y que la democracia desarrollada desde 1983 no ha sabido impedirlo, contenerlo ni resolverlo.

La sociedad polarizada

Por otro lado, en marzo de 2008 comienza a desarrollarse el conflicto con el campo. Quizá esto sea lo más recordado, porque ha dejado una marca como estigma: la sociedad polarizada. Más allá de toda diferencia de opinión, creo que podemos estar de acuerdo en que desde 2008 se ha instalado un clima de polarización en aumento. Un clima de tensión y división que hace recordar a la fase XII de 1979 a 1982, pero mucho más aún al de la fase XII sincrónica con el trágico antagonismo peronismo-antiperonismo de 1949-1953. ¿Cuánto hace que no decíamos “no hablemos de política…” en reuniones familiares para evitar terminar peleados entre hermanos? Desde 2008 el hechizo de la polarización comenzó a activarse, capturando voluntades individuales. Las opiniones excluyentes, las reacciones descalificadoras, el desprecio a la mirada del otro, el juzgamiento de posiciones políticas desde etiquetas ideológicas que parecían ya pertenecer a los libros de historia (gorila, cipayo, antipatria, zurdo, facho, oligarca, etc.) comienzan a proliferar anulando toda posibilidad de discernimiento. La percepción de la realidad se simplifica en polos extremos y la posibilidad de profundizar en su complejidad queda anulada.

Es fundamental reconocer que si esto ocurre es porque el clima de XII está revelando que el encanto de la polarización está aún vivo en nuestra psique colectiva. No es producto de la acción de los gobernantes sobre una pasiva población, sino que se hace explícito que ese discurso oficial de confrontación tiene receptividad en la sociedad. Son tiempos para asistir a la evidencia de cuánto aún prende en nosotros la lógica bipolar (buenos-malos, aliados-enemigos), cuán susceptibles somos todavía a esos embriagadores y oscuros contenidos del inconsciente colectivo. En la dimensión de una psique individual este tipo de experiencia resultaría equivalente a descubrir cuán sensibles somos a una conducta adictiva que acaso creíamos superada, de asistir a la pesadilla de comprobar que viejos fantasmas demuestran tener aún poder sobre nuestra voluntad consciente.

El clima de polarización que se impuso desde 2008 revela que nuestra conciencia colectiva es todavía vulnerable a la excitación de percibir la política como una guerra. La vitalidad de la confrontación de las diferencias, no de su encuentro. El ansia de que la voluntad de una facción logre someter a la de otra facción e imponerse sobre el conjunto de la comunidad, no por persuasión consciente, sino por la fuerza del poder. La ardiente sensación de quitar la potencia de los demás para concentrarla en una única visión, la torre de la visión verdadera. El éxtasis de que todos respondan a una misma voluntad: la nuestra. No hay otro. Sólo enemigos a derrotar. Toda diferencia debe uniformarse. El bien absoluto libre de toda amenaza de mal. El bien absoluto identificado con los anhelos de una facción. El otro como el mal.

Otro suceso que se instala con el clima de XII es la batalla por los medios de comunicación y el control de la información de las estadísticas oficiales. Es necesario agregar aquí otro dato del contexto astrológico: el tránsito de Plutón por la casa III de Argentina -que viene desarrollándose desde 2005 y que se extenderá hasta 2016- proponiendo una transformación en nuestro modo de comunicarnos, tanto como hacer contacto con el oscuro poder del manejo de la información y su manipulación.

La lógica de la guerra aplicada a la política valida la mentira. Mentir no es faltar a la verdad, sino una estrategia para derrotar al enemigo. Falsificar la realidad deviene en patriotismo. La política como guerra justifica el verticalismo obediente. En guerra no obedecer una orden puede significar la muerte propia o de un camarada. La guerra es un estado de situación extrema. La política como guerra configura la vida en comunidad como un estado de excepción, lo excepcional como cotidiano. La convivencia democrática es vivida como el riesgo de quedar a merced del enemigo.

El estratégico engaño deliberado y la obediencia piramidal -propio de la guerra- aplicado a la organización de una comunidad inevitablemente derivan en modos militaristas que comienzan a impregnar las relaciones sociales: acatamiento, descalificación del disenso, tendencia al pensamiento único, verticalismo, mando personalizado, supresión de la discusión… La política militante. La libre expresión de ideas deja su lugar a la necesidad de triunfos ideológicos. Ideas que difieran del dogma son funcionales al enemigo. Las ideas como bandos. Las ideas binarias. O adhieren a la autoridad o conspiran contra ella. La lógica de la guerra aplicada a la vida en sociedad genera formas autoritarias: la autoridad como imposición. La autoridad no brota de la experiencia reconocida, sino de la fuerza para subordinar. El riesgo de la distorsión fascista del concepto de autoridad.

La guerra es un vínculo que llega a su extremo de máxima exclusión: matar al otro. Aceptar el vínculo implica convivencia. Vivir con el otro. Reconocer el vínculo es incluir al otro. Y capacidad de inclusión implica capacidad de diálogo. Escuchar al otro y ser escuchado. Exponer la propia percepción y atender a la percepción del otro.

La deuda de inclusión

La fase XII deja en evidencia –de un modo que rebalsa cualquier intento de evitarla o negarla- la exclusión social que ha generado el sistema desde décadas y que el proceso democrático iniciado en 1983 no ha sabido corregir y que incluso, más allá de sus intenciones, ha contribuido a agravar. Producto de sucesivas crisis, planes económicos fallidos o que deliberadamente han subestimado costos sociales a favor de la estabilidad y el crecimiento macroeconómico, millones de argentinos (y que ya incluye más de una generación) permanecen fuera de toda expectativa de pertenecer al sistema, son expulsados hacia una marginalidad de subsistencia que ya no puede ser contenida con políticas asistencialistas. Esa exclusión endémica del circuito del trabajo y de toda posibilidad de progreso social ha derivado en la explosiva situación de la combinación de consumo de drogas de máxima toxicidad y el delito como supervivencia. No parece haber posibilidad alguna de tocar la profundidad de las soluciones a la inseguridad y las adicciones sin hacer contacto con la gravedad patológica de la exclusión social a la que parecemos estar habituados como sociedad. Y en tiempos de XII, el desborde y la degradación quedaron de manifiesto en hechos como la toma del parque Indoamericano de Buenos Aires en diciembre 2010 y de terrenos en la provincia de Jujuy en agosto de 2011, con grupos de personas enfrentándose con palos y con armas sin ninguna contención policial o de representantes de la autoridad institucional. En ambos casos el saldo fue de muertos, hoy casi olvidados.

Los tiempos de Saturno transitando la casa XII son propicios para que emerjan los supuestos inconscientes que sostienen nuestras creencias acerca de la realidad. Representan momentos de expansión de la sensibilidad perceptiva y de disolución de los bordes rígidos de aquello que nos estructura. Afecta a lo que creemos “real” y deja expuesto el condicionamiento de nuestras verdades. Y así Saturno en fase XII también representará la oportunidad de que esos supuestos perceptivos maduren, de reconocer sus contenidos más regresivos y animarse a frustrarlos para que se revelen niveles menos ilusorios y por lo tanto más sólidos de responder a la realidad. Finalmente, tal experiencia de agotamiento de hechizos redundará luego en el tránsito de Saturno sobre Júpiter natal apenas cruce el Ascendente: la oportunidad de madurar nuestros valores, ideas, y creencias.

Colaborar con tal desafío de madurez exige la mayor transparencia posible en la circulación de la verdad. Animarse a no ocultar lo que es percibido, aunque parezca contradecir lo que creemos. Atender a lo que se percibe mucho más que a lo que se cree. La necesidad de creer oculta a la verdad. La necesidad de que la realidad coincida con las creencias descalifica la percepción y en casos patológicos la niega. La sensibilidad perceptiva conmueve a las ideas organizadas. Neptuno conmueve a Júpiter. El realismo saturnino contribuye a liberarnos de supuestos a los que estamos apegados de manera inconsciente. La frustración de niveles ilusorios nos hace libre de su condicionamiento, nos expone a mayor libertad de percepción, no a menos. Lo que en un punto Saturno parece presentarnos como límite, en verdad es la habilitación a un despliegue más vasto y posible.

A mayor libertad de percepción, verdades más incluyentes. A menor libertad de percepción, ideas menos amorosas. El dogmatismo es paranoia. El fanatismo es incapacidad para vincularse. El condicionamiento de nuestros supuestos inconscientes y de nuestro anhelo de que la realidad coincida con nuestras buenas intenciones trazan los límites de nuestras creencias, la frontera de nuestras ideas a la amorosidad para incluir.

El hechizo de absoluto

En tiempos de XII  se hace explícita la sensibilidad de nuestro inconsciente colectivo a esa clave de la carta natal de Argentina sintetizada en aquel núcleo neptuniano-jupiteriano-plutoniano. Nuestro hechizo de absoluto. Contemplando atentamente las recurrencias de los hechos históricos sincrónicos a los tránsitos de Saturno por casa XII (1949-1953 y 1979-1982) se transparenta nuestra conducta colectiva bipolar: la fascinación por liberarse épicamente de una situación a la que se llega épicamente. Pasar de la exaltación al repudio, de la euforia a la depresión, del éxtasis al escarnio. El encanto por convicciones dogmáticas. Esa bipolaridad se traduce también en las políticas económicas. Una alternancia maníaca y extrema entre el “fundamentalismo de mercado” y “fundamentalismo de Estado”. Ambos polos se retroalimentan. Los desastres de uno convocan al otro como revelación salvadora, hasta que sus desastres convocan al otro como redentor. La apertura indiscriminada de la economía como salvación a la parálisis y el atraso estatista, la protección de lo nuestro como redención al saqueo de la usura del libre mercado.  Siempre se reproduce la convicción de una idea absoluta, excluyente. La fantasía de un rol absoluto del mercado, excluyente del Estado. La fantasía de un rol absoluto del Estado, excluyente del mercado.

En la excitación bipolar se anula la posibilidad de desarrollar una percepción dinámica de la relación mercado-estado en la economía, de la capacidad de articular con madurez la iniciativa privada con la iniciativa estatal. Nuevamente, aparecen las posiciones absolutas que presuponen la percepción del vínculo como batalla: combatir el capital, disolver el Estado. El hechizo del Estado recurrentemente se ha traducido en la constitución de una burocracia estatal que vive sin generar gracias a la producción o el aporte de otros. En la calidez de su fantasía se genera la ilusión de un Estado como fuente ilimitada de riqueza y bienestar para todos. Por su parte, el hechizo del mercado recurrentemente ha gestado una élite empresaria o financiera que gana sin límite y sin preocupación por una justa distribución de la riqueza. En su mágica fantasía, la ilusión es la de un mercado que, al habilitar formidables negocios para algunos pocos, producirá un derrame de abundancia hacia el resto de la sociedad.

Ambos hechizos requieren de una fe absoluta, lo cual se traduce en la necesidad de no ser controlados. Ni controlar los gastos del Estado (porque sería atentar contra el bienestar del pueblo), ni controlar rentas excesivas o tendencias monopólicas (porque sería impedir el progreso económico del país). Ambos hechizos requieren convertirse en el discurso único de la sociedad, “cirugías mayores sin anestesias” o “ir por todo”. En el juego de extremos absolutos, quienes saben cómo generar no muestran el menor interés en ocuparse de distribuir y quienes tienen grandes ocurrencias distributivas –a partir de apropiarse de lo que otro supo producir- no muestran la mínima disposición de involucrarse en la complejidad de la generación de recursos.

Pero quizá el punto más sensible de esta fase XII (que actualiza el estado del núcleo neptuniano-jupiteriano-plutoniano y nuestro hechizo de absolutos) esté vinculado con la experiencia del dolor. La elaboración de los contenidos más inconscientes de nuestro ritual colectivo de violencia y exterminio que marcara los últimos dos ciclos saturninos: 1953-1982 y 1982-2011. Como sociedad, no son tiempos para ahorrar ninguna percepción ni ninguna intuición respecto a nuestra relación con la violencia, ni para dejar de animarnos a incluir todo el dolor posible. No es tiempo (como no lo fue el anterior período de XII de 1979-1982) para refugiarnos en ideas si percibimos que habitándolas bloqueamos el contacto con el sufrimiento de algún argentino. No es momento para evitar el sentimiento compasivo a favor de seguir sosteniendo la imagen que tenemos de nosotros mismos. El desafío es ser capaces de incluir todo el dolor posible, de tener el coraje de la compasión. Y para eso será necesario disponernos con consciencia a disolver el hechizo destructivo que impregna nuestro corazón, el poder del miedo que nos lleva a justificar crueldades, a insensibilizarnos al dolor del otro fascinados con epopeyas de purificación y salvación. El encanto del sacrificio redentor como narcótico a la conmoción del contacto humano directo.

La polarización creciente de los últimos años, la reaparición del pasado excitando las voluntades, quizás estén ofreciendo una posibilidad de curación en el alma colectiva. Quizás provean lo necesario para consumar la experiencia de tanto sufrimiento, reconociéndola y asumiendo responsabilidades. Quizás tenga el sentido de agotar las posiciones más rígidas y dogmáticas respecto a nuestros años de violencia para que aflore un nuevo contacto sensible que sume compasión a la necesidad de justicia. Quizás represente el tiempo oportuno para sensibilizarse a la tragedia que protagonizamos como sociedad de un modo que no era posible hacerlo antes, una expansión de sensibilidad consciente capaz de percibir más profundas y más humanas complejidades.

La transversalidad del dolor

El tiempo de XII de nuestra experiencia colectiva iniciada en 1983 representa el gigantesco desafio de ser transversales en el dolor. Reconocer el dolor del otro y dejarnos atravesar por él. Disolver el hechizo de que el dolor sea propiedad de una facción, de que sólo valga “nuestro dolor” y que el dolor del otro sea una especie de “merecido castigo”. Renunciar a la fascinación de ser víctimas y al poder que nos otorga. Ser transversales en el dolor es ser capaces de incluir todo el sufrimiento que nos infligimos. Asumir la responsabilidad de acciones y pensamientos, renunciando a toda justificación ideológica del sufrimiento del otro. Ser sensibles al dolor provocado a partir de acciones que se pretendían justas. Ser transversales en el dolor es un portal a la compasión y al perdón.

El caso de Victoria Donda y su hermana Eva es un símbolo de nuestras heridas colectivas. Todo movimiento que puedan hacer ellas en su relación tendrá un profundo significado en la elaboración del pasado de nuestra sociedad. Sus padres se sumaron a la lucha armada revolucionaria en los ´70 y fueron detenidos y trasladados a la ESMA. Permanecen desaparecidos. La hija mayor de ambos, Eva, fue criada por su tío, hermano de su padre y oficial naval que operaba en la misma ESMA, hoy condenado a cadena perpetua. Victoria nace en cautiverio y es entregada a una pareja vinculada a la Armada quienes la crían como propia. En su adolescencia Victoria comienza a participar en la actividad de Derechos Humanos y descubre su identidad. Sus padres adoptivos hoy cumplen condena por apropiación de bebés. Victoria lo cree justo y, al mismo tiempo, los visita regularmente a la cárcel. Victoria reconoce ambas cosas: la responsabilidad en un crimen de esa pareja que la adoptó y el amor con el que la criaron. Parece imposible, pero Victoria lo hace. Sin embargo, el vínculo con su hermana no ha podido ser recuperado. Eva sigue reconociendo a su tío apropiador como padre. Afirma estar cansada de ser víctima y no quiere alterar su historia familiar construida. Horror y amor indisolublemente vinculados.

Intentar contener la historia de Eva y Victoria desde interpretaciones ideológicas se siente insuficiente. Es un drama que no tolera posiciones fijas, dogmáticas y extremas. Es una historia en la que los juicios absolutos adquieren carácter de profanación. Presenta la complejidad paradojal de una tragedia griega: ninguna posición absoluta resuelve la profundidad existencial de esta historia. El vínculo de Eva y Victoria exige tolerar una tensión casi imposible de sostener. Reclama incluir y ver unido algo que produce horror y que nuestra conciencia ordinaria preferiría separar. El vínculo de Eva y Victoria representa un desafío de expansión de conciencia. Es una experiencia transpersonal, extraordinaria, sagrada. Una historia que no se resuelve desde las reacciones de la personalidad, ni las sentencias del ego separado, sino que sólo puede ser contenida por el talento del alma y su amorosidad incluyente. Donde el ego ve polos, el alma percibe vínculo.

Lo que habilita en nuestros corazones la experiencia de Eva y Victoria puede ser aplicado a una mirada de nuestra historia compartida. Invita a la compasión. Creo que es posible registrar que la historia argentina no le ahorró heridas casi a ninguno de sus habitantes. El dolor no parece tener bandos. Si somos transversales en el dolor quizás percibamos que gracias al hechizo excluyente que domina, como supuesto inconsciente, nuestro histórico modo de relacionarnos no hemos dejado de infligirnos sufrimiento unos a otros. Hemos sido víctimas y victimarios, Caín y Abel.

Nuestra tendencia a los “ismos”, nuestro encanto por los absolutos, nos lleva a creer en polos que encarnan “el bien” y polos que encarnan “el mal”. Es probable, por ejemplo, que quien reivindique a Rosas sienta que esa figura es símbolo de la defensa de los valores nacionales y que sus adversarios son muestra del egoísmo indiferente al bien común y del servilismo a lo extranjero. No obstante, es necesario y honesto que quien se asuma “rosista” incluya en su percepción el fusilamiento de una joven de 20 años embarazada de 8 meses llamada Camila O’ Gorman. Si omite la responsabilidad de ese hecho histórico está falsificando la realidad. Si el encanto de sentirme “rosista” prevalece sobre tal reconocimiento es porque mi necesidad de creer en grandes personalidades en modo absoluto es más determinante que mi capacidad compasiva. Y estoy seguro que abrir el corazón al contacto con la realidad y asumir sus consecuencias inevitablemente disolverá la identificación “soy rosista” a favor de la sensibilidad a esa tragedia. Dejará de tener sentido definirse en términos de “rosista” o “antirosista”. Y tales disoluciones son propias de tiempos de XII.

Los santos héroes

Estos climas de consumación también son propicios para asistir a nuestra atracción inconsciente por la santificación de líderes políticos (y la proyección sobre ellos de cualidades maternales-paternales) y, como contraparte, la demonización de figuras públicas (la proyección sobre ellos de la carencia de toda cualidad humana). Los tiempos de XII representan una oportunidad para ser conscientes de este encanto que opera en nuestra conducta colectiva, pudiendo responder en dirección a agotarlo o cayendo nuevamente a su embriagante efecto. Como todo encanto arquetípico, la adoración de personalidades es algo que mantiene cautiva a la conciencia tanto como le provee una excitante sensación de vitalidad.

En 2011, la experiencia de una mujer peronista asumiendo el poder necesariamente actualiza la figura de Eva Perón. Mucho más si tal identificación es estimulada por su imagen recortada como fondo de sus apariciones públicas. Y como cada vez que un contenido sensible del inconsciente colectivo es estimulado, el desafío de discernimiento es máximo, tanto como el riesgo de excitar polarizaciones. La muerte de Eva Perón se produjo en sincronicidad con otra fase XII de un ciclo de Saturno. Es decir, en un momento astrológico análogo al presente. Esto permite confiar en la necesidad de profundizar hoy en su símbolo, de liberar a esa figura de la polarización a la que fue sometida y permitir que circule en nuestras conciencias aportando otro nivel de creatividad. Reivindicarla como “santa” o condenarla como “calamidad” implica un modo viejo, repetitivo y, en ese sentido, escasamente creativo de reconocer su actuación.

¿Qué nos exige esta oportunidad de XII en la consideración de una figura como Eva Duarte? Sin necesidad de convertirla por eso en una “santa”, reconocer que su participación en nuestra historia provocó el revolucionario cambio de percibir la equidad social como una acción política, no como una tarea femenina de beneficencia. Es asumir el legado irrenunciable de una mujer que dejó inscripto en nuestro inconsciente colectivo la percepción de que allí donde hay una necesidad, hay un derecho. Una mujer enseñando desde su sensibilidad que la justicia social es un deber de la sociedad, un reconocimiento del derecho de todo individuo al trabajo, a la salud y a la educación, no una actividad marginal librada a la buena voluntad de damas caritativas.

Al mismo tiempo, sin necesidad de juzgarla como una “calamidad”, reconocer el intransigente fanatismo, el culto a la personalidad de Perón hacia el que sólo admitía una adhesión incondicional, el fundamentalismo de una visión que no tolera ser puesta en duda, que combate a sus objetores como enemigos, y que exige dar la vida. Pocos días antes de morir redacta “Mi mensaje”, un texto desesperado y sincero, en el que se expone sin velos:

“…Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran. Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos sí. Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia. Me gustan los héroes y los santos. Me gustan los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo. El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte…”.

Con la distancia del tiempo y de los dos ciclos saturninos transcurridos, tenemos la posibilidad de ver en simultáneo ambas dimensiones de su figura. Más aun, tenemos la responsabilidad de no repetir el mismo nivel de polarización que hechizó a la conciencia colectiva de su época y de habilitarnos una mirada incluyente que haga aún más universal y efectivo el don de Eva Duarte en nuestra sociedad. ¿Cuáles son las ventajas de que circule en nuevas generaciones de argentinos el mensaje del fanatismo como virtud? ¿Por qué deberíamos privarnos del estímulo a ser sensibles a las necesidades de los desposeídos? ¿Es necesario que la solidaridad social y la sensibilidad a los excluidos que inspira la figura de Evita se divulgue en un discurso confrontativo y maniqueo? Y suponiendo que ese modo beligerante de responder al anhelo de justicia social fuera un alto condicionamiento al que estaban sometidas las conciencias de mediados de siglo XX, ¿lo requiere así el mundo del siglo XXI? Nuevamente, abrir el corazón manteniendo contacto con lo que ha habilitado su figura en nuestra historia, sin cristalizar nuestra percepción en polos extremos, tendrá como efecto una natural disolución de la necesidad de santificarla o demonizarla.

Renunciar a justificar la muerte del otro

Nuestra fascinante atracción por los absolutos, la excitación por la sensación de poder que proveen las convicciones cerradas, la necesidad de creer en “ismos”, hace que resulte todo un desafío de coraje responder a la sensibilidad compasiva. Los tiempos de XII son oportunos para abrir esa dimensión sensible, pero al hacerlo será inevitable tomar conciencia de supuestos que la bloquean y que están vivos en nuestro inconsciente colectivo.

Ser transversales en el dolor aparece como una necesidad en determinado momentos del proceso de la propia herida. La crueldad de la última dictadura y el horror de sus consecuencias están siendo saldadas en la justicia. Y en tiempos de XII hemos asistido al reconocimiento público de Videla de que aquellas acciones que condujo fueron delitos. Y es crucial no convertir a esos militares en chivos expiatorios que purgan culpas que, en verdad, pesan en la conciencia de la sociedad. La aparición de esa oscura purificación, la orden de “exterminar el accionar subversivo”, fue la respuesta de una sociedad con miedo, polarizada en las creencias cerradas del fundamentalismo del orden. En ese miedo, matar deliberadamente a otro ser humano aparece justificado. Sin embargo, lo más difícil es aceptar que la voluntad de aquella juventud idealista de los ´70 también estaba gobernada por un fundamentalismo revolucionario que cobijaba la oscura fascinación de la muerte purificadora. El desafío de compasión que sugiere ser transversales en el dolor exige reconocer la justificación de la muerte que implican los ideales que alimentaron la violencia política de los ´70. Esos ideales de un mundo nuevo que rescate el valor de la vida y que repare el sufrimiento humano, en verdad, también expresaron un desprecio por la vida y generaron más sufrimiento. Y esta es una paradoja muy dolorosa de asumir conscientemente.

Cada muerte tiene un nombre, una historia. Cada muerte ha marcado muchas vidas. Cada muerte invita a la compasión, a la valentía de renunciar a todo intento de justificarla. Algunas voces han surgido en esta dirección. Cuentan con el valor de la autoridad de haber vivido y sufrido los hechos. Durante los 2000, Oscar Del Barco -filósofo y militante revolucionario en los ´70-  hizo oír su voz:

“…Ningun justificativo nos vuelve inocentes. No hay “causas” ni “ideales” que sirvan para eximirnos de culpa. Se trata, por lo tanto, de asumir ese acto esencialmente irredimible, la responsabilidad inaudita de haber causado intencionalmente la muerte de un ser humano…”.

Y en 2012, Norma Morandini, hermana de dos desaparecidos, escribe en su libro “De la culpa al perdón”:

“…Si los años setenta no pueden reducirse sólo a la lógica de la violencia, tampoco pueden glorificarse. El relato que seamos capaces de forjar no puede ser prisionero de la mentira ni del oportunismo político, que se asemeja mucho a la falsificación histórica. Restan las razones más hondas, encuadradas como dilemas morales. Ningún fin, ningún ideal, puede servir como atenuante para eludir las responsabilidades que cada uno pudo tener en la tragedia colectiva. Cuánto más si se causó de manera intencional el sufrimiento de otros. O la muerte, tan exaltada como valor en la cultura revolucionaria…”.

Esa desvalorización de la vida, esa subordinación de la vida a otros valores (nacionalistas, económicos, religiosos, revolucionarios, etc.), esa indiferencia al dolor ajeno en virtud al apego a imágenes idealizadas (más egoístas o más solidarias), recorre nuestra historia, con variedad de matices ideológicos, políticos o de clase. Y parece que requerimos llegar a situaciones de gravedad trágica para registrarlas conscientemente. Como si fuera necesario llegar a extremos de catástrofe para adquirir sentido de realidad. Fue necesaria la experiencia extrema de la guerra de Malvinas para ver la sombra del poder militar, fue necesario el martirio del soldado Carrasco para ver el sometimiento y los abusos del servicio militar obligatorio, fue necesaria la tragedia de Cromagnon para ver la inconsciencia de prender bengalas en lugares cerrados y la laxitud de los controles legales. Y hoy es necesario sentirnos víctimas de la más irracional delincuencia para ver el grado de exclusión, marginalidad y descomposición social al que parecen condenados millones de nosotros.

Lejos de la compasión, allí somos capaces de rozar la impiedad. De desear el sufrimiento del otro. De disfrutar con su padecimiento. Desde el “viva el cáncer” que alguien pinto en una pared mientras Eva Duarte agonizaba, pasando por la perversa campaña de autoadhesivos con la inscripción “los argentinos somos derechos y humanos” lanzada en un momento de secuestros y desapariciones de personas, hasta llegar a la sórdida humorada de llamar “operación Traviata” al asesinato de Rucci o de ofrecer la “tabla de fiambres Pedro Eugenio” en un progresista restaurante temático de Palermo.

El perdón y el círculo del dolor

En los últimos tramos de Saturno por la XII el tema de los Derechos Humanos cobra relevancia. Fue protagónico en todo el proceso de la democracia inaugurada en 1983 y no puede dejar de ser significativa su síntesis en estos tiempos de consumación. ¿Por qué tendríamos que temer incluir todo el dolor posible? ¿Por qué necesitamos dejar sufrimiento afuera? Los hechos muestran que los derechos humanos exceden los intereses o la visión de una facción, que son universales. Ningún partido que se proponga como alternativa de poder puede ya excluir el tema. Es necesario que cada candidato explicite su política de Estado respecto a derechos humanos, hacia el pasado y hacia el futuro. Siendo universales, no pueden ser temas que sólo interesen a la izquierda. Omitir expresar una posición es perjudicar el proceso de la conciencia colectiva, es dejar librado su desarrollo a los riesgos de la lógica arquetípica del inconsciente colectivo, o nos acerca a una peligrosa negación.

Hemos asociado justicia con castigo y perdón con olvido. Y quizás valga revisarlo. Es necesario que quien ha cometido un delito asuma su responsabilidad y que se le imponga una condena. Sin embargo, la necesidad de que el culpable sea castigado delata una carga. Pedir castigo, aspirar a que el sentenciado “se pudra en la cárcel”, es un sentimiento demasiado próximo al deseo de sufrimiento. Necesitar que el culpable sufra nos aleja de la justicia y, sin darnos cuenta, nos aproxima a la impiedad de quien nos ha provocado dolor. Es crucial diferenciar el pedido de justicia (esto es, de reconocimiento de los actos cometidos y de asumir responsabilidad por sus consecuencias) del pedido de castigo, y dejar de tomar a justicia y castigo como sinónimos.

Justamente, el perdón no es la disposición a olvidar, sino la renuncia a castigar. El perdón sólo puede brotar de la justicia. El olvido anula la posibilidad del perdón. Pero, gracias a la justicia y a la memoria, surge el auténtico reto de perdonar: ofrecer el no castigo, renunciar a la ilusión de que el sufrimiento del otro repare el propio dolor, romper el círculo de la venganza y liberarse del odio. Es quien perdona el que se libera. Es el perdonado quien carga con un compromiso de gratitud en su conciencia al que debe ahora honrar.

La justicia no necesita prescindir del perdón. Con el perdón, la justicia llega a su consumación. Pero para que exista justicia es necesario que no haya olvido ni castigo. Si hay olvido, la justicia se torna impunidad. Si hay castigo, la justicia se torna revancha. El círculo de la justicia requiere conocer qué ocurrió, quiénes fueron responsables, asumir consecuencias y decidir no castigar. Gracias a haber agotado todo un ciclo de experiencia sostenida en aquella asociación de “juicio y castigo” y en la necesidad de que no hubiera “ni olvido, ni perdón”, quizás en sincronicidad con los tiempos de XII hoy pueda ir revelándose la oportunidad de que exista  juicio y perdón, en contacto con la verdad de lo vivido y sin que sea necesario ni olvido, ni castigo.

Epílogo

Finalmente, luego de tanto énfasis en la cualidad de agotamiento, consumación y renuncia propia de los tiempos de XII, vale preguntarse acerca de lo nuevo. Y para eso propongo atender a una cuestión que hace a propósitos, anhelos y hechizos ya no personales, sino generacionales. El ciclo que termina surgió del agotamiento de un poderoso hechizo: el de los militares como reserva moral de la Nación. Y podríamos asociarlo con los anhelos de una generación Plutón en Cáncer: poder y patria, guerra y pertenencia, muerte y seguridad. ¿De la consumación de qué otro fascinante contenido inconsciente estará emergiendo el próximo ciclo? ¿Los supuestos imaginarios de qué generación son los que están agotándose? La generación Plutón en Leo está protagonizando su tiempo de transformación del valor del individuo, el poder del carisma personal, la capacidad de la voluntad individual para destruir el viejo orden. La experiencia de la generación Plutón en Leo gira en torno del excitante poder de la subjetividad: el triunfo de la voluntad individual para fundar la historia.

La inexorabilidad del tiempo biológico indica que esa experiencia generacional está agotándose y dando paso a otras dos generaciones que ya van reclamando -y cobrando- protagonismo: las de Plutón en Virgo y Plutón en Libra. Se trata de otro tipo de discursos, de otras valoraciones de los hechos y otras miradas del pasado y del futuro. Otro modo cualitativamente distinto de entender el poder y de ejercerlo, de percibir la dinámica de la historia y su complejidad…

A menos que opere el hechizo de permanecer en lo que en verdad ya no tiene vitalidad, reproduciendo lo viejo, repitiendo la historia en un tiempo distinto, frustrando la revelación de lo creativo.

(Fin)

https://alejandrolodi.wordpress.com/2012/07/08/seminario-gira-democratica-y-misteriosa-cuarta-parte/

https://alejandrolodi.wordpress.com/2012/03/28/seminario-gira-democratica-y-misteriosa-tercera-parte/

https://alejandrolodi.wordpress.com/2012/03/15/seminario-gira-democratica-y-misteriosa-segunda-parte/

https://alejandrolodi.wordpress.com/2012/03/08/seminario-gira-democratica-y-misteriosa-1ra-parte/

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Responses

  1. Bueno … ha sido un largo viaje leerte y ahora necesito aterrizar y dejar que todo esto encuentre lugar dentro de la razón de mi corazón. Ciertamente sentí la apertura de dejarme ser tocada por esta mirada reparadora e integradora de la realidad … gracias
    por tu inspiración, gracias por compartir! Patricia O

  2. Alejandro: gracias por darle forma en palabras a miradas que voy teniendo de nuestra realidad.

  3. Ale una vez más aplaudo tu claridad expresiva en un tema delicado como este, en donde es indispensable tomar conciencia de nuestros fantasmas y hechizos colectivos. Comparto tu mirada y reflexión.
    Abrazo y gracias.

  4. “Hay que recordar, para no repetir, o se terminará repitiendo, para no recordar”. [S. Freud]. Tu lectura nos ayuda a digerir nuestro complejo pasado. Gracias por la energía y el trabajo que dedicaste.

    • Seguiremos compartiendo, recordando y acaso no repitiendo. Abrazo

  5. Simpre tan claro y profundo. Gracias por ayudarnos a entender el pasado y el presente, ya que comprendiendo es más facil digerir ciertas cosas.

  6. Un abrazo enorme,admiro tu claridad y “amorosidad” en la explicación.Se te extraña

    • Gracias Daniela. Confio que volveremos a encontrarnos pronto. Abrazo

  7. Alejandro, muy clara la lectura…larga,dolorosa y amorosa, es inevitable ir pasando por los distintos climas y rescatar personalmente tus palabras sobre “el dolor y el círculo del perdon”. Muchas gracias. Un fuerte abrazo. Liliana.

    • Gracias Liliana. Seguiremos intentando dar significado a los hechos. Abrazo

  8. Gracias por tu tiempo, dedicacion y esfuerzo para ayudarnos a comprender nuestra compleja argentinidad.

  9. Gracias Ale por tu trabajo impecable en el análisis de nuestra realidad argentina desde esta mirada de su energía cósmica. Tu capacidad de síntesis y claridad y de relacionar hace posible la comprensión de este tema tan complejo para nosotros los argentinos, pero no por complejo menos importante y relevante en nuestros cuestionamientos diarios sobre nuestra compleja realidad.

    Un placer leerte siempre. cariños, Kiki

    • Gracias Kiki. Seguiremos compartiendo percepciones acerca de nuestra creativa complejidad. Un abrazo

  10. Qué le puedo decir, Lodi? Impecable como siempre!! Salteando lo astrológico puro, incomprensible para los “out of the code”, es para publicar en un Diario. Es una contención para todos los ciudadanos. Gracias. Monika Citron

    • Gracias Monika. Qué bueno encontrarnos otra vez. Seguiremos en contacto. Un abrazo

  11. Ale, qué te puedo decir, como siempre me sorprende mi ignorancia sobre los hechos como un todo y no como hechos aislados, como siempre me sorprende su percepción, tu claridad y tu profundidad. Me desborda la cantidad de información que llega y ver caer velo tras velo. Por suerte, las palabras son irrelevantes, dado que me cuesta tanto encontrar los términos justos para expresarte lo que siento cuando nos transmitis estas notas. Sólo te agradezco mucho lo que nos das, más allá de los hechos históricos, y sólo me resta pedirte que no dejes de escribir, la fluidez con que lo haces no es común amigo mío, la astrología se hace diafana en esos renglones.
    Bueno, no te digo más nada porque te vas a agrandar mucho (chiste).
    Abrazo de oso polar. Cristina Caamaño

    • Gracias Cristina. Me hace feliz que sientas eso. Me hacen bien tus palabras. Abrazo

  12. Que decir Alejandro del hermoso broche de oro que le has dado a este seminario!!. Me conmovió tu llamado a la compasión, tu invitación a sufrir con el sufrimiento del otro y a perdonarlo, que es sin dudas enfrentarnos a nuestro propio monstruo interior y perdonarnos a nosotros mismos.
    Y si bien seguimos en momentos difíciles, de mucha polarización y hechizos, hay que remarcar que esta vez no necesitamos pasar por una guerra cruel y despiadada para derribarlos. Siento que todavía nos queda atravesar muchísimo dolor en nuestro aprendizaje, y quizás nos esté esperando agazapado a la vuelta de la esquina. Pero me alienta ver y sentir que hay consciencias que se van despertando para el verdadero cambio. Como el caso de Victoria Donda que mencionaste, como el del uruguayo Alejandro Corchs – otro niño víctima de la represión en el país hermano – y como muchos otros más que seguramente irán saliendo a la luz y que no están dispuestos a eternizar la rueda de dolor que alimenta la sed de venganza.
    A pesar del hastío de la gente ante tanta intolerancia, tanta arbitrariedad e impunidad que hay en nuestros dirigentes, al ciudadano común ya no le seduce tomar un arma para construir un mundo conforme sus deseos, ni tampoco añora que un grupo de iluminados lo hagan por ellos. Pienso que es un gran avance. Sin dudas tu aporte intelectual apoya y estimula este camino. Por último quería agradecerte el enorme honor de haberme invitado a participar del grupo de reflexión. Para mi fue una hermosa experiencia que espero se repita. Te mando un gran abrazo!!

    • Gracias Diego por tu generosidad. Espero que sigamos compartiendo nuestra experiencia argentina. Abrazo

  13. Muy buenoooo Ale realmente hace navegar junto a tus escritos. Me gusto mucho tu definicion de perdon como…”renuncia a castigar”… Tan claro y tan dificil de hacerla real, humanamente en serio, pero posible si nos dejamos permear por estas nuevas energias.
    Gracias por mantener un contacto compasivo con nuestra historia y nuestro crecimiento como pais.
    Namaste josefina

    • Gracias Josefina por tu sensibilidad. Seguiremos disfrutando compartir percepciones. Abrazo

  14. HAGO MÍA LAS CONSIGNAS DE LAS” MADRES”:ni olvido ni perdon,juicio y castigo a todos los culpables.Nunca persiguieron la vengaza,Lo que vos decís se parece demasiado a”borrón y cuenta nueva”,Las justicia conlleva un castigo por los crímenes cometidos y el perdon es de DIOS.

    • Gracias Adolfo. Coincido en que “borrón y cuenta nueva” sería olvido. Por el contrario, incluir todo el dolor el posible, no dejar fuera ningún sufrimiento infringido a otro argentino, no justificar muertes. No borrar nada y recordar todo. Recordar y decidir no castigar. Abrazo

  15. Excelente trabajo, tu capacidad de síntesis y tu sensibilidad para percibir la realidad resuenan muy profundo dentro mío. Hasta ahora solo había escuchado esta perspectiva de unirse a traves del dolor y el perdón de parte de Caparrós; me alegra profundamente que vaya creciendo esta mirada Humana entre hermanos de mi país.
    Por otro lado, no deja de llamarme la atención la sutil elección de las pinturas de Xul Solar, creador de la “Panlengua” entre otras tantas genialidades, para ilustrar la nota. Resumiendo, un placer para el alma leer esta calidad de reflexiones. Un abrazo, Laura

    • Gracias Laura. Desconocía los comentarios de Caparrós. Es clave que esa nueva mirada no sea sólo “una nueva idea acerca de”, sino que brote de agotar hasta el hastío nuestro hechizo violento y poco piadoso. Sinceramente, creo que sólo puede ser trans-ideológico. Respecto a Xul, nada más apropiado para ilustrar climas de XII. Abrazo

  16. Hemos asociado justicia con castigo y perdón con olvido. Y quizás valga revisarlo. Es por ahi yo se que es por ahi y saber que la vida vale mas que una idea sea tanto de derechas como de izquierdas como me cuesta no asociar trato trato juro que trato….. a medida que pasa el tiempo parece ser que lo voy asimilando gracias gracias ale como siempre…
    marta morandini


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