Posteado por: alejandrolodi | 4 agosto, 2012

Seminario “Gira democrática y misteriosa” (versión completa)

Un ciclo de Saturno en la historia argentina (1982-2011)

Alejandro Lodi

(Agosto 2012)

Presento aquí la versión completa del seminario “Gira democrática y misteriosa” que intenta abordar el ciclo de Saturno a la carta natal de Argentina iniciado en 1982. El material tiene como base el contendido del encuentro realizado en la Escuela de Lenguajes Simbólicos, dirigida por Beatriz Leveratto, el 16 de agosto de 2011. Agradezco a Eugenia Gabrielli por el entusiasmo en su impecable tarea de trascripción del audio de aquella reunión.

Introducción

Antes de zambullirnos en cómo puede estar afectándonos el presente inmediato vamos a tratar de inscribirlo en una perspectiva de tiempo. Creo que esa es la riqueza de la astrología. No usarla para confirmar nuestras impresiones más afectivas sino, justamente, atenuar nuestras reacciones emocionales significando lo que nos ocurre en el presente dentro de un contexto cíclico. En este sentido, lo que haremos no es distinto a la lógica que usamos para analizar una carta individual. Si tenemos un consultante afectado por una situación que lo tiene angustiado o excitado seguramente intentaremos que pueda percibir que esa experiencia -que cree definitiva y absoluta- está inscripta dentro de un orden. El presupuesto de la astrología es que nada puede ocurrir que no pueda ser significado en una lógica de proceso, todo lo que ocurre forma parte de un patrón cíclico y poder ver esa experiencia dentro de un proceso es la clave para comprender el desafío del presente. Por eso, vamos a estar muy atentos a no caer en la polarización de ver “qué posición tiene razón”. No se trata de inhibir nuestras opiniones sino de intentar sostener la percepción de que lo que está ocurriendo hoy en nuestro país forma parte de un orden cíclico.

Entonces, la propuesta de hoy es tomar este presente como un momento clave: estamos en pleno contexto de inicio de un ciclo de Saturno a la carta natal de Argentina. Vamos a tratar de seguir la pista de qué puede estar pasando con este tránsito de Saturno por el Ascendente, intentando comprender el proceso que está terminando. Vamos a abarcar la totalidad del ciclo saturnino iniciado en 1982. Vamos a hacer un recorrido por los últimos treinta años de la historia argentina.

Por supuesto, este no es un tránsito de Saturno en abstracto, sino a una carta natal específica. Es el cruce de Saturno sobre un Ascendente en Libra. Como en el caso de una persona, Saturno transitando un Ascendente en Libra está actualizando la respuesta de esa conciencia –en este caso colectiva- al desafío de aprender Libra: el arte de ser con otro, saber vincularse, reconocer que el propio destino, antes que individual, singular y autónomo, es vincular, plural y compartido. Y esto ya está proponiéndonos una profunda meditación. ¿Cuál es el grado de nuestra conciencia colectiva actual para aceptar que el destino argentino es vincular, plural y compartido?

Recordemos que todo Ascendente en Libra tiene la casa VII en Aries, con lo cual hay un largo recorrido de la conciencia respecto a cómo significar los vínculos, porque al principio van a aparecer como fuente de conflicto y de pelea. En la base del desarrollo de la conciencia del Ascendente en Libra, en un comienzo, el otro va a aparecer como alguien que se opone a lo que soy, el otro va a ser alguien que tengo que derrotar o excluir. Y podríamos preguntarnos entonces qué es casa VII en Aries. Lo más excelso del desafío VII en Aries está en la necesidad de ser valiente para vincularse. Acá el coraje hay que mostrarlo, no para derrotar a un enemigo, sino para desistir del juego amigo-enemigo y vincularme con el “otro” diferente. Vincularse con el otro diferente es un desafío de valentía y de coraje gracias al cual es posible desarrollar el aprendizaje de relacionarse con otros. Fíjense la distancia que hay entre la oferta más madura de Aries en VII y la interpretación y el significado más reactivo. En todo Ascendente en Libra hay un largo proceso de aprender a vincularme con aquello que en principio prefiero excluir, enfrentarme y ver como opuesto a lo que soy. Descubrir que en verdad soy con “ese” otro, y no porque coincide conmigo o me da la razón, sino justamente porque me lleva la contra.

Conciencia de polaridad y polarización

En todo destino de un Ascendente en Libra está presente el tema de la polarización. Y aquí la clave es discriminar conciencia de polaridad de polarización. Es muy fácil confundir “polaridad” con “polarización”. En la escala individual esa confusión puede ser dolorosa, pero en la escala colectiva suele ser trágica.

La conciencia de polaridad sería la de que la realidad está constituida por dos polos, dos principios: todo surge del vínculo entre un principio activo y un principio receptivo, un principio positivo y uno negativo. Lo recordarán como uno de los principios herméticos de “EL Kybalion”. En términos sociales podríamos hablar de una tendencia hacia la renovación y una tendencia hacia la conservación. La dinámica de una sociedad está sostenida en estos dos polos en constante vínculo: cambio y preservación.

Por su parte, la polarización es una percepción distorsionada de esa circulación, el hechizo de percibir esa dinámica como un antagonismo excluyente entre ambos polos, la traducción de esa interacción creativa como un conflicto que sólo se resuelve con la hegemonía absoluta de uno de los dos polos sobre el otro. Es la oscura fascinación del “triunfo absoluto de la luz sobre la sombra” que pondría fin al sufrimiento. En nuestra historia se refleja cómo ese núcleo neptuniano-plutoniano de la carta natal de Argentina nos hace muy sensibles a esa fantasía de absoluto, al encanto de sentir que alguien en particular encarna objetivamente el “absoluto mal” y otro (junto con nosotros, claro) encarna el “absoluto bien”. Y encarnar el “absoluto bien” implica de inmediato el compromiso de salvar, purificar y asumir la responsabilidad de “exterminar el mal”.

Teniendo presente esta última definición, los invito a analizar el ciclo que comienza en 1982, último tránsito de Saturno por el Ascendente de Argentina, considerando la fase XII del ciclo anterior.

La fase de XII de un ciclo es el momento para tocar hechizos, para hacer contacto con supuestos perceptivos inconscientes y colectivos que están operando en mí (en la escala de una carta individual) y en la conciencia de la sociedad (en la escala de la carta de un país). Por eso, la fase XII es crucial para poder responder al desafío del arranque en la fase I. La fase I no surge por generación espontánea, sino que emerge de la capacidad de agotamiento que haya habido en la fase XII. Si esa capacidad de agotamiento resulta baja, entonces el nuevo impulso de fase I surgirá con adherencias del pasado que condicionarán la creatividad del proceso que comienza. Este es un patrón cíclico general, aplicable a cualquier planeta.

Ahora bien, en el caso específico de Saturno, su ciclo tiene que ver con  procesos de maduración. Todo contenido ilusorio acerca de qué es la realidad que no haya sido debidamente agotado en fase de XII quedará adherido (podríamos decir, como residuo kármico) al desarrollo de la conciencia saturnina que se iniciará en fase de I. Por eso es fundamental, antes que esperar “que la XII pase rápido así arrancamos con la I…”, comprometerse con los tiempos de la XII y disponerse a hacer contacto con todos los hechizos que constituyen aquello que creo que es realidad. Por supuesto, nadie sabe “qué es la realidad” y todos tenemos cierta percepción de lo real. Pero lo que nos dice la XII es que necesariamente esa percepción de la realidad tiene condicionamientos y supuestos inconscientes que la configuran sin que nos demos cuenta. En la medida que limpiamos supuestos y hechizos podemos dar una respuesta de la realidad menos cargada de fantasía, nunca “el” contacto con la realidad. Siempre nuestra conciencia va a expresar una cierta manera de significar la realidad, no de saber qué es. Y el tránsito de Saturno por la XII marca el tiempo de esa depuración de supuestos perceptivos, de hacer consciente su nivel de fantasía y agotar su vitalidad. Esa purga de hechizos respecto a lo real es lo que permitirá una respuesta renovada cuando el pasaje a la fase I marque el inicio de un nuevo ciclo de Saturno.

Fase XII del ciclo saturnino anterior

Antes de comenzar a recorrer el ciclo de Saturno de 1982, vamos a considerar la fase XII de la que emerge. Esa fase XII del ciclo saturnino previo se inicia en agosto de 1979.

En esos momentos el régimen militar estaba en su “esplendor”. Recordemos la euforia del Mundial de Fútbol, el espejismo de la “plata dulce”…De haber existido encuestas, seguramente la imagen positiva de Jorge Rafael Videla habría superado el 50%. Sé que es antipático recordarlo, pero era así.

Parece ciencia ficción, pero en el año 1979 Massera, en el pleno poder, estaba armando un partido político. Esperaba sumar al peronismo y gestar una “nueva democracia” que surgiría una vez que se retire el régimen militar. Aspiraba a diferenciarse de los generales y emerger como “un nuevo Perón”. Su partido se llamaba “Partido de la Democracia Social”… como para dejar en claro su disposición a ser sensible a los problemas  sociales del país… (risas).

Perversamente jugaba con la noción de “social democracia”…

Que era el movimiento en auge en Europa a finales de los ´70.

Entonces, esa era la situación histórica. Y en agosto de 1979 Saturno inicia el tránsito por la XII, comienza el tiempo de agotar supuestos y hechizos acerca de la realidad. ¿Y qué apareció? En septiembre de 1979 visita la Argentina la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

José María Muñoz, el relator de fútbol más popular (el Víctor Hugo Morales de la época) pedía a la gente que fuera a tocar bocina frente al edificio de la OEA, en Av. de Mayo, donde esa comisión recibía a aquellos que quieran denunciar el secuestro de sus familiares. Eran cuadras de gente haciendo cola para ofrecer información sobre desaparecidos, mientras otros festejaban el triunfo del seleccionado juvenil de Maradona demostrándole a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que “los argentinos somos derechos y humanos”.

En fase XII surge el tema de los derechos humanos. Y esto fue absolutamente novedoso. Algo que hasta ese momento era propio de los partidos políticos, comienza a amplificarse con esa visita de la comisión de la OEA y, por supuesto, con la ronda de las Madres de Plaza de Mayo. Los derechos humanos aparecen como clave política, como un movimiento trasversal que atraviesa las diferentes posiciones partidarias que reclaman democracia. Los derechos humanos emergen como categoría universal. Creo que es importante recordarlo, porque hoy la temática de derechos humanos queda identificada casi exclusivamente con dos nombres propios: Hebe de Bonafini y Estela de Carloto. Pero en aquellos días muchos fueron los que empezaron a participar en organizaciones como Asamblea Permanente de Derechos Humanos, Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, Cels (Centro de Estudios Legales y Sociales), Serpaj (Servicio, Paz y Justicia). Nombres como el de Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz en 1980), María Adela Antokoletz, Nora Cortiñas, Graciela Fernández Meijide, Emilio Mignone, Augusto Conte Mc Donell (dirigente del Partido Demócrata Cristiano y padre  de un hijo desaparecido que se transforma en referente y en la elecciones de 1983 obtiene la enorme cantidad de 80.000 votos y asume como diputado), rabino Marshall Meyer, obispo Jaime De Nevares, obispo Novak, Monseñor Hesayne, Eduardo Pimentel, Fray Antonio Puigjané, Raúl Alfonsín, Oscar Alende, etc., etc., etc.

Quiero que recordemos que el movimiento de derechos humanos era algo amplísimo, que incluía partidos políticos, religiones, sindicatos, y que resultó fundamental en el proceso hacia la apertura democrática que sobreviene en 1982 con el tránsito de Saturno ya sobre el Ascendente. Marchas multitudinarias, que reunía no exclusivamente a las víctimas, a los militantes, o a los que ya estaban convencidos, sino a gente sin filiación política que adhería al movimiento de derechos humanos como causa ética.

Y comienza a hacerse evidente una polarización…

Absolutamente. Todo ese movimiento empezó a desbordar los límites del discurso oficial. Quiero decir, en la XIItenemos la oportunidad de ver los hechizos del discurso oficial. Y también, como reacción, se pueden jugar más fuerte los hechizos. Ya vamos a ver que hacia 1982 para sostener el hechizo del proceso militar hizo falta una guerra.

La Comisión Interamericana visitó a Isabel Perón que estaba presa. Si bien el movimiento de derechos humanos era algo subterráneo o clandestino todavía, comienza a manifestarse en niveles institucionales…

En esta época Cámpora –ídolo de la juventud actual- estaba preso en la Embajada de  México y a partir de la visita de la Comisión pudo viajar a ese país, donde finalmente muere un par de meses después. Es decir, esa visita de la Comisión Interamericana sacó a la superficie la información de que había presos ilegales o desaparecidos y eso comenzó a impregnar el inconsciente colectivo. Esa Comisión fue la que forzó la conferencia de prensa de Videla que ha quedado grabada en nuestra memoria, donde no pudo evitar la pregunta acerca de los desaparecidos. Esa imagen que hemos visto tantas veces, en donde se ve a Videla muy incómodo, haciendo esos gestos con sus manos y diciendo: “el desaparecido no tiene entidad, no está, es un desaparecido…”.

¿Recordás quién le hace la pregunta?: Magdalena Ruiz Guiñazú…

No lo recordaba… Tomemos nota de esto: Magdalena Ruiz Guiñazú, en el año 1979, le preguntaba en conferencia de prensa por los desaparecidos a Videla, en ese momento Presidente de la Nación y Teniente General de las Fuerzas Armadas.

Y hay desaparecidos que datan de esa época…

Por supuesto, seguía desapareciendo gente… Este esfuerzo que yo intento hacer de seguir todo el proceso es para adquirir sentido de realidad, evitar simplificaciones y ser sensibles a toda esa información que está en la memoria. Una “señora gorda”, de “oligárquico doble apellido” le hacía esa pregunta a Videla en ese momento. Eso pasó, es un hecho, no es un relato.

Finalmente, como desenlace de esta fase XII del ciclo de Saturno, Videla se retira del gobierno, viene la etapa de Viola y la economía comienza a entrar en crisis. La “tablita de Martínez de Hoz” deja de ser efectiva, la CGTempieza a tener una impronta muy activa. No la CGT oficial, más conciliadora con el gobierno militar, sino la que forma Ubaldini y que pasa a ser reconocida como CGT-Brasil, no por el país sino por la calle… (risas). Y fue muy activa su actuación. Se dan las primeras huelgas. Y aquí hay un hecho que marca el grado de patología o de absurdo del que es capaz nuestra sociedad. El 30 de marzo de 1982 la CGT organiza una marcha a Plaza de Mayo. La represión es tan brutal que los manifestantes no llegan a la plaza y hay una enorme cantidad de detenidos. Y el 2 de abril de 1982, tres días después, la Plaza de Mayo se llena para celebrar la toma de las Islas Malvinas… Los mismos dirigentes gremiales y políticos que habían apoyado la marcha de la CGT viajan diez días después a Port Stanley o Puerto Argentino a participar de la asunción del nuevo gobernador…

Benjamín Menéndez…

Benjamín Menéndez asumía como gobernador militar y fueron invitados, en un gesto de conciliación en beneficio de “la causa patria”, los mismos que fueron apaleados diez días antes… Y quiero recordar aquí el núcleo Neptuno-Plutón y su poder de hechizo. Se trata de un poder mágico: si se tocan las teclas “ingleses-piratas”, “gesta nacional y patriótica” y “las Malvinas son Argentinas” se obtiene por resultado un automático y formidable condicionamiento de voluntades, anulando todo discernimiento consciente. Esto no es nada nuevo, ni una mera opinión personal, sino que se trata de patrones psíquicos que la psicología junguiana y transpersonal han investigado en profundidad. Hay ciertas imágenes en el inconsciente colectivo –cargadas de fuerza psíquica- que si son activadas tienen el poder de entumecer a la conciencia, de anular su capacidad de discriminación racional. Y la “tecla nacionalismo” tiene un efecto narcotizante muy efectivo, casi infalible, sobre la conciencia colectiva. A Europa le costó 60 millones de muertos y dos guerras mundiales agotarlo a través de la experiencia del fascismo que dominó la primera parte del siglo XX… y todavía quedan dudas sobre si ese ritual  de consumación resultó suficiente. La conformación de la Unión Europea –que hoy está viendo como subsiste- es fruto del agotamiento del hechizo nacional. Imaginar una moneda común entre alemanes y franceses en la década del 30 era ciencia ficción absoluta. Y aún lo es imaginar una entre ingleses y alemanes.

En definitiva, la experiencia de Malvinas representa el gran ritual colectivo que agota el ciclo. Y es bueno recordar que no sólo terminaba el tránsito de Saturno por la casa XII, sino también el de Plutón por la XII iniciado en 1964. Malvinas es una experiencia colectiva que lleva al máximo el hechizo redentor destructivo, la fascinación por la guerra justa y el sacrificio por la causa nacional.

Fase I: de octubre de 1982 a febrero de 1985

Saturno atraviesa el Ascendente en Libra y comienza el recorrido por la casa I. Recordemos que Argentina tiene Júpiter en Escorpio en casa I, de modo que ese tránsito implica el inicio de una nueva estructuración y de cierta dirección y sentido que surge del contacto con lo oscuro y el dolor.

Más allá de toda opinión y gusto personal, creo que resulta evidente que quien encarnó (o, al menos, en donde colectivamente se proyectó) esta sensación de lo nuevo fue la figura de Raúl Alfonsín. En ese momento emergió como el líder apropiado para conducir la necesaria salida del pasado y el ingreso a un nuevo ciclo histórico. De hecho, Alfonsín trataba de forjar la idea de un tercer movimiento histórico. El primero habría sido el de Yrigoyen, el segundo el de Perón, y el tercero sería el que se fundaba allí, con el retorno de la democracia y con él como figura.

¿Cómo fue el contexto de ese inicio democrático?

Antes que Alfonsín asuma la presidencia –diciembre de 1983-, los militares en retirada sancionan la “Ley de Pacificación”. Esa ley decía que, en el período que iba de1974 aesa fecha, todos los delitos cometidos por la subversión y por las FFAA intentado combatirla eran perdonados, inhibiendo cualquier investigación al respecto por parte de la justicia. De modo que, la democracia que se inicia en 1983 tenía a los responsables de los crímenes de terrosismo de Estado con todos sus títulos militares y en plena actividad, y con la negación de los hechos violentos ocurridos en los ´70: esos sucesos no ocurrieron y, en caso que hubiera ocurrido alguno, ya estaban perdonados sin posibilidad alguna de revisión.

Esa es la situación que toma el nuevo gobierno democrático en el ´83. Ante esto, la respuesta de la nueva estructuración que se comienza a desarrollar es crearla Comisión Nacional sobre la Desapariciónde Personas (CONADEP). Convocada por el gobierno, esa comisión estaba integrada por personas de un amplio espectro ideológico y religioso: Ernesto Sábato, René Favaloro, Eduardo Rabossi, el obispo metodistra Carlos Gattinoni, el rabino Marshall Meyer, el obispo Jaime de Nevares, Gregorio Klimovsky, Magdalena Ruiz Guiñazú, Graciela Fernández Meijide, entre otros. En respuesta a lo que la Ley de Pacificación había intentado neutralizar, la tarea dela CONADEP era obtener toda la información posible acerca de los sucesos de los años anteriores y presentarlos a la justicia. Quizás todos recordemos la imagen de Sábato en la Casa Rosada entregándole a Alfonsín toda la documentación (que luego daría lugar al libro “Nunca Más”) que se constituiría en la base de las pruebas para iniciar los juicios a las Juntas Militares.

Creo que es importante tomar contacto con el desafío que afrontaba aquel comienzo de ciclo.

 ¿La Guerra de Malvinas dónde queda ubicada?

Está en la fase XII. El nuevo ciclo saturnino arranca en octubre de 1982. Es el fin del proceso militar y el inicio de la apertura democrática. De hecho, en esa época se fija la fecha de las elecciones presidenciales.

¿No arranca de nuevo con otro hechizo?

¿Cuál?

Yo me acuerdo cuando Alfonsín terminaba sus discursos recitando el preámbulo de la Constitución. Parecía que “ahora vienen los buenos”, los que no tienen ninguna culpa van “a mandar presos a todos los malos”, como si hubieran sido realmente dos bandos, que no hubiera habido complicidad…

La ley que ordena los juicios a las juntas militares también incluía los delitos de los grupos guerrilleros de los ´70. Eso le valió a Alfonsín ser acusado de instalar “la teoría de los dos demonios”: ligar los crímenes del terrorismo de Estado con los de la guerrilla. Todavía hoy esa mirada es cuestionada, porque creo que todavía no hemos elaborado lo ocurrido en esa época trágica. Desde los grupos más polarizados esta ley de juicios a las juntas militares y a las cúpulas guerrilleras fue resistida. Para los grupos  más reaccionarios, el demonio había sido la subversión y lo acusaban a Alfonsín de “comunista”. Para los grupos más revolucionarios, el demonio había sido la represión y veían a Alfonsín como un tibio “social demócrata”. En verdad, siento que siempre que buscamos “demonios” nos alejamos de la comprensión del proceso global. También recordemos que en esa época todavía existía “la guerra fría”, el mundo bipolar de Estados Unidos y la Unión Soviética disputándose el dominio. Hoy ser acusado comunista es como ser acusado de visigodo… (risas), pero en esa época ser acusado de comunista tenía consecuencias. Nadie imaginaba quela Unión Soviética iba a caer en breve. Sólo una astróloga -Liz Greene- pudo percibirlo y se atrevió a sugerirlo, pero ningún sociólogo supo anticipar la caída del Muro de Berlín apenas ocho años después.

Este es el contexto del arranque del ciclo de Saturno.

 Fase II: De febrero de 1985 a diciembre de 1987

 Hacia el momento de fase II de un ciclo, el nuevo sentido adquiere sustancia concreta, deja de estar constituido por “principios esperanzadores” y cobra realidad material. Respecto al proceso democrático iniciado en 1983, en 1985 sucede un hecho clave: los juicios a las Juntas Militares. Desde mi punto de vista, el valor de esos juicios fue que los crímenes cometidos durante la dictadura quedaron demostrados. A partir de ese momento aquellos hechos ya no pueden ser negados.

Recurramos a la memoria. En la fase XII del ciclo anterior el relato oficial hablaba de una campaña de desprestigio hacia la Argentinaorganizada desde el exterior y que “los desaparecidos están todos en Europa…”. Cinco años después, esto es en 1985, los hechos quedan demostrados antela Corte Suprema de Justicia. La realidad ya no puede ser negada y los comandantes de las Juntas quedan condenados por las máximas autoridades del Poder Judicial y se les retira el grado militar. Todo ello en apenas cinco años. Es importante recordar esto porque hace a la sustancia del proceso que venimos desarrollando.

 Saturno en tránsito toca Urano durante esta fase II. ¿Hay algún hecho que tenga que ver con esto?

Saturno en tránsito a Urano señala tiempos en los que lo renovador adquiere estructura y sentido de realidad. Es la posibilidad de plasmar lo nuevo tanto como de ver los límites de lo posible de aquel impulso.

Al mismo tiempo, durante la fase II y formando parte de ella, sobreviene la reacción: el alzamiento militar de Semana Santa de 1987. El tránsito de Saturno por la casa II de Argentina (esto es, la fase II del proceso de estructuración iniciado en 1982) representa el momento oportuno para que el ciclo cobre sustancia y también para que aparezcan todas las resistencias y temores. Si la conciencia confía en lo que viene siendo desarrollado, en la fase II es apropiado afirmarse en el impulso del inicio, no tener miedo de consolidarlo y no retroceder.

Al revés de lo que pasó…

Al revés de lo que pasó. En ese momento Alfonsín plantea la ética de los principios en conflicto con la ética de la responsabilidad. Movido por la ética de los principios tendríamos que haber continuado con los juicios hasta el último subordinado. Pero, en virtud de la ética de la responsabilidad, ante la fragilidad institucional del sistema democrático y la amenaza de que fuera interrumpido, prevalece la decisión de preservar el orden y sacrificar principios. Esto será la Ley de Punto Final y Obediencia Debida. Me parece fundamental recordar que esto no fue otorgado graciosamente por un político cómplice de los crímenes. Esto surgió de una evaluación que hoy podemos juzgar temerosa, pero creo que es honesto asumir que en ese momento no se tenía la certidumbre del presente respecto a la continuidad democrática.

De todos modos, en estos hechos históricos resulta muy visible el costo de no afirmar en la fase II el impulso del ciclo iniciado en fase I. Dane Rudhyar refiere a esta fase cíclica como un  momento de afirmación, antes que de ceder a la inercia. En lugar de retroceder o paralizarse para “no hacer olas”, es clave confiar en que el proceso iniciado no se va a frenar. Esto ocurre en la historia de los países y en las vidas individuales también.

¿Es lo que se reconoce como “punto ballena”..?

Exactamente.

Pero también habría que ver que el peronismo y la izquierda no ayudaban para nada…

Bueno, recordemos que, luego de la crisis por la derrota en 1983, el peronismo estaba dominado por la corriente renovadora de Cafiero. ¿Quiénes encarnaban esa renovación? Cafiero, De la Sota, Manzano, Grosso… En ese momento Manzano era renovador… y esto no es manipulación del relato… (risas). Todos ellos en Semana Santa de 1987 estuvieron en el balcón de la casa de gobierno con Alfonsín, con lo cual podemos suponer que la política de derechos humanos (iniciada con el juicio a las Juntas Militares y -recordemos- a los máximos dirigentes guerrilleros de los ´70) tenía bastante apoyo.

Más allá de los dirigentes, la militancia del peronismo estaba afectada por la represión durante la dictadura. Una enorme mayoría de desaparecidos era peronista…

Lo cierto es que, antes que una complicidad del peronismo con los militares sublevados, por el contrario, hubo una fuerte solidaridad con Alfonsín y con el compromiso de afirmación del proceso democrático. Insisto, recordemos. Cafiero en ese momento era acusado de “demasiado” social-demócrata y poco peronista. Y esto explica que luego, en 1988, vaya a ser derrotado en las internas por Menem. Quiero decir, si recuerdan las internas del partido justicialista entre Menem y Cafiero de aquel año, muchos de los que integraban el peronismo más tradicional (e incluso el más idealista y progresista) veían más leal y fiel a los principios de Perón a Menem que a Cafiero, quien era un poco sospechado de excesivamente reformista o de estar subido a la ola alfonsinista. Sé que esto hoy suena a “ciencia ficción”, pero para muchos el verdadero peronismo lo representaba Menem y no Cafiero.

Ahora bien, ¿qué pasaba a nivel económico en tiempos de Saturno transitando la casa II de Argentina? El gobierno democrático del ´83 recibe una situación de alto endeudamiento. Ahí nos enteramos que existe algo llamado “deuda externa”. Lo que debía el país a los organismos de crédito internacionales (estigmatizado como “el pago al FMI”) se había multiplicado de 7 mil millones de dólares a 48 mil millones durante el proceso militar.

La deuda externa se multiplica porque, desde el Banco Central, Cavallo en 1981 toma la deuda privada y se la pasa al Estado…

Y recordemos lo que algunos llamaban “Estado elefantiásico”. Las empresas de servicios estaban administradas por el estado nacional, generando un gasto que hacía imposible que cerraran las cuentas. Gas del Estado, Obras Sanitarias, Segba, Entel… Todas eran absolutamente deficitarias. El gasto era enorme. Y esta situación de décadas había generado un proceso inflacionario que parecía incontrolable. Y así aparece, dos años después de asumir, un plan económico que intenta frenar (y efectivamente lo logra durante un tiempo) la inflación: el Plan Austral.

¿En qué año fue..?

En junio de 1985 aparece el Plan Austral, en diciembre de 1985 es el juicio a las Juntas, y en 1987 los alzamientos militares… Tomen nota que el tránsito de Saturno por casa II -la fase II del proceso que venimos siguiendo- se extiende desde febrero de1985 adiciembre de 1987.

¿Y el Plan Primavera..?

Es lo que sucede al estallido del Plan Austral, a finales del ´87.

Fase III: de diciembre de 1987 a enero de 1990

 A comienzos del 1988 se produce una crisis hiperinflacionaria que marca la caída del Plan Austral y el intento de superarla con un nuevo plan: el Plan Primavera. Este intento no prospera y la situación adquiere un dinamismo incontrolable que va a desembocar en la entrega anticipada del gobierno luego de las elecciones presidenciales de 1989 que gana Menem. El clima de una fase III es de inestabilidad. Es una actividad que permite múltiples ensayos y combinaciones, pero que puede ponerse frenética y “escaparse de las manos”.

Más allá de lo económico, en enero de 1989 ocurre un suceso en el que me parece importante reparar: el intento de copamiento del Regimiento deLa Tablada.

Este hecho que ha quedado un tanto olvidado en nuestra memoria colectiva. Recordemos. Un movimiento político ligado a una visión de izquierda nacionalista -y muy activo en el tema de derechos humanos- que se llamaba “Movimiento Todos porla Patria” (MTP) intenta algo realmente desopilante en los ´80: el copamiento guerrillero de una guarnición militar. Luego nos enteramos que altos dirigentes del antiguo ERP, como Gorriarán Merlo, estaban detrás de su planificación.

 Fue la primera vez que se vio por televisión algo así…

Y fue muy impactante y sorprendente. Parecía algo de otra época, totalmente ajeno al resurgimiento democrático que dominaba los acontecimientos políticos de los países de la región en la década del ´80. La vía política armada supuestamente ya había quedado atrás y de pronto… aparece eso. Y todavía hoy resulta un suceso muy oscuro. Hay muy poca información al respecto. Nadie parece haber querido investigarlo (yo conozco sólo un libro). ¿Cuál fue el móvil de esa acción? Está lleno de oscuridad. Quienes ingresaron al regimiento tiraron volantes con los que quisieron hacer aparecer que el copamiento era de obra de los carapintadas de Aldo Rico. El objetivo era generar una manifestación popular para ponerle freno a un hipotético golpe militar, dirigirse a Plaza de Mayo y tomar el poder. No hay ninguna otra explicación que haya sido presentada. No conozco ninguna otra hipótesis que suene medianamente coherente. Si alguien la tiene le propongo que la cuente…

 Yo trabajaba en Radio Nacional en ese tiempo y ya se sabía que esto iba a suceder. Ya estaban organizando “la marcha de la victimización”, queriendo presentar al gobierno de Alfonsín como víctima…

Como un intento de condicionar al gobierno de Alfonsín para que se vea obligado a apoyarse en los grupos más extremistas antes que en el partido radical… Es posible, pero sigue sonando estrafalario. Es una cosa sumamente rara. Recordemos que se veían los muertos por televisión, los cadáveres de los guerrilleros aplastados por los tanques… Fue muy impresionante. Figuras destacadas del movimiento de derechos humanos aparecieron involucradas. Recuerdo al cura jesuita Fray Antonio Puigjané…

 El abogado Jorge Baños también…

Que murió dentro del regimiento y que era miembro del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el organismo de derechos humanos liderado por Horacio Verbitsky.

 Desde su tránsito por la casa III, Saturno hace  oposición a Mercurio y Venus natales…

Para no hacerlo muy complejo, en nuestro análisis estamos concentrándonos en el ciclo de Saturno por casas, omitiendo los aspectos por tránsitos. Pero tengamos presente lo que referís. Hay una “zona de la carta” particularmente sensible: Mercurio, Venus y Sol en Cáncer en oposición a Luna en Capricornio. Cada vez que un planeta transita la cruz cardinal durante cierto período (según la velocidad del planeta que se trate) va a estar haciendo aspecto a todos estos planetas. Y tengamos en cuenta que se trata de las luminarias (Sol y Luna) y del regente del Ascendente (Venus). La sincronicidad de tránsitos –sobre todo de Saturno y los transpersonales- a esta configuración planetaria con sucesos destacados de la historia argentina es apabullante. Dejo la investigación de esos eventos para futuros encuentros.

Más allá de lo que la astrología mundana define como temas propios de casa III, estamos haciendo el ejercicio de ver cada casa como fase de un proceso. Así como la fase I tiene la cualidad de inicio, fuerza y dirección y la fase II de concreción, estabilidad y afirmación, la fase III representa un tiempo de movimiento, experimentación  y desequilibrios. Y durante la fase III del ciclo de Saturno de nuestro país iniciado en 1982, la dinámica del ensayo de nuevas combinaciones generó una alteración de la actividad, un desorden inmanejable. Las variables económicas se excitaron dando por resultado un 120% de inflación por mes. Fue un reajuste extremo. La situación militar se desestabiliza y comienzan a repetirse los alzamientos de la facción “carapintada” de Aldo Rico y Mohamed Seineldín.

 Fase IV: de enero de 1990 a marzo de 1992

 Hacia 1990, con Saturno en fase IV -transitando por oposición a Mercurio, Venus, Sol y por conjunción a la Luna- aparece el segundo hito personal del proceso democrático iniciado en 1982: Menem. Vamos a tomar nota cómo las fases angulares (I, IV, VII y X) resultan tiempos particularmente propicios para que aparezcan liderazgos muy definidos o quede de manifiesto su ausencia.

La fase IV de un ciclo simboliza el tiempo para que el proceso se estabilice adquiriendo límites nítidos. La estructura democrática que comienza a forjarse en sincronicidad con el tránsito de Saturno por el Ascendente en 1982 define una forma. Las diferentes líneas de desarrollo en las distintas temáticas (en lo político, en lo económico, en lo social) muestran bordes que dan cauce a la acción en cierta dirección, privilegiando algunas variables y excluyendo otras.

Durante 1990 el gobierno de  Menem intenta controlar la inflación. Con Erman González al frente de la economía la situación inflacionaria parece estabilizarse. Es la época del Plan Bonex. Pero luego se produce un rebote y se precipita su salida. Y allí aparece Cavallo en abril de 1991 con la gran solución estabilizadora: la Ley de Convertibilidad. La economía parece tranquilizarse a partir de una política cambiaria que se convertirá en dogma: “un peso equivale a un dólar”. Además, se define con mucha contundencia un proyecto de privatizaciones de las empresas de servicios que pondría fin a las dificultades de administrar una estructura estatal sobredimensionada. Es la época de aquella avalancha de inversiones que prometía grandes negocios para algunos y prosperidad para todos, ya que -de acuerdo al viejo precepto liberal- la abundancia hará que la copa rebalse y que todos disfrutemos del “efecto derrame” tantas veces anunciado, tan pocas veces disfrutado… (risas).

Pero en diciembre de 1990 ocurrió algo clave en lo político: el último alzamiento militar de la facción carapintada. Y en ese intento golpista hubo un hecho que no había sucedido en los anteriores: las fuerzas rebeldes produjeron muertos en el ejército institucional. Esto representó un quiebre hacia el interior mismo de las Fuerzas Armadas. El movimiento carapintada liderado por Seineldín y Rico pierde influencia en el ejército y finalmente se disuelve.

La reacción de Menem ante este alzamiento fue encarcelar a Seineldín y sus seguidores y, al mismo tiempo, promover el indulto a los jefes de las Juntas Militares de la dictadura y a los jefes de los grupos guerrilleros (excepto aquellos que participaron en los sucesos de La Tablada). Creo que es importante considerar ese contexto en el que se define otorgar esos indultos. Siempre fueron vistos como una concesión al poder militar, como una claudicación de la democracia. Y es posible que lo haya sido. Pero creo que hay que incluir lo que efectivamente ocurrió a partir de allí: Menem logra el control absoluto de las Fuerzas Armadas y, poco tiempo después, el reconocimiento de los crímenes y el pedido público de perdón por parte del general Balza como jefe del ejército. Quizás no sea sencillo de admitir, pero que las Fuerzas Armadas sean hoy –no sé qué opinión tienen ustedes- casi una fuerza testimonial es algo que tiene mucho que ver con el indulto del 90 y con el cruento intento de copamiento de ese momento.

Creo que si simplemente vemos a los indultos como una “concesión hecha de buena gana porque Menem estaba de acuerdo con los militares”, estaríamos haciendo una lectura distorsionada. Hay todo un acuerdo (por supuesto, sumamente oscuro) por el cual se logra que definitivamente las Fuerzas Armadas pierdan todo tipo de capacidad operativa política en el país, cosa que hasta este momento estaba en discusión. Incluso el mismo Rico se incorporó a la vida política. A partir de ese momento, las Fuerzas Armadas, como poder con efectiva posibilidad de actuación política, quedaron absolutamente desarticuladas.

 Y esto se da  en fase de IV, en momento de forma…

Si, el momento en que el proceso define bordes: lo que es y lo que no es, lo que queda adentro y lo que queda afuera. Y la pregunta sería ¿es una forma creativa o es una forma repetitiva? ¿Hay algo nuevo en este proceso democrático que se está definiendo o se está repitiendo el pasado? ¿Es una forma que sabe contener vitalidad o es rígida y por lo tanto frágil? Sabiendo de las crisis que habrán de sobrevenir, creo que es evidente que no se resolverán del modo habitual en los tres ciclos anteriores: el golpe militar y el sometimiento general a los propósitos de una facción particular. Sin embargo, la fortaleza de la democracia y su capacidad de dar un cauce sintético a las diversas voluntades en un proyecto de desarrollo donde converjan los distintos intereses es algo que no parece logrado. Hoy todavía parece prevalecer la confrontación divergente.

 Fase V: de marzo de 1992  a marzo de 1995

Como corresponde a una fase V, el ciclo define centro. El proceso de estructuración iniciado en 1982 se personaliza y su suerte es identificada con las cualidades personales de la figura presidencial. Es la época en que se debate acerca del “padre de la criatura” (el éxito de la convertibilidad ¿es mérito de Menem o de Cavallo?) y se trasluce un énfasis en las cualidades del primer magistrado en tanto caudillo. Cobra fuerza la tendencia a un “culto a la personalidad del líder”. La estabilidad económica, luego del trauma de la hiperinflación, redunda en la sensación de un proceso que se consolida y cobra nombre propio. La dupla Menem-Cavallo aparece identificada como la garantía de continuidad y comienza a gestarse la idea de un “Menem eterno”. Pero se presenta un obstáculo objetivo:la Constituciónno lo permitía. Y de acuerdo a nuestro Saturno en Acuario y en casa V natal (que en esos tiempos estaba en retorno), si la ley se opone a la voluntad del líder… entonces cambiemos la ley.

En sincronicidad con el retorno de Saturno de nuestro país, se reforma la Constitución Nacional.Para la astrología mundana la casa V tiene que ver figuras de prestigio, con los estamentos más jerarquizados de una sociedad, sus grupos aristocráticos, y por eso se la vincula a jueces y senadores (la representación que simbolizan los diputados, en cambio, se la asocia a la casa XI). Así es que en 1993 elegimos constituyentes: personalidades destacadas que se asumirían la responsabilidad de modificar los principios básicos sobre los que se organiza la nación. Todo esto a partir de la necesidad del líder providencial (Menem) y del acuerdo con el líder opositor (Alfonsín): el llamado Pacto de Olivos. Y así, en 1994, se refomala Constitución Nacional.

Nuevamente Alfonsín, ante un conflicto entre la ética de los principios y la ética de responsabilidad opta por la ética de responsabilidad. Siente que Menem de todas maneras habría intentado una reforma constitucional para habilitar su re-elección y entonces prefiere acordar para lograr incorporar algunas innovaciones que considera institucionalmente beneficiosas (la figura del jefe de gabinete, el senador por la minoría, etc.).

Y, en efecto, en las elecciones presidenciales de mayo de 1995 se produce la re-elección de Menem, con mayor porcentaje de votos aún que en 1989 y en pleno luto por la muerte de su hijo producida apenas dos meses antes. Recuerdo la frase de Menem saliendo al balcón de la Casa Rosada de la mano de Ruckauf (que era el vicepresidente electo), por la noche, cuando ya había sido confirmado su triunfo: “el peronismo es invencible…”. En esta época estábamos en el “1 a1”. Comenzaban a aparecer algunas crisis financieras internacionales, pero parecía que el modelo las resistiría. La economía crecía, los indicadores (macro) económicos eran auspiciosos… Y a todo aquello que se cree invencible, a todo aquello que creer poder resistir sin modificarse ni adaptarse a condiciones más objetivas, le llega su fase VI.

Pero antes de avanzar con el proceso estructuración saturnina, quiero hacer un aparte y proponerles atender a un tránsito que estaba ocurriendo al mismo tiempo que Saturno recorría la casa V de Argentina.

Entre 1991 y 1993, Urano y Neptuno hicieron conjunción en el cielo en el signo de Capricornio. Y ese fenómeno se produjo sobrela Lunade la carta natal de nuestro país y en oposición a su Sol. Al mismo tiempo, ambos -Urano y Neptuno- ingresaban a la casa IV. Sabemos de lo relevante de esa oposición de la carta natal de Argentina. Hace a la relación entre gobierno (Sol) y pueblo (Luna).

Por un lado, Urano transitando esa oposición habla de una alteración del vínculo entre las figuras ejecutivas y las necesidades y demandas populares, un cambio que potencialmente propicia creatividad e inclusión de mayor variedad de diferencias, pero que también puede generar una reacción de concentración selectiva de decisiones y fenómenos de exclusión, exilio y marginalidad. Si la sociedad no es capaz de incluir diferencias, lo que se generará es vacío, incertidumbre y sensación de “sálvese quien pueda”. 84 años antes, en 1909, ya había ocurrido ese mismo tránsito y, en sincronicidad con él, una corriente migratoria masiva iba ocupando un espacio en nuestra sociedad que fue progresivamente imponiendo el desafío de su inclusión. Al mismo tiempo, la representatividad de una “democracia de minorías” comenzó a ser fuertemente cuestionada. El impulso a abrirla a las mayorías y a favorecer la transparencia en la elección de los representantes ejecutivos y legislativos se tornó irrefrenable. Y eso daría por resultado la emblemática “ley Sáenz Peña”, que en 1912 propiciaría -con el establecimiento del voto obligatorio, universal y secreto- un giro democrático sustancial con el ingreso de un nuevo sujeto social al ámbito de las decisiones y la representatividad: la clase media.

Por otra parte, Neptuno transitando esa oposición Luna-Sol natal revela un momento de disolución en la relación entre gobierno y pueblo, lo cual puede redundar en una mayor sensibilidad a las necesidades de la población, una apertura compasiva a los excluidos, como también generar un momento de confusión, manipulación de sentimientos populares y la emergencia de hechizos inconscientes colectivos de alta incidencia en el destino de la sociedad.

En marzo de 1992, un atentado terrorista destruye la Embajada de Israel en Buenos Aires y causa 22 muertos y más de 200 heridos.  Dos años más tarde, en julio de 1994, un coche bomba se estrella contra la mutual judía (AMIA) y deja más 80 muertos y 300 heridos.  Hechos que se mantienen impunes y exhiben la oscuridad de lo servicios de inteligencia y de compromisos políticos nunca esclarecidos.

En ese clima neptuniano, en esos años de gloria menemista y fervor privatizador de la década del ´90 comenzó a operar una irreversible alteración en la composición del tejido social. Empezaron a manifestarse algunos fenómenos a los que no se les atribuyó la trascendencia que hoy, con la perspectiva del tiempo, sí somos capaces de evaluar. Se inició un proceso de exclusión del sistema sin redes de contención, un crecimiento de la indigencia, la propagación de la droga en sectores de bajos recursos (el “paco” como emblema) y una progresiva consolidación de la actividad del narcotráfico. El auge del negocio de las drogas y la marginalidad sin expectativas de inclusión alguna al sistema laboral generó una situación de precariedad e inseguridad que, si apenas podía ser vislumbrada en los años del éxito de la convertibilidad, fue resultando cada vez más explosiva e incontrolable. Los tradicionales métodos de canalización de las demandas y contención de las necesidades (organización sindical, labor pastoral, pensiones y planes sociales) quedaron desbordados, anacrónicos e ineficaces. Surgieron nuevas categorías sociales sin representación orgánica: desocupados, piqueteros, cartoneros… Y a toda identidad que no encuentra lugar en el sistema le llega su fase de VI.

Fase VI: De marzo de 1995 a mayo de 1998

En 1995 el proceso de estructuración democrática iniciado en 1982 llega a su fase VI. En astrología mundana la casa VI es la de los “servidores públicos”: los servicios, la administración del aparato estatal, las fuerzas de seguridad, el sistema de salud, los trabajadores, la clase obrera y sus representantes, los sindicatos, las organizaciones sociales, etc.

Hacia esos años el sindicalismo organizado en la CGT estaba absolutamente alineado con el proyecto de Menem y apoyaba el proceso de reforma del Estado y de privatización de las empresas de servicios. Cuando esa transformación se producía, Neptuno transitaba sobre la cúspide de la casa IV y hacía aspecto a la Luna y al Sol de la Argentina y Plutón transitaba en cuadratura al Saturno natal. Menciono estas claves porque revelan la activación del núcleo neptuniano-plutoniano de la estructura energética de nuestro país: sensibilidad y transformación, el hechizo de la destrucción purificadora, el encanto de los grandes sacrificios.

La racionalidad que pudiera tener aquel plan ordenador de la estructura económica del país era presentado con frases como “cirugía mayor sin anestesia”. Y creo que escuchar esa frase, sabiendo que somos aquel núcleo, debería encender alarmas. El supuesto es que ante el caos reinante habrá que decidir acciones que dolerán, definiciones duras ante las que “no debe temblar la mano” y no debe perderse tiempo en atender consecuencias. Hacer lo que hay que hacer, sin demoras y con toda contundencia. Quemar naves. Para el hechizo del gran sacrificio, “ir a cirugía mayor sin aplicarse anestesia” es un valor. Las decisiones macroeconómicas que se tomen van a afectar la vida y las necesidades de gran parte de la población, van a generarle un perjuicio al pueblo, pero la magnitud de la epopeya no permite reparar en ello. “Cirugía mayor sin anestesia” era un eufemismo que significaba la decisión de llevar a cabo un profunda (y seguramente necesaria) reforma del Estado sin preocuparnos por la exclusión que generaría, confiando (o queriendo creer) que el mismo mercado iba a corregir los “daños colaterales”. La sensación del momento era que atender a políticas de contención social podía demorar la transformación e incluso terminar frustrándola. La transformación no puede detenerse, la voluntad transformadora arrasa sin miramientos… En lo profundo hay algo muy fantasioso en esta actitud: creer que esto no tendrá un costo que, más tarde o más temprano, habrá que pagar. Me animo a decir que hay algo perverso en esta actitud de nuestra sociedad: entregarse a ciegas a una situación sin regreso, jugarse entero cerrando los ojos y tapándose los oídos.

Sabíamos que, más allá de lo necesarias que fueran, esas políticas iban a generar exclusión social, pero “necesitábamos creer” en ellas sin demorar su ejecución, de modo que preocuparse por complementarlas con políticas de contención era vivido como “poner palos en la rueda” o mostrar tibieza… y ya sabemos que “a los tibios los vomita Dios”. Y la dirigencia sindical, la clase obrera organizada, sumó su aval.

Con Saturno transitando la casa VI las necesidades populares insatisfechas y las demandas sociales comenzaron a organizarse fuera de las instituciones y esto dio origen a nuevos grupos sociales que fueron, en sus comienzos, espontáneos e informales.

En esos años surgen y se establecen modalidades de protesta y de organización de demandas como el corte de rutas (el piquete), el escrache y luego el asambleísmo. Saturno recorriendo la casa VI y tocando la posición de Plutón natal pone al descubierto la evidencia de millones de personas fuera del sistema, sin representación orgánica de sus necesidades ni cauce institucional para que sean atendidas. Y esos millones de argentinos comienzan a organizarse como pueden, apelando a los modos que les parecen más efectivos. Comienzan a hacerlo fuera de toda organicidad, al margen de la ley e incluso trasgrediéndola. No son obreros sindicalizados que “protestan, hacen huelga y marchan a Plaza de Mayo”. Se trata de una expresión caótica, desesperada y también incierta, en el sentido que no resulta posible prever sus consecuencias.

Y esto cobra importancia en el presente. Hoy estamos aún en la fase XII (el momento opuesto a la VI) de ese proceso. Es tiempo propicio para revisar los supuestos de vincularidad en los que se sostiene esa modalidad de manifestación y protesta sintetizada en el piquete, el escrache y el asambleísmo. Más allá de su espontaneidad y lo genuino y válido de los reclamos, tomándolos como métodos de expresión ¿existe diferencia entre el escrache y los pogromos fascistas característicos de la década del 30? ¿responden al espíritu democrático o revelan la intención de hacer prevalecer la fuerza? Es verdad, hay una dosis de violencia mayor en los pogromos. Las tropas de asalto nazis, además de escarchar a los opositores (estigmatizados en los judíos) rompían sus negocios y les prendían fuego sus casas. Admitiendo esa diferencia, creo que es posible percibir que la modalidad del escrache se basa en reunirse en grupo y expresarse en forma violenta con el objetivo de -sin que medie ningún tipo de instancia legal- amedrentar y generar miedo en aquellos que se juzga culpables de un delito impune. Es incómodo, pero creo necesario insistir en este punto: más allá de la justicia que creamos que encarnan estos reclamos, es un método sostenido en provocar miedo y en imponer la fuerza.

En realidad,  se desvirtuó lo que fue originalmente el escrache. Fue una modalidad a la que apelaron los movimientos de derechos humanos porque no había justicia…

En realidad, el método del escrache fue inaugurado por la agrupación HIJOS, formado por hijos de desaparecidos que se manifestaban frente a los domicilios particulares de militares a los que consideraban responsables de crímenes durante la dictadura y que no estaban siendo juzgados. Su lema era “si no hay justicia, que haya escrache”. Y quiero que reflexionemos acerca del peligro que representa esa actitud: “si no hay justicia la hago yo”. Es evidente que atravesar un momento traumático, estar herido por un dolor y sentir que no se hace justicia, nos conduce a reacciones desesperadas. Y al mismo tiempo, si esas reacciones se traducen en conductas sociales el peligro es enorme. Cuando los ciudadanos creemos que es en vano recurrir a la justicia y que entonces nos asiste el derecho de hacer justicia por mano propia estamos en una instancia regresiva. En tanto reacción resulta un hecho excepcional. Pero, cuando se legitima como modo de protesta, el sentido de la democracia y de los criterios objetivos de convivencia (encarnados en el acuerdo legal) se resiente a favor de la subjetividad y de la acción prepotente.

Esto mismo lo veremos más tarde, en fase VIII, con el fenómeno del asambleísmo que emerge con la crisis de 2001. Yo no sé qué experiencia tienen ustedes, pero mi impresión es que en las asambleas se impone la posición del que grita más fuerte y del que tiene mejor oratoria, todo en un clima de polarización. La ponderación acerca de la validez de los argumentos, la evaluación reflexiva de las distintas posiciones, la posibilidad de que prevalezca la necesidad de la mayoría, no parece suficientemente asegurada cuando prevalece levantar la voz y buscar culpables.

No hay mucho intercambio…

Y, en ese sentido, resulta un método muy poco democrático, en el que terminan predominando los extrovertidos… (risas).

Escrache, asambleísmo y piquete son modalidades de expresión excepcionales, pero que a partir de ese momento comienzan a ser tomadas métodos de protesta habituales.

¿Todo eso fue en fase VI..?

Durante el tránsito de Saturno por la casa VI de Argentina. El primer piquete fue en Cutral Có, en junio de 1996.

Y hay un hecho que quiero destacar expresamente de esta época. Es probable que lo olvidáramos. Hoy parece que fuera necesario hacer un esfuerzo deliberado para recordarlo. Muy significativamente, es un suceso que casi hemos borrado de nuestra memoria como sociedad.

Hacia 1990 ocurre algo que es muy contundente: el crimen de María Soledad Morales en Catamarca. Y si bien su muerte ocurre en esa fecha, el juicio comienza años más tarde, durante la fase VI que estamos analizando. ¿Lo recuerdan? Las marchas de silencio… Esas manifestaciones fueron un modo de reclamo de justicia completamente diferenciado del método tradicional de las organizaciones políticas al que estábamos acostumbrados. No había banderas, no había gritos, se marchaba en silencio… Recuerdo una que se organizó aquí, en Buenos Aires. Y fue impresionante, conmovedor. La contundencia de ver veinte mil personas marchando de Congreso a Plaza de Mayo en silencio y con velas.

Primero pareció un episodio periférico, marginal, de la lejana Catamarca. Un hecho que seguramente ya habría ocurrido muchas veces, manteniéndose anónimo, sin dejar rastro. Pero, de pronto, ese asesinato comenzó a adquirir una contundencia terrible, una dimensión nacional, y se transformó en símbolo de un modo de ejercer el poder. Cae una dinastía familiar en el poder: los Saadi… Y, a pesar de aquella trascendencia, hoy las figuras que protagonizaron esa historia parecen marginadas de nuestra memoria. ¿Quién recuerda hoy a la monja Marta Pelloni? No veo motivos para que no merezca un reconocimiento como alguien clave en el trabajo por el respeto a los derechos humanos de nuestro país. Y creo que si no existe tal reconocimiento es porque la Hermana Pelloni no es ideológicamente apetecible o excitante.

Tuve oportunidad de corroborar en una charla que una periodista española que trabaja Argentina desde hace 10 años -muy inquieta y muy interesada en temas políticos- no tenía la menor idea de quién era Marta Pelloni y apenas una muy lejana noción del crimen de María Soledad Morales.

Recordemos que apenas se dicta la sentencia que condenaba a “los hijos del poder”,la Iglesia decide trasladar a la Hermana Pelloni a Goya, Corrientes… ¡y ahí empieza a denunciar la trata de blancas! Un tema que la sociedad parece estar descubriendo recién hoy. No sé si carezco de alguna información relevante sobre su persona, pero me resulta incomprensible que su figura no ocupe un lugar destacado en nuestra memoria colectiva, en nuestro inconsciente colectivo. O sí creo entender por qué ocurre: la monja Pelloni no tiene un discurso que prenda, es religiosa y habla como tal, no como una encendida activista política, no es violenta ni agresiva, nunca se la escucha gritar, no pide que caiga ningún gobierno.

La Iglesia misma la margina…

Pero, por ejemplo a los curas que se comprometieron con las políticas revolucionarias de los 60 y de los 70 tampoco la Iglesia los habilitaba y quedaron como íconos en el inconsciente colectivo. El hechizo de la polarización genera mitos. Todos sabemos quién fue el cura Mugica mientras que Marta Pelloni acaso con el tiempo quede olvidada. Ambos denunciaron injusticias, se comprometieron con los que sufren y arriesgaron sus vidas, pero uno alcanzó categoría de mito y el otro no.

Será porque Pelloni decía verdades…

Creo que va más allá de eso. El cura Mugica también decía verdades, pero el estar comprometido políticamente produjo un efecto más carismático. Una posición antagónica a otra y que polarice genera encanto mítico.

 Mugica decía verdades más convenientes…

No sé si más convenientes o más excitantes… Se mostraba comprensivo con la efervescencia política de los grupos más radicalizados. En cambio, la monja Pelloni proponía marchar en silencio. Y aunque es mucho más conmovedor y contundente, es menos estimulante. “¿No puedo gritar nada? ¿Dos horas caminando y no puedo gritar nada? Yo quiero ir y gritar y tirar piedrazas…”. Eso es mucho más excitante. Y ya sabemos cuál es la pesadilla de ser cautivo de ese hechizo arquetípico. El asesinato del cura Mugica nunca fue esclarecido. Identificado con la juventud revolucionaria de su época, acepta un cargo en el Ministerio de Bienestar Social de López Rega. Y aunque renunciara poco después, quedó en el fuego cruzado de la violencia de izquierda y de derecha.

Finalmente, en fase VI comienza a definirse una situación de freno. La economía deja de crecer. El proceso económico exitoso parece estancarse. Se rompe la sociedad Menem-Cavallo. Las denuncias de corrupción administrativa ocupan cada vez más espacio en la prensa. Y esa corrupción adquieren una dimensión criminal con un caso emblemático: el asesinato de José Luis Cabezas. Se instala un reclamo generalizado de necesidad de transparencia, de recuperar valores republicanos, de que “se junten todos contra el menemismo”.

Menem no puede presentarse otra vez a elecciones presidenciales. Y tal como quería la opinión pública, en fase VII -como corresponde- se “juntaron todos” y hubo Alianza.

 Fase VII: De mayo de 1998 a julio de 2000

 La fase de VII de un ciclo es un momento oportuno para darse cuenta, para ver. Son tiempos de discernimiento (insight), de ver la realidad, de llevar a la conciencia lo que hasta ahora no podía ser visto. Acá aparece la alianza De la Rúa-Álvarez. Con Saturno transitando la casa VII de Argentina votamos un auténtico matrimonio político.

 ¿Cuándo asumen..?

En 1999.

 ¿Y de qué nos dimos cuenta? ¿De que era un inoperante..?

De la Rúa nunca fue muy distinto a lo que vimos. Cuando Chacho Álvarez se enamora de De la Rúa era más o menos lo mismo que sabemos hoy.

 Pero hubo un hechizo…

Era el hechizo de “sacarnos de encima a Menem” y también de intentar una transversalidad política. Uno de tradición peronista y el otro radical, unidos por un discurso ético. Al mismo tiempo, votamos a De la Rúa porque nos prometía mantener la convertibilidad cambiaria. Lo votamos porque nos juró “conmigo un peso un dólar”. Esta es la paradoja del momento. Era necesario ver que sostener eso era imposible, que mantener esa ilusión nos conducía al colapso. Sin embargo, la imposibilidad de sostener ese insight llevó  incluso a aprobar la llegada de Cavallo nuevamente al gobierno. Y, en verdad, que Cavallo se hiciera cargo de la situación y que llegara al gabinete de De la Rúa por intermediación del propio Chacho Álvarez (ya fuera del gobierno) fue una buena síntesis: obliga a ver que la incómoda percepción de la que somos conscientes en fase VII es consecuencia de lo que se estabilizó en fase IV. Lo que vemos en tiempos de VII -sea grato o desagradable- es lo que no pudo ser visto en tiempos de conformación del proceso en IV. Y la fase VII anuncia que no es posible una continuidad lineal, que es necesario un giro, una repolarización. Y ese cambio de dirección se hará manifiesto, más allá de toda subjetividad. Lo hará la conciencia reconociendo el momento y asumiendo la responsabilidad del movimiento que es necesario hacer, o lo hará el destino mediante una crisis “externa” y obligando a la conciencia de un modo compulsivo.

Si bien el colapso fue dramático, que la situación haya explotado en manos de De la Rúa y Cavallo (y, por extensión, del propio Menem) fue, a nivel del inconsciente colectivo, una síntesis que obligó a madurar, porque no dejó espacio para figuras salvadoras. De hecho, se tradujo en la consigna “que se vayan todos” que, más allá de que expresa cierta ingenuidad, también revela un vacío de ilusión respecto a “un padre que nos rescate”.

 En definitiva a Cavallo lo llamaron para eso, para que se haga cargo del “monstruo” que creó…

Sí, pero traído por Chacho Álvarez. Esto parece ciencia ficción pero fue así: la llegada de Cavallo al gabinete de De la Rúa fue de la mano de Chacho Álvarez. Y, de hecho, el colapso de Cavallo fue el de los tres.

La crisis económica y social estalla en diciembre de 2001. Y en abril de 2001, cuando Cavallo asumía el Ministerio de Economía, Saturno cruzaba definitivamente (luego de un pasaje directo y otro retrógrado) la cúspide de la casa VIII, marcando la consolidación de los tiempos de VIII: expresión del conflicto, muerte de una forma, encuentro con lo oscuro y negado, experiencias de transformación que no pueden evitar ser dolorosas.

 Fase VIII: De julio de 2000 a julio 2002

 La fase VIII representa mucho más que la crisis de la convertibilidad. Es mucho más que una crisis económica. Lo que entra en crisis es el sistema político inaugurado en 1982 con el retorno a la democracia y el inicio del ciclo de Saturno que estamos investigando. Esta crisis sistémica queda simbolizada en la consigna “que se vayan todos”. Con la paradoja de que, habiéndose agotado la salida militar, es el mismo funcionamiento de las instituciones de la república el que debe resolver la crisis. Ya no hay estamentos que representen “la reserva moral de la nación”, ni “padres salvadores de la patria”.

El colapso de 2001 fue como barajar y dar de nuevo. Asume Duhalde por un acuerdo legislativo, casi en el límite de las posibilidades de una salida institucional. Pesificación. La inestabilidad continúa. Hasta que llega Lavagna al Ministerio de Economía y comienza la recuperación.

Observemos esto, porque es astrológicamente muy prolijo. En julio, Saturno toca la cúspide de casa IX y retrograda, manteniéndose aún en casa VIII hasta abril de 2003, momento en que ingresa definitivamente en IX. Creo que es interesante seguir ese movimiento.

Lavagna asume en abril de 2002. Y si bien en lo económico empiezan a aparecer perspectivas alentadoras, la situación social es explosiva y Duhalde anticipa las elecciones presidenciales. En abril de 2003 se vota y Kirchner es elegido presidente luego de que Menem (que fue –recordemos- el candidato más votado) desistiera de presentarse a la segunda vuelta. Todo ese período entre la llegada de Lavagna al gabinete de Duhalde y la asunción de Kirchner es sincrónica al pasaje de la fase VIII a la IX: del momento más agudo de dolor y tensión a la superación del conflicto y a la expansión.

 Fase IX: De julio de 2002 a julio 2004

Quizás a algunos les resulte ingrato recordarlo, pero el “viento de cola” en ese momento fue Duhalde y Lavagna. Duhalde elige a Kirchner como su candidato, obsesionado por cortarle cualquier posibilidad de retorno a Menem. En la campaña electoral de 2003, Lavagna estaba en los spots publicitarios de Kirchner. Para poder ganar, Kirchner necesitó a Lavagna como garantía de continuidad de la recuperación lograda con Duhalde. Kirchner fue la garantía de la continuidad de Duhalde.

Saturno pasando por la VIII representa ordenar el área de los “recursos compartidos”. El “corralito financiero” fue una medida tomada en esa época…

Y ahora en fase IX comienza a desactivarse y a resolverse. Toda la temática de compartir recursos con otros -interna y externamente- entra en crisis en VIII. En fase IX se van ensayando salidas: bonos, amparos judiciales… En lo externo, la dupla Kirchner-Lavagna decide poner fin al vínculo con el FMI. Y se lo hizo de un modo energéticamente maduro: poner fin a esa relación luego de comprometerse a pagar, esto es reconocer la deuda y elegir no seguir vinculado. Esto es muy distinto a la reacción de no reconocer la deuda porque no la puedo pagar o porque no estoy de acuerdo ideológicamente con aquel al que le pedí dinero. Creo que es importante diferenciar estas posiciones. Una cosa es decir “¡sós un usurero! ¡no pienso pagarte..!” y otra muy distinta “asumo la responsabilidad de haberte pedido plata, te pago lo que te debo, pero elijo no vincularme más con vós…”. Un gesto bastante maduro. Esta política empezó con Lavagna, Kirchner toma esto como propio y lo concluye.

Son los primeros dos años de Néstor Kirchner. Quiero que recordemos la situación de Kirchner en ese momento. Recordemos que había asumido con poca legitimidad popular: 22 % de los votos… Recordemos quiénes integraban su primer gabinete: Lavagna, Alberto Fernández, Ginés González García, Gustavo Béliz, José Pampuro, Rafael Bielsa, entre otros. Y recordemos su intento de transversalidad, de ir sumando al proyecto a lo más progresista de las demás fuerzas políticas: figuras como Luis Juez, Julio Cobos, Graciela Ocaña, Marta Oyhanarte… A partir de percibir la crisis de los partidos tradicionales, la estrategia era conformar un movimiento político transversal, aprovechando el momento de apogeo de la consigna “que se vayan todos”. Al mismo tiempo, era necesario atender la explosiva situación social. Esa transversalidad debía incluir a los movimientos sociales que se habían conformado en tiempos de crisis con un alto grado de informalidad y que Duhalde no supo integrar. El objetivo era transformarlos en orgánicos a un proyecto político. Y teniendo en cuenta lo extremo de sus demandas, el discurso que los contuviera debía tener un alto grado de polarización. Esa solución era, al mismo tiempo, una trampa: la necesidad de definir enemigos para generar aliados. Este es el kirchnerismo primitivo.

Y así nos acercamos a la fase X.

Fase X: De julio de 2004 a julio de 2006

El tránsito de Saturno por el Medio Cielo representa la oportunidad de consolidar autoridad, de plasmar del modo más objetivo la firmeza estructural de un proceso. En la lógica del desarrollo de los ciclos, la fase X representa el momento de su culminación, de recoger los frutos que corresponden a la conciencia con la que ha sido recorrido el proceso. Referido a Saturno, son tiempos de expresión madura de lo que se ha aprendido realmente (no en forma ideal) a lo largo del ciclo, tiempos de realismo en los logros y de necesaria frustración de lo que se creía haber logrado desde los anhelos subjetivos.

Atendiendo al ciclo saturnino iniciado en 1982, el proceso democrático destaca la sincronicidad de las distintas presidencias con los tránsitos por las casas angulares.

Estas cuatro presidencias son símbolos de lo desarrollado en el proceso democrático. Representan hitos en el ciclo de estructuración iniciado en 1983. Y si confiamos en la lógica que transparenta los tiempos astrológicos, cualquier análisis profundo y objetivo debería incluir cada una de estas etapas de gobierno y significarlas dentro de un único proceso. Cada una de ellas está vinculada con las demás, cada una de ellas habilita al mismo tiempo que condiciona a la siguiente. Como entidad comunitaria, somos una dinámica que incluye esas cuatro calidades como fases de un ciclo colectivo. Cada una necesaria e insuficiente, porque como parte de un proceso ninguna de ellas es capaz de sintetizar la complejidad de la totalidad. Cada una se diferencia de la otra y ninguna es el todo en sí misma.

En esos tiempos de Saturno transitando la casa X de la Argentina se consolida el gobierno de Kirchner y el ordenamiento y recuperación económica con Lavagna conduciendo la economía.

Son tiempos de convergencia y transversalidad. El intento parece ser reunir referentes de esa “nueva política” demandada por los cacerolazos del 2001 y de una progresiva diferenciación de los referentes de la “vieja política”. No obstante, en este momento de consolidación aparecen gestos que comenzarán a marcar un surco cada vez más grueso en el que aquella convocatoria renovadora adquirirá rasgos de exclusión y polarización.

Recordemos que diferenciar no es excluir, ni discriminar es disociar. La percepción de polos que tienden a concentrar la energía en extremos que resultan antagónicos requiere el crucial esfuerzo de verlos como parte de una misma circulación, de una única dinámica que necesita de ambos para generar respuestas cada vez más integradoras. Es el pulso de vida y muerte, construcción y destrucción, conservación y cambio. Antes que polos en batalla, la percepción de esa dinámica polar se muestra como una operación conjunta, una co-operación. El conflicto como fuente de creatividad, antes que lucha por la hegemonía absoluta. Y es, precisamente, el anhelo de hegemonía absoluta de un polo lo que da sustancia a la lógica de la guerra. Hegemonía absoluta de un polo es exclusión definitiva del otro.

Propongo tomar tres hechos como referencia: el discurso de Kirchner en la ESMA en marzo de 2004, el triunfo electoral en la provincia de Buenos Aires sobre el duhaldismo en 2005 y la decisión de prescindir de Lavagna en noviembre de ese año. Emblemáticamente, estos sucesos representaron la búsqueda de una concentración de poder apropiándose de un modo –como quedará de manifiesto luego- cada vez más exclusivo de tres áreas sensibles: los derechos humanos, el poder político y la economía.

En aquel discurso de 2004 Kirchner se presenta a sí mismo como el primer presidente de la democracia que toma acciones respecto a los crímenes del gobierno militar. Con ese gesto logra identificar la causa de los derechos humanos con su propia persona y su propio gobierno, pero al mismo tiempo queda desconocida toda política anterior y todos los hechos generados al respecto desde 1983. El proceso de la memoria colectiva es alterado. Surge la necesidad de rectificarlo a favor de la verdad tal como la interpreta el grupo gobernante: unilateralmente se corrige el prólogo del “Nunca Más”.

La posibilidad de percibir la relación de la sociedad con su violenta experiencia de la década del 70 como un ciclo se trunca. La perspectiva del tiempo -que permitiría registrar todo lo vivido (juicio a las juntas, sublevaciones militares, leyes de punto final y obediencia debida, indultos, etc.) como fases de un proceso complejo que habilita tomar ahora decisiones reparatorias y de consumación de tanto dolor- es simplificada y reducida a la dimensión de los atributos personales de un gobernante providencial. Así, comienza a inscribirse en el relato oficial una visión autorreferente y fundante: donde nadie había hecho nada (o sólo claudicado incluso con complicidad) surge una figura presidencial que al fin hace justicia.

Sin necesidad de juzgar intenciones (que pueden ser desde muy nobles a oscuramente manipuladoras), la consecuencia es una fractura que comienza a operar en la conciencia colectiva. Valores universales de la sociedad quedan identificados con las cualidades de una facción política, la adhesión a una causa humanitaria ecuménica queda asociada al apoyo a un gobierno específico: si no se está de acuerdo con la personalidad presidencial se está a favor de un genocidio.

Por otra parte, el triunfo en las elecciones legislativas de 2005 imprime en Kirchner la convicción de poder prescindir de la herencia duhaldista y alinear al aparato peronista detrás una política más centrada en sus propias visiones personales. Y quizás el rasgo más condicionante lo representaba el ministro de economía heredado. A partir de la salida de Lavagna del gobierno luego de aquellas elecciones, es el propio Kirchner quien asume las decisiones en la economía, iniciando un proceso de progresiva concentración de poder y de decisión en su propia figura. De este modo, aquel movimiento kirchnerista que se proponía convocante a la transversalidad comienza a ser expulsivo. Antes que congregar empieza a generar exiliados. Serán más los que empiezan a salir que los que estén llegando.

Es interesante atender a este punto que ya fue desarrollado en otros artículos escritos en el contexto de la crisis del 2001-2002 (ver https://alejandrolodi.wordpress.com/2010/03/11/2002-el-colapso-de-lo-que-creemos-ser/ ). El contexto astrológico en  los primeros dos años de la presidencia Kirchner tuvo que ver, no sólo con el tránsito de Saturno al Medio Cielo, sino a la  oposición Sol-Luna de Argentina en el eje Cáncer-Capricornio y casa X-casa IV. Tiempos para madurar la relación entre las figuras gobernantes (Sol en Cáncer en Medio Cielo) y el pueblo (Luna en Capricornio en Fondo de Cielo), para hacer consciente y tomar responsabilidad sobre un vínculo que, teniendo la potencialidad de expresar una cualidad de contacto sensible y complementario, atento a necesidades populares y que valora el factor humano, puede derivar en la disociación entre un pueblo carente y demandante y el personalismo de figuras afectivizadas sobre las se proyecta atributos paternales o maternales que sobrecargan la subjetividad y la pérdida de discernimiento, y que alternan sentimientos de devoción incondicional y desilusión o frustración.

El culto a la personalidad del líder en la relación entre pueblo y gobernantes supone la sobrevaloración de una única opinión, sabia y bondadosa como la de un amado padre o amada madre. Así, abrir el juego a diferentes miradas que generen una dinámica de decisiones en la que ninguna visión prevalezca en forma absoluta y excluyente, es vivida como síntoma de fragilidad. Lo seguro es el cobijo de la convicción de la personalidad gobernante, que cuenta además con la propiedad exclusiva del bien. Disentir con su voluntad es estar a favor del mal. La supervivencia de la comunidad, la cobertura de las necesidades básicas del pueblo, sólo están garantizadas en la adhesión incondicional a la figura de un líder carismático, paternal-maternal, providencial.

Recurriendo a nuestra memoria histórica, podemos asociar este rasgo con el valor otorgado a una figura: el caudillo. Un arquetipo caracterizado por una cualidad protectiva, concentradora de poder, sabia y conocedora de lo bueno, que exige absoluta incondicionalidad y para la cual toda voluntad que se le oponga resultará una traición irreparable que debe ser castigada. La fidelidad al caudillo revela el supuesto de la política como guerra. La percepción de la vida en comunidad como conflicto de intereses antagónicos y excluyentes, en los que unos deben prevalecer de un modo pleno y total sobre los otros, sin disenso ni oposición. Parece inevitable que la organización de una sociedad alrededor de la figura del caudillo adquiera un carácter pre-democrático o al menos autocrático. La ley es la voluntad del líder. El consenso cede a la prepotencia. La devoción a la personalidad entronizada y el alineamiento compulsivo a una visión única que se auto-legitima como verdadera reemplaza a la contención y el debate de diferentes percepciones acerca de la verdad y a la dinámica de alternancia en la responsabilidad de la toma de decisiones.

En nuestro imaginario colectivo, estos años del proceso democrático iniciado en 1983 parecen haber reforzado la sensación de que una figura presidencial fuerte es garantía de gestión y que abrir el debate a diferentes opiniones resulta peligroso, frustrante o debilitante. La paradoja es que esto lo vive una entidad colectiva Ascendente en Libra.

¿En fase X comienza la  pelea con Clarín..?

 No. El conflicto con Clarín será a partir de la crisis con los sectores del campo en 2008. En verdad, antes que enemigos, en estos tiempos gobierno y Clarín parecen tener una buena relación. De hecho, recordemos que dos días antes de que asuma Cristina, el 8 de diciembre de 2007 el gobierno autoriza (con la firma del secretario de comercio interior, Guillermo Moreno) la fusión de Cablevisión y Multicanal, lo que representa una importante concentración de medios de comunicación a favor de un grupo del que Clarín cuenta con la mayoría del paquete accionario.

Fase XI: De julio de 2006 a octubre de 2008

 

La fase XI de un ciclo es el tiempo en el que emergen las semillas de lo nuevo. El proceso ya consolidado en fase X ha comenzado a dar sus frutos y sólo resta disfrutarlos y comenzar a retirarse de él. La energía se orienta, ya no a la concentración en un logro o a la obtención de una meta planificada, sino a intuir el futuro, a ser sensibles a direcciones que exceden lo que puede complecerse en el corto plazo. Son tiempos de apuesta creativa, de estímulo a lo nuevo, de sentir fidelidad con el futuro, antes que con el pasado.

Referido al ciclo de Saturno sincrónico con el proceso democrático argentino iniciado en 1983, los tiempos de la fase de XI coinciden con la consolidación de la recuperación económica posterior a la crisis del comienzo de la década y con las estrategias respecto a la continuidad de cara a las elecciones presidenciales de 2007. Con la oposición sin discurso ni propuesta articulada, todo se orienta en dirección a una incógnita: ¿Néstor Kirchner o Cristina Fernández?

Ya decidida la autonomía respecto al aparato político del peronismo tradicional y más allá de los intentos de transversalidad, aparece la necesidad de renovar cuadros y dirigentes dentro del propio espacio de gobierno. Y se decide acentuar la identificación con los ideales y la mística de la juventud revolucionaria de los 70. A finales de 2006 surge “La Cámpora”, grupo de jóvenes liderados por Máximo Kirchner y que cuenta con hijos de militantes desaparecidos entre sus más destacadas figuras.

Desde el partido en el poder se instala la visión de una continuidad alternada entre Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Es la estrategia de generar un movimiento que inaugure un nuevo ciclo democrático y que sea capaz de sucederse a sí mismo. En aquellos años se enfatizaba el valor de una presencia femenina, más dispuesta a la apertura a nuevas relaciones con otros sectores políticos progresistas y que actualice aquella aspiración a un frente transversal. La personalidad de Kirchner estaba demasiado asociada a la actitud confrontativa y Cristina se presentaba como una posibilidad más abierta y contemporizadora. Su imagen de campaña no enfatiza su fuerza sino su capacidad vincular: “A la Argentina que viene la hacemos entre todos. Cristina, Cobos y vos”.

Recordemos que en 2007 el supuesto era que Cristina iba a conducir la situación sólida que le legaba Néstor y que, gracias a esa estabilidad económica y política, él podría retirarse a su oficina de Puerto Madero a construir la continuidad de ese proceso, dedicándose a la ardua ingeniería de conformar ese movimiento progresista transversal y recomponer el Partido Justicialista. Y no tenemos por qué desconfiar de que esa no haya sido la estrategia: instaurar un clima de diálogo más amplio sobre las firmes bases de lo logrado, mantener la situación en “piloto automático” y comprometerse con una visión de futuro.

Con ese clima ingresamos al momento de consumación del ciclo, la fase XII del proceso democrático iniciado con el tránsito de Saturno atravesando el Ascendente en 1983.

Fase XII: De octubre de 2008 a noviembre de 2011-agosto 2012

Los tiempos de XII son tiempos de agotamiento y consumación, de retiro y renuncia. Todo un proceso llega a su fin, al momento oportuno para liberar la carga de lo pendiente, para llevar a cabo el más purificador balance, vacío de anhelos de logros, apegos a visiones o estrategias de conquista. Son tiempos propicios para una introspección, honda y delicada, que permita el contacto con contenidos de la experiencia que no se quiso, no se supo o no se pudo incluir ni hacer conscientes a lo largo de todo el recorrido. Y acceder a un sentido trascendente de aquello que ha sido desarrollado. Son tiempos de sacrificio, de revelar lo sagrado de la experiencia que se ya se extingue. Referido a un ciclo de Saturno, toda una estructuración de la realidad agota su experiencia, la cual impregna -como semilla contenedora de la síntesis consumada- el surgimiento de una nueva estructura. El pasado desprende el futuro.

Pero también pueden resultar tiempos de hechizo, en los que formas carentes ya de vitalidad atrapan a la conciencia, en los que fantasmas del pasado parecen cobrar vida cierta. Y en esta variante, los climas de XII convierten la sensibilidad a una nueva dimensión de significado en una pesadilla de revanchas, culpas, inmolaciones y expiaciones. Referida a un ciclo de Saturno, esas formas vacías del pasado que parecen  ahora resucitadas darán sustancia al nuevo ciclo de estructura, sustancia excitada por aquel encantamiento de lo ya celebrado antes que animada por la chispa de lo renovadoramente creativo. El pasado pretende reproducirse en el futuro.

El intento de significar los hechos vividos como comunidad desde 2008 en su sincronicidad con la fase XII del ciclo saturnino iniciado en 1983 ha sido desarrollado en distintos artículos publicados en este sitio. Para no resultar redundante, invito a visitar la serie “2009: Entre disoluciones y oportunidades” (parte 1 a 3) y “Argentina 2011: Del hechizo destructivo a la compasión transformadora” (parte 1 a 4) en https://alejandrolodi.wordpress.com/.

El desafío de los tiempos de XII es ser capaces de no dejar nada afuera. Intentar incluir todo lo que se pueda. No ahorrar reflexiones acerca de lo vivido, ni meditaciones acerca de lo actuado. No ceder al encanto de la exclusión y animarse a ver todo lo que se presente. Ni huir de los fantasmas ni permitirles que cobren vida, sino atender -con una sensibilidad inédita que no podía disponerse en otro momento del ciclo- a lo que tienen para decirnos.

Y ya aquí avanzamos en los tiempos de la primera presidencia de Cristina Fernández y el momento presente.

El año 2008 se hace manifiesta la entrada a fase de XII del ciclo de Saturno. Y se da en circunstancias históricas sincrónicas con otros dos momentos cíclicos altamente significativos:

.- El inicio de un ciclo Sol-Luna progresado.

.- El tránsito de Neptuno en conjunción a Saturno natal (por segunda vez en toda la historia argentina).

Respecto a hipótesis acerca de lo que el ciclo Sol-Luna puede simbolizar en la vida de un país y a un análisis de las correspondencias con nuestra historia, propongo consultar el artículo “2008: Argentina y nuevo ciclo Sol-Luna progresado” en https://alejandrolodi.wordpress.com/. Sólo destacaré aquí que es un ciclo que alude a niveles profundos de nuestra organización como nación, que atiende a la forma que adquieren las relaciones sociales en sus diferencias constitutivas (por clase, por etnias, por religión, etc.), a la forma institucional del Estado, su economía y el vínculo con el mundo (apertura liberal, cierre proteccionista), y a la forma de representatividad y de relación entre figuras gobernantes y pueblo o ciudadanía (plural, vertical, carismática, consensuada, etc.)

Y también mencionaré una peculiar característica de nuestro patrón cíclico: cada arranque de ciclo Sol-Luna es sincrónico con un momento de disolución del ciclo de estructura saturnina. Cada momento de Luna Nueva coincide con el de un tránsito de Saturno por la casa XII. ¿Cómo significar esta clave? El comienzo de lo nuevo y la exploración del pasado. El impulso fundacional y el agotamiento de hechizos. El compromiso de la fuerza iniciadora y la consumación de supuestos inconscientes que animaron tiempos ya vividos. El comienzo ligado a develar lo oculto. El inicio relacionado con hacer visible lo negado.

Esta paradoja de la forma del tiempo que adquiere la carta natal de Argentina cobra significado refiriéndola a un dato de su estructura:

.- Júpiter en Escorpio en casa I.

.- Plutón conjunción Quirón en Piscis en casa VI.

.- Plutón en cuadratura a Neptuno.

Esos indicadores conforman lo que podemos llamar un “núcleo energético” del mapa astral argentino. Este núcleo jupiteriano-plutoniano-neptuniano alude a la capacidad de encontrar sentido en el dolor, de sentir una dirección que se revela en el contacto con lo temido, de una capacidad de trascendencia que emerge desde el miedo hacia una sensibilidad cada vez más incluyente y compasiva, agotando el hechizo de exclusión y exterminio del otro amenazante (el mal).

El desafío en tiempos de XII es mayúsculo. Lo es en la experiencia de una conciencia individual y mucho más en un proceso psíquico colectivo. La oportunidad de un auténtico salto de percepción a partir de vaciarse de contenidos hasta ahora excitantes. Una posibilidad de contacto con niveles transpersonales del misterio de nuestro destino como comunidad, más allá de la devoción a personalidades y la adoración a ideas cargadas de afecto. Pero también son tiempos que pueden exponer nuestra incapacidad colectiva para responder a ese orden sutil y asistir a cómo esa sensibilidad trascendente puede depositarse o ser capturada en imágenes arquetípicas que reproducen –ya no como tragedia, sino como farsa- viejos patrones que malogran así toda eventualidad creativa que habría surgido de tolerar el vacío y resignificar nuestro relato del proceso histórico.

Al respecto, vale recordar un dato objetivo. En marzo de 2008 el clima de Saturno en fase XII se refuerza con el efecto análogo de Neptuno transitando sobre Saturno natal de Argentina. Como anécdota (que puede adquirir el carácter de una señal de alerta acerca de ciertos peligros inherentes a la cualidad de ese tiempo cíclico), además de darse a conocer la famosa “resolución 125” que dará origen al conflicto con los sectores del campo, es el mes en que los habitantes de la ciudad y el gran Buenos Aires convivimos con una persistente e irritante niebla provocada por la misteriosa (¿espontánea? ¿intencional?) quema de pastizales. Fueron semanas de sueño alterado y dificultad para ver con claridad en sincronicidad a tiempos de XII.

Así, de acuerdo a la ambivalencia de su delicada y engañosa sustancia, la experiencia cíclica de la fase XII puede representar tiempos de agotamiento de hechizos colectivos que impedían ver realidades como también de exaltación de ilusiones compartidas que velan posibilidades de realización. Y en la carta de Argentina simbolizará la consumación de un proceso de ser Ascendente en Libra: la oportunidad de un salto de conciencia en el aprendizaje vincular de reconocerse en el otro habiendo partido del anhelo de definirse por su plena y excluyente oposición.

Ser sensibles a la cualidad de los tiempos de fase XII del ciclo de Saturno por la carta de Argentina nos reclama estar atentos a cuáles son los temas pendientes que es necesario consumar para agotar el proceso iniciado en 1983. Qué experiencias del pasado pueden retomar vitalidad para hacer un balance profundo y esencial que permita a la conciencia colectiva dar una respuesta resolutiva. Qué fantasmas pueden retornar para poner a prueba nuestra capacidad de discernimiento y comprensión o acaso descubrir cuánta fascinación son capaces aún de provocar en nosotros. No son tiempos para reaccionar con rechazo ni para adherir encantados a lo que se presenta, sino para ver la trama inconsciente que anima nuestra voluntad colectiva, para resignificar los hechos de la historia –pasada y reciente- desde una perspectiva que sea capaz de incluir y reunir aquello que durante el ciclo fue necesario (porque no se supo, no se pudo o no se quiso) excluir y mantener separado.

Un hecho pleno de significado en este contexto de Saturno en fase XII es la muerte de personalidades que resultaron significativas del curso de la democracia iniciado en 1983. Referentes de autoridad que se disuelven. El proceso democrático ya no contará con ellos. Se van en sincronicidad con el ciclo que los tuvo como protagonistas, más luminosos o más oscuros. Recordemos algunos de aquellos que han muerto desde 2009 a la fecha: Raúl Alfonsín, Mercedes Sosa, Néstor Kirchner, Emilio Massera, María Elena Walsh, Ernesto Sábato… Todos son figuras muy sensibles al proceso iniciado con Saturno en fase I. Alfonsín como símbolo de autoridad presidencial que garantizara la democracia, Ernesto Sábato y el informe de la Conadep, Mercedes Sosa y los artistas del exilio, Emilio Massera y los comandantes sentenciados, María Elena Walsh y su canción “La Cigarra” como icono del retorno de la democracia, Néstor Kirchner y la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad…

El comienzo del tránsito de Saturno por la casa XII resultó sincrónico al inicio del primer gobierno de Cristina Fernández. Y desde ese instante se presentan algunos hitos reveladores. Por un lado, el caso del ingreso de dinero no oficial desde Venezuela (recordado como “la valija de Antonini Wilson”) y el asesinato de tres empresarios farmacológicos ligados al comercio ilegal de la sustancia llamada “efedrina”, ambas situaciones ligadas al aporte de fondos a la campaña presidencial. Comienza a adquirir notoria evidencia la oscura actividad del financiamiento de la política y el negocio del narcotráfico que se ha ido desarrollando en nuestro país desde hace décadas (visible en la proliferación del consumo y sus consecuencias sociales tales como la incidencia en el aumento y la calidad –cada vez más brutal- del delito, el aumento del número de población con problemas de adicción, etc.). La gravedad de la situación delata una dimensión de corrupción sistémica que atraviesa el sistema político, el judicial y los mecanismos de control y seguridad administrativos y policiales. Y este es un punto muy oscuro, un tema que aún no aparece planteado –al menos no lo suficiente como para revertir la tendencia en aumento- en las propuestas electorales ni en las políticas del Estado, que no es investigado por el periodismo, ni forma parte de lo que las encuestas indican como temas que preocupan a la población. Sólo es denunciado por algunos referentes de grupos dedicados a la asistencia social que deben lidiar a diario con las terribles consecuencias de cuando se combina droga y exclusión del sistema. En tiempos de XII, se hace evidente que nuestra sociedad presenta un grave problema respecto al tráfico y consumo de drogas. Y que la democracia desarrollada desde 1983 no ha sabido impedirlo, contenerlo ni resolverlo.

La sociedad polarizada

Por otro lado, en marzo de 2008 comienza a desarrollarse el conflicto con el campo. Quizá esto sea lo más recordado, porque ha dejado una marca como estigma: la sociedad polarizada. Más allá de toda diferencia de opinión, creo que podemos estar de acuerdo en que desde 2008 se ha instalado un clima de polarización en aumento. Un clima de tensión y división que hace recordar a la fase XII de 1979 a 1982, pero mucho más aún al de la fase XII sincrónica con el trágico antagonismo peronismo-antiperonismo de 1949-1953. ¿Cuánto hace que no decíamos “no hablemos de política…” en reuniones familiares para evitar terminar peleados entre hermanos? Desde 2008 el hechizo de la polarización comenzó a activarse, capturando voluntades individuales. Las opiniones excluyentes, las reacciones descalificadoras, el desprecio a la mirada del otro, el juzgamiento de posiciones políticas desde etiquetas ideológicas que parecían ya pertenecer a los libros de historia (gorila, cipayo, antipatria, zurdo, facho, oligarca, etc.) comienzan a proliferar anulando toda posibilidad de discernimiento. La percepción de la realidad se simplifica en polos extremos y la posibilidad de profundizar en su complejidad queda anulada.

Es fundamental reconocer que si esto ocurre es porque el clima de XII está revelando que el encanto de la polarización está aún vivo en nuestra psique colectiva. No es producto de la acción de los gobernantes sobre una pasiva población, sino que se hace explícito que ese discurso oficial de confrontación tiene receptividad en la sociedad. Son tiempos para asistir a la evidencia de cuánto aún prende en nosotros la lógica bipolar (buenos-malos, aliados-enemigos), cuán susceptibles somos todavía a esos embriagadores y oscuros contenidos del inconsciente colectivo. En la dimensión de una psique individual este tipo de experiencia resultaría equivalente a descubrir cuán sensibles somos a una conducta adictiva que acaso creíamos superada, de asistir a la pesadilla de comprobar que viejos fantasmas demuestran tener aún poder sobre nuestra voluntad consciente.

El clima de polarización que se impuso desde 2008 revela que nuestra conciencia colectiva es todavía vulnerable a la excitación de percibir la política como una guerra. La vitalidad de la confrontación de las diferencias, no de su encuentro. El ansia de que la voluntad de una facción logre someter a la de otra facción e imponerse sobre el conjunto de la comunidad, no por persuasión consciente, sino por la fuerza del poder. La ardiente sensación de quitar la potencia de los demás para concentrarla en una única visión, la torre de la visión verdadera. El éxtasis de que todos respondan a una misma voluntad: la nuestra. No hay otro. Sólo enemigos a derrotar. Toda diferencia debe uniformarse. El bien absoluto libre de toda amenaza de mal. El bien absoluto identificado con los anhelos de una facción. El otro como el mal.

Otro suceso que se instala con el clima de XII es la batalla por los medios de comunicación y el control de la información de las estadísticas oficiales. Es necesario agregar aquí otro dato del contexto astrológico: el tránsito de Plutón por la casa III de Argentina -que viene desarrollándose desde 2005 y que se extenderá hasta 2016- proponiendo una transformación en nuestro modo de comunicarnos, tanto como hacer contacto con el oscuro poder del manejo de la información y su manipulación.

La lógica de la guerra aplicada a la política valida la mentira. Mentir no es faltar a la verdad, sino una estrategia para derrotar al enemigo. Falsificar la realidad deviene en patriotismo. La política como guerra justifica el verticalismo obediente. En guerra no obedecer una orden puede significar la muerte propia o de un camarada. La guerra es un estado de situación extrema. La política como guerra configura la vida en comunidad como un estado de excepción, lo excepcional como cotidiano. La convivencia democrática es vivida como el riesgo de quedar a merced del enemigo.

El estratégico engaño deliberado y la obediencia piramidal -propio de la guerra- aplicado a la organización de una comunidad inevitablemente derivan en modos militaristas que comienzan a impregnar las relaciones sociales: acatamiento, descalificación del disenso, tendencia al pensamiento único, verticalismo, mando personalizado, supresión de la discusión… La política militante. La libre expresión de ideas deja su lugar a la necesidad de triunfos ideológicos. Ideas que difieran del dogma son funcionales al enemigo. Las ideas como bandos. Las ideas binarias. O adhieren a la autoridad o conspiran contra ella. La lógica de la guerra aplicada a la vida en sociedad genera formas autoritarias: la autoridad como imposición. La autoridad no brota de la experiencia reconocida, sino de la fuerza para subordinar. El riesgo de la distorsión fascista del concepto de autoridad.

La guerra es un vínculo que llega a su extremo de máxima exclusión: matar al otro. Aceptar el vínculo implica convivencia. Vivir con el otro. Reconocer el vínculo es incluir al otro. Y capacidad de inclusión implica capacidad de diálogo. Escuchar al otro y ser escuchado. Exponer la propia percepción y atender a la percepción del otro.

La deuda de inclusión

La fase XII deja en evidencia –de un modo que rebalsa cualquier intento de evitarla o negarla- la exclusión social que ha generado el sistema desde décadas y que el proceso democrático iniciado en 1983 no ha sabido corregir y que incluso, más allá de sus intenciones, ha contribuido a agravar. Producto de sucesivas crisis, planes económicos fallidos o que deliberadamente han subestimado costos sociales a favor de la estabilidad y el crecimiento macroeconómico, millones de argentinos (y que ya incluye más de una generación) permanecen fuera de toda expectativa de pertenecer al sistema, son expulsados hacia una marginalidad de subsistencia que ya no puede ser contenida con políticas asistencialistas. Esa exclusión endémica del circuito del trabajo y de toda posibilidad de progreso social ha derivado en la explosiva situación de la combinación de consumo de drogas de máxima toxicidad y el delito como supervivencia. No parece haber posibilidad alguna de tocar la profundidad de las soluciones a la inseguridad y las adicciones sin hacer contacto con la gravedad patológica de la exclusión social a la que parecemos estar habituados como sociedad. Y en tiempos de XII, el desborde y la degradación quedaron de manifiesto en hechos como la toma del parque Indoamericano de Buenos Aires en diciembre 2010 y de terrenos en la provincia de Jujuy en agosto de 2011, con grupos de personas enfrentándose con palos y con armas sin ninguna contención policial o de representantes de la autoridad institucional. En ambos casos el saldo fue de muertos, hoy casi olvidados.

Los tiempos de Saturno transitando la casa XII son propicios para que emerjan los supuestos inconscientes que sostienen nuestras creencias acerca de la realidad. Representan momentos de expansión de la sensibilidad perceptiva y de disolución de los bordes rígidos de aquello que nos estructura. Afecta a lo que creemos “real” y deja expuesto el condicionamiento de nuestras verdades. Y así Saturno en fase XII también representará la oportunidad de que esos supuestos perceptivos maduren, de reconocer sus contenidos más regresivos y animarse a frustrarlos para que se revelen niveles menos ilusorios y por lo tanto más sólidos de responder a la realidad. Finalmente, tal experiencia de agotamiento de hechizos redundará luego en el tránsito de Saturno sobre Júpiter natal apenas cruce el Ascendente: la oportunidad de madurar nuestros valores, ideas, y creencias.

Colaborar con tal desafío de madurez exige la mayor transparencia posible en la circulación de la verdad. Animarse a no ocultar lo que es percibido, aunque parezca contradecir lo que creemos. Atender a lo que se percibe mucho más que a lo que se cree. La necesidad de creer oculta a la verdad. La necesidad de que la realidad coincida con las creencias descalifica la percepción y en casos patológicos la niega. La sensibilidad perceptiva conmueve a las ideas organizadas. Neptuno conmueve a Júpiter. El realismo saturnino contribuye a liberarnos de supuestos a los que estamos apegados de manera inconsciente. La frustración de niveles ilusorios nos hace libre de su condicionamiento, nos expone a mayor libertad de percepción, no a menos. Lo que en un punto Saturno parece presentarnos como límite, en verdad es la habilitación a un despliegue más vasto y posible.

A mayor libertad de percepción, verdades más incluyentes. A menor libertad de percepción, ideas menos amorosas. El dogmatismo es paranoia. El fanatismo es incapacidad para vincularse. El condicionamiento de nuestros supuestos inconscientes y de nuestro anhelo de que la realidad coincida con nuestras buenas intenciones trazan los límites de nuestras creencias, la frontera de nuestras ideas a la amorosidad para incluir.

El hechizo de absoluto

En tiempos de XII  se hace explícita la sensibilidad de nuestro inconsciente colectivo a esa clave de la carta natal de Argentina sintetizada en aquel núcleo neptuniano-jupiteriano-plutoniano. Nuestro hechizo de absoluto. Contemplando atentamente las recurrencias de los hechos históricos sincrónicos a los tránsitos de Saturno por casa XII (1949-1953 y 1979-1982) se transparenta nuestra conducta colectiva bipolar: la fascinación por liberarse épicamente de una situación a la que se llega épicamente. Pasar de la exaltación al repudio, de la euforia a la depresión, del éxtasis al escarnio. El encanto por convicciones dogmáticas. Esa bipolaridad se traduce también en las políticas económicas. Una alternancia maníaca y extrema entre el “fundamentalismo de mercado” y “fundamentalismo de Estado”. Ambos polos se retroalimentan. Los desastres de uno convocan al otro como revelación salvadora, hasta que sus desastres convocan al otro como redentor. La apertura indiscriminada de la economía como salvación a la parálisis y el atraso estatista, la protección de lo nuestro como redención al saqueo de la usura del libre mercado.  Siempre se reproduce la convicción de una idea absoluta, excluyente. La fantasía de un rol absoluto del mercado, excluyente del Estado. La fantasía de un rol absoluto del Estado, excluyente del mercado.

En la excitación bipolar se anula la posibilidad de desarrollar una percepción dinámica de la relación mercado-estado en la economía, de la capacidad de articular con madurez la iniciativa privada con la iniciativa estatal. Nuevamente, aparecen las posiciones absolutas que presuponen la percepción del vínculo como batalla: combatir el capital, disolver el Estado. El hechizo del Estado recurrentemente se ha traducido en la constitución de una burocracia estatal que vive sin generar gracias a la producción o el aporte de otros. En la calidez de su fantasía se genera la ilusión de un Estado como fuente ilimitada de riqueza y bienestar para todos. Por su parte, el hechizo del mercado recurrentemente ha gestado una élite empresaria o financiera que gana sin límite y sin preocupación por una justa distribución de la riqueza. En su mágica fantasía, la ilusión es la de un mercado que, al habilitar formidables negocios para algunos pocos, producirá un derrame de abundancia hacia el resto de la sociedad.

Ambos hechizos requieren de una fe absoluta, lo cual se traduce en la necesidad de no ser controlados. Ni controlar los gastos del Estado (porque sería atentar contra el bienestar del pueblo), ni controlar rentas excesivas o tendencias monopólicas (porque sería impedir el progreso económico del país). Ambos hechizos requieren convertirse en el discurso único de la sociedad, “cirugías mayores sin anestesias” o “ir por todo”. En el juego de extremos absolutos, quienes saben cómo generar no muestran el menor interés en ocuparse de distribuir y quienes tienen grandes ocurrencias distributivas –a partir de apropiarse de lo que otro supo producir- no muestran la mínima disposición de involucrarse en la complejidad de la generación de recursos.

Pero quizá el punto más sensible de esta fase XII (que actualiza el estado del núcleo neptuniano-jupiteriano-plutoniano y nuestro hechizo de absolutos) esté vinculado con la experiencia del dolor. La elaboración de los contenidos más inconscientes de nuestro ritual colectivo de violencia y exterminio que marcara los últimos dos ciclos saturninos: 1953-1982 y 1982-2011. Como sociedad, no son tiempos para ahorrar ninguna percepción ni ninguna intuición respecto a nuestra relación con la violencia, ni para dejar de animarnos a incluir todo el dolor posible. No es tiempo (como no lo fue el anterior período de XII de 1979-1982) para refugiarnos en ideas si percibimos que habitándolas bloqueamos el contacto con el sufrimiento de algún argentino. No es momento para evitar el sentimiento compasivo a favor de seguir sosteniendo la imagen que tenemos de nosotros mismos. El desafío es ser capaces de incluir todo el dolor posible, de tener el coraje de la compasión. Y para eso será necesario disponernos con consciencia a disolver el hechizo destructivo que impregna nuestro corazón, el poder del miedo que nos lleva a justificar crueldades, a insensibilizarnos al dolor del otro fascinados con epopeyas de purificación y salvación. El encanto del sacrificio redentor como narcótico a la conmoción del contacto humano directo.

La polarización creciente de los últimos años, la reaparición del pasado excitando las voluntades, quizás estén ofreciendo una posibilidad de curación en el alma colectiva. Quizás provean lo necesario para consumar la experiencia de tanto sufrimiento, reconociéndola y asumiendo responsabilidades. Quizás tenga el sentido de agotar las posiciones más rígidas y dogmáticas respecto a nuestros años de violencia para que aflore un nuevo contacto sensible que sume compasión a la necesidad de justicia. Quizás represente el tiempo oportuno para sensibilizarse a la tragedia que protagonizamos como sociedad de un modo que no era posible hacerlo antes, una expansión de sensibilidad consciente capaz de percibir más profundas y más humanas complejidades.

La transversalidad del dolor

El tiempo de XII de nuestra experiencia colectiva iniciada en 1983 representa el gigantesco desafió de ser transversales en el dolor. Reconocer el dolor del otro y dejarnos atravesar por él. Disolver el hechizo de que el dolor sea propiedad de una facción, de que sólo valga “nuestro dolor” y que el dolor del otro sea una especie de “merecido castigo”. Renunciar a la fascinación de ser víctimas y al poder que nos otorga. Ser transversales en el dolor es ser capaces de incluir todo el sufrimiento que nos inflingimos. Asumir la responsabilidad de acciones y pensamientos, renunciando a toda justificación ideológica del sufrimiento del otro. Ser sensibles al dolor provocado a partir de acciones que se pretendían justas. Ser transversales en el dolor es un portal a la compasión y al perdón.

El caso de Victoria Donda y su hermana Eva es un símbolo de nuestras heridas colectivas. Todo movimiento que puedan hacer ellas en su relación tendrá un profundo significado en la elaboración del pasado de nuestra sociedad. Sus padres se sumaron a la lucha armada revolucionaria en los ´70 y fueron detenidos y trasladados a la ESMA. Permanecen desaparecidos. La hija mayor de ambos, Eva, fue criada por su tío, hermano de su padre y oficial naval que operaba en la misma ESMA, hoy condenado a cadena perpetua. Victoria nace en cautiverio y es entregada a una pareja vinculada a la Armada quienes la crían como propia. En su adolescencia Victoria comienza a participar en la actividad de Derechos Humanos y descubre su identidad. Sus padres adoptivos hoy cumplen condena por apropiación de bebés. Victoria lo cree justo y, al mismo tiempo, los visita regularmente a la cárcel. Victoria reconoce ambas cosas: la responsabilidad en un crimen de esa pareja que la adoptó y el amor con la que la criaron. Parece imposible, pero Victoria lo hace. Sin embargo, el vínculo con su hermana no ha podido ser recuperado. Eva sigue reconociendo a su tío apropiador como padre. Afirma estar cansada de ser víctima y no quiere alterar su historia familiar construida. Horror y amor indisolublemente vinculados.

Intentar contener la historia de Eva y Victoria desde interpretaciones ideológicas se siente insuficiente. Es un drama que no tolera posiciones fijas, dogmáticas y extremas. Es una historia en la que los juicios absolutos adquieren carácter de profanación. Presenta la complejidad paradojal de una tragedia griega: ninguna posición absoluta resuelve la profundidad existencial de esta historia. El vínculo de Eva y Victoria exige tolerar una tensión casi imposible de sostener. Reclama incluir y ver unido algo que produce horror y que nuestra conciencia ordinaria preferiría separar. El vínculo de Eva y Victoria representa un desafío de expansión de conciencia. Es una experiencia transpersonal, extraordinaria, sagrada. Una historia que no se resuelve desde las reacciones de la personalidad, ni las sentencias del ego separado, sino que sólo puede ser contenida por el talento del alma y su amorosidad incluyente. Donde el ego ve polos, el alma percibe vínculo.

Lo que habilita en nuestros corazones la experiencia de Eva y Victoria puede ser aplicado a una mirada de nuestra historia compartida. Invita a la compasión. Creo que es posible registrar que la historia argentina no le ahorró heridas casi a ninguno de sus habitantes. El dolor no parece tener bandos. Si somos transversales en el dolor quizás percibamos que gracias al hechizo excluyente que domina, como supuesto inconsciente, nuestro histórico modo de relacionarnos no hemos dejado de infligirnos sufrimiento unos a otros. Hemos sido víctimas y victimarios, Caín y Abel.

Nuestra tendencia a los “ismos”, nuestro encanto por los absolutos, nos lleva a creer en polos que encarnan “el bien” y polos que encarnan “el mal”. Es probable, por ejemplo, que quien reivindique a Rosas sienta que esa figura es símbolo de la defensa de los valores nacionales y que sus adversarios son muestra del egoísmo indiferente al bien común y del servilismo a lo extranjero. No obstante, es necesario y honesto que quien se asuma “rosista” incluya en su percepción el fusilamiento de una joven de 20 años embarazada de 8 meses llamada Camila O’ Gorman. Si omite la responsabilidad de ese hecho histórico está falsificando la realidad. Si el encanto de sentirme “rosista” prevalece sobre tal reconocimiento es porque mi necesidad de creer en grandes personalidades en modo absoluto es más determinante que mi capacidad compasiva. Y estoy seguro que abrir el corazón al contacto con la realidad y asumir sus consecuencias inevitablemente disolverá la identificación “soy rosista” a favor de la sensibilidad a esa tragedia. Dejará de tener sentido definirse en términos de “rosista” o “antirosista”. Y tales disoluciones son propias de tiempos de XII.

Los santos héroes

Estos climas de consumación también son propicios para asistir a nuestra atracción inconsciente por la santificación de líderes políticos (y la proyección sobre ellos de cualidades maternales-paternales) y, como contraparte, la demonización de figuras públicas (la proyección sobre ellos de la carencia de toda cualidad humana). Los tiempos de XII representan una oportunidad para ser conscientes de este encanto que opera en nuestra conducta colectiva, pudiendo responder en dirección a agotarlo o cayendo nuevamente a su embriagante efecto. Como todo encanto arquetípico, la adoración de personalidades es algo que mantiene cautiva a la conciencia tanto como le provee una excitante sensación de vitalidad.

En 2011, la experiencia de una mujer peronista asumiendo el poder necesariamente actualiza la figura de Eva Perón. Mucho más si tal identificación es estimulada por su imagen recortada como fondo de sus apariciones públicas. Y como cada vez que un contenido sensible del inconsciente colectivo es estimulado, el desafío de discernimiento es máximo, tanto como el riesgo de excitar polarizaciones. La muerte de Eva Perón se produjo en sincronicidad con otra fase XII de un ciclo de Saturno. Es decir, en un momento astrológico análogo al presente. Esto permite confiar en la necesidad de profundizar hoy en su símbolo, de liberar a esa figura de la polarización a la que fue sometida y permitir que circule en nuestras conciencias aportando otro nivel de creatividad. Reivindicarla como “santa” o condenarla como “calamidad” implica un modo viejo, repetitivo y, en ese sentido, escasamente creativo de reconocer su actuación.

¿Qué nos exige esta oportunidad de XII en la consideración de una figura como Eva Duarte? Sin necesidad de convertirla por eso en una “santa”, reconocer que su participación en nuestra historia provocó el revolucionario cambio de percibir la equidad social como una acción política, no como una tarea femenina de beneficencia. Es asumir el legado irrenunciable de una mujer que dejó inscripto en nuestro inconsciente colectivo la percepción de que allí donde hay una necesidad, hay un derecho. Una mujer enseñando desde su sensibilidad que la justicia social es un deber de la sociedad, un reconocimiento del derecho de todo individuo al trabajo, a la salud y a la educación, no una actividad marginal librada a la buena voluntad de damas caritativas.

Al mismo tiempo, sin necesidad de juzgarla como una “calamidad”, reconocer el intransigente fanatismo, el culto a la personalidad de Perón hacia el que sólo admitía una adhesión incondicional, el fundamentalismo de una visión que no tolera ser puesta en duda, que combate a sus objetores como enemigos, y que exige dar la vida. Pocos días antes de morir redacta “Mi mensaje”, un texto desesperado y sincero, en el que se expone sin velos:

“…Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran. Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos sí. Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia. Me gustan los héroes y los santos. Me gustan los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo. El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte…”.

Con la distancia del tiempo y de los dos ciclos saturninos transcurridos, tenemos la posibilidad de ver en simultáneo ambas dimensiones de su figura. Más aun, tenemos la responsabilidad de no repetir el mismo nivel de polarización que hechizó a la conciencia colectiva de su época y de habilitarnos una mirada incluyente que haga aún más universal y efectivo el don de Eva Duarte en nuestra sociedad. ¿Cuáles son las ventajas de que circule en nuevas generaciones de argentinos el mensaje del fanatismo como virtud? ¿Por qué deberíamos privarnos del estímulo a ser sensibles a las necesidades de los desposeídos? ¿Es necesario que la solidaridad social y la sensibilidad a los excluidos que inspira la figura de Evita se divulgue en un discurso confrontativo y maniqueo? Y suponiendo que ese modo beligerante de responder al anhelo de justicia social fuera un alto condicionamiento al que estaban sometidas las conciencias de mediados de siglo XX, ¿lo requiere así el mundo del siglo XXI? Nuevamente, abrir el corazón manteniendo contacto con lo que ha habilitado su figura en nuestra historia, sin cristalizar nuestra percepción en polos extremos, tendrá como efecto una natural disolución de la necesidad de santificarla o demonizarla.

Renunciar a justificar la muerte del otro

Nuestra fascinante atracción por los absolutos, la excitación por la sensación de poder que proveen las convicciones cerradas, la necesidad de creer en “ismos”, hace que resulte todo un desafío de coraje responder a la sensibilidad compasiva. Los tiempos de XII son oportunos para abrir esa dimensión sensible, pero al hacerlo será inevitable tomar conciencia de supuestos que la bloquean y que están vivos en nuestro inconsciente colectivo.

Ser transversales en el dolor aparece como una necesidad en determinado momentos del proceso de la propia herida. La crueldad de la última dictadura y el horror de sus consecuencias están siendo saldadas en la justicia. Y en tiempos de XII hemos asistido al reconocimiento público de Videla de que aquellas acciones que condujo fueron delitos. Y es crucial no convertir a esos militares en chivos expiatorios que purgan culpas que, en verdad, pesan en la conciencia de la sociedad. La aparición de esa oscura purificación, la orden de “exterminar el accionar subversivo”, fue la respuesta de una sociedad con miedo, polarizada en las creencias cerradas del fundamentalismo del orden. En ese miedo, matar deliberadamente a otro ser humano aparece justificado. Sin embargo, lo más difícil es aceptar que la voluntad de aquella juventud idealista de los ´70 también estaba gobernada por un fundamentalismo revolucionario que cobijaba la oscura fascinación de la muerte purificadora. El desafío de compasión que sugiere ser transversales en el dolor exige reconocer la justificación de la muerte que implican los ideales que alimentaron la violencia política de los ´70. Esos ideales de un mundo nuevo que rescate el valor de la vida y que repare el sufrimiento humano, en verdad, también expresaron un desprecio por la vida y generaron más sufrimiento. Y esta es una paradoja muy dolorosa de asumir conscientemente.

Cada muerte tiene un nombre, una historia. Cada muerte ha marcado muchas vidas. Cada muerte invita a la compasión, a la valentía de renunciar a todo intento de justificarla. Algunas voces han surgido en esta dirección. Cuentan con el valor de la autoridad de haber vivido y sufrido los hechos. Durante los 2000, Oscar Del Barco -filósofo y militante revolucionario en los ´70-  hizo oír su voz:

“…Ningun justificativo nos vuelve inocentes. No hay “causas” ni “ideales” que sirvan para eximirnos de culpa. Se trata, por lo tanto, de asumir ese acto esencialmente irredimible, la responsabilidad inaudita de haber causado intencionalmente la muerte de un ser humano…”.

Y en 2012, Norma Morandini, hermana de dos desaparecidos, escribe en su libro “De la culpa al perdón”:

“…Si los años setenta no pueden reducirse sólo a la lógica de la violencia, tampoco pueden glorificarse. El relato que seamos capaces de forjar no puede ser prisionero de la mentira ni del oportunismo político, que se asemeja mucho a la falsificación histórica. Restan las razones más hondas, encuadradas como dilemas morales. Ningún fin, ningún ideal, puede servir como atenuante para eludir las responsabilidades que cada uno pudo tener en la tragedia colectiva. Cuánto más si se causó de manera intencional el sufrimiento de otros. O la muerte, tan exaltada como valor en la cultura revolucionaria…”.

Esa desvalorización de la vida, esa subordinación de la vida a otros valores (nacionalistas, económicos, religiosos, revolucionarios, etc.), esa indiferencia al dolor ajeno en virtud al apego a imágenes idealizadas (más egoístas o más solidarias), recorre nuestra historia, con variedad de matices ideológicos, políticos o de clase. Y parece que requerimos llegar a situaciones de gravedad trágica para registrarlas conscientemente. Como si fuera necesario llegar a extremos de catástrofe para adquirir sentido de realidad. Fue necesaria la experiencia extrema de la guerra de Malvinas para ver la sombra del poder militar, fue necesario el martirio del soldado Carrasco para ver el sometimiento y los abusos del servicio militar obligatorio, fue necesaria la tragedia de Cromagnon para ver la inconsciencia de prender bengalas en lugares cerrados y la laxitud de los controles legales. Y hoy es necesario sentirnos víctimas de la más irracional delincuencia para ver el grado de exclusión, marginalidad y descomposición social al que parecen condenados millones de nosotros.

Lejos de la compasión, allí somos capaces de rozar la impiedad. De desear el sufrimiento del otro. De disfrutar con su padecimiento. Desde el “viva el cáncer” que alguien pinto en una pared mientras Eva Duarte agonizaba, pasando por la perversa campaña de autoadhesivos con la inscripción “los argentinos somos derechos y humanos” lanzada en un momento de secuestros y desapariciones de personas, hasta llegar a la sórdida humorada de llamar “operación Traviata” al asesinato de Rucci o de ofrecer la “tabla de fiambres Pedro Eugenio” en un progresista restaurante temático de Palermo.

El perdón y el círculo del dolor

En los últimos tramos de Saturno por la XII el tema de los Derechos Humanos cobra relevancia. Fue protagónico en todo el proceso de la democracia inaugurada en 1983 y no puede dejar de ser significativa su síntesis en estos tiempos de consumación. ¿Por qué tendríamos que temer incluir todo el dolor posible? ¿Por qué necesitamos dejar sufrimiento afuera? Los hechos muestran que los derechos humanos exceden los intereses o la visión de una facción, que son universales. Ningún partido que se proponga como alternativa de poder puede ya excluir el tema. Es necesario que cada candidato explicite su política de Estado respecto a derechos humanos, hacia el pasado y hacia el futuro. Siendo universales, no pueden ser temas que sólo interesen a la izquierda. Omitir expresar una posición es perjudicar el proceso de la conciencia colectiva, es dejar librado su desarrollo a los riesgos de la lógica arquetípica del inconsciente colectivo, o nos acerca a una peligrosa negación.

Hemos asociado justicia con castigo y perdón con olvido. Y quizás valga revisarlo. Es necesario que quien ha cometido un delito asuma su responsabilidad y que se le imponga una condena. Sin embargo, la necesidad de que el culpable sea castigado delata una carga. Pedir castigo, aspirar a que el sentenciado “se pudra en la cárcel”, es un sentimiento demasiado próximo al deseo de sufrimiento. Necesitar que el culpable sufra nos aleja de la justicia y, sin darnos cuenta, nos aproxima a quien nos ha provocado dolor. Es crucial diferenciar el pedido de justicia (esto es, de reconocimiento de los actos cometidos y de asumir responsabilidad por sus consecuencias) del pedido de castigo, y dejar de tomar a justicia y castigo como sinónimos.

Justamente, el perdón no es la disposición a olvidar, sino la renuncia a castigar. El perdón sólo puede brotar de la justicia. El olvido anula la posibilidad del perdón. Pero, gracias a la justicia y a la memoria, surge el auténtico reto de perdonar: ofrecer el no castigo, renunciar a la ilusión de que el sufrimiento del otro repare el propio dolor, romper el círculo de la venganza y liberarse del odio. Es quien perdona el que se libera. Es el perdonado quien carga con un compromiso de gratitud en su consciencia al que debe ahora honrar.

La justicia no necesita prescindir del perdón. Con el perdón, la justicia llega a su consumación. Pero para que exista justicia es necesario que no haya olvido ni castigo. Si hay olvido, la justicia se torna impunidad. Si hay castigo, la justicia se torna revancha. El círculo de la justicia requiere conocer qué ocurrió, quiénes fueron responsables, asumir consecuencias y decidir no castigar. Gracias a haber agotado todo un ciclo de experiencia sostenida en aquella asociación de “juicio y castigo” y en la necesidad de que no hubiera “ni olvido, ni perdón”, quizás en sincronicidad con los tiempos de XII hoy pueda ir revelándose la oportunidad de que exista  juicio y perdón, en contacto con la verdad de lo vivido y sin que sea necesario ni olvido, ni castigo.

Epílogo

Finalmente, luego de tanto énfasis en la cualidad de agotamiento, consumación y renuncia propia de los tiempos de XII, vale preguntarse acerca de lo nuevo. Y para eso propongo atender a una cuestión que hace a propósitos, anhelos y hechizos ya no personales, sino generacionales. El ciclo que termina surgió del agotamiento de un poderoso hechizo: el de los militares como reserva moral de la Nación. Y podríamos asociarlo con los anhelos de una generación Plutón en Cáncer: poder y patria, guerra y pertenencia, muerte y seguridad. ¿De la consumación de qué otro fascinante contenido inconsciente estará emergiendo el próximo ciclo? ¿Los supuestos imaginarios de qué generación son los que están agotándose? La generación Plutón en Leo está protagonizando su tiempo de transformación del valor del individuo, el poder del carisma personal, la capacidad de la voluntad individual para destruir el viejo orden. La experiencia de la generación Plutón en Leo gira en torno del excitante poder de la subjetividad: el triunfo de la voluntad individual para fundar la historia.

La inexorabilidad del tiempo biológico indica que esa experiencia generacional está agotándose y dando paso a otras dos generaciones que ya van reclamando -y cobrando- protagonismo: las de Plutón en Virgo y Plutón en Libra. Se trata de otro tipo de discursos, de otras valoraciones de los hechos y otras miradas del pasado y del futuro. Otro modo cualitativamente distinto de entender el poder y de ejercerlo, de percibir la dinámica de la historia y su complejidad…

A menos que opere el hechizo de permanecer en lo que en verdad ya no tiene vitalidad, reproduciendo lo viejo, repitiendo la historia en un tiempo distinto, frustrando la revelación de lo creativo.

(Fin)

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Responses

  1. ¡ Muchas Gracias Ale por el “trabajito” y por compartirlo !. _/l\_


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