Posteado por: alejandrolodi | 26 febrero, 2013

El perdón y el círculo del dolor

Alejandro Lodi

(Febrero 2013)

04(Fragmento de “Gira democrática y misteriosa – quinta parte” publicado en julio 2012).

…El gigantesco desafío de ser transversales en el dolor. Reconocer el dolor del otro y dejarnos atravesar por él. Disolver el hechizo de que el dolor sea propiedad de una facción, de que sólo valga “nuestro dolor” y que el dolor del otro sea una especie de “merecido castigo”. Renunciar a la fascinación de ser víctimas y al poder que nos otorga. Ser transversales en el dolor es ser capaces de incluir todo el sufrimiento que nos infligimos. Asumir la responsabilidad de acciones y pensamientos, renunciando a toda justificación ideológica del sufrimiento del otro. Ser sensibles al dolor provocado a partir de acciones que se pretendían justas. Ser transversales en el dolor es un portal a la compasión y al perdón.

El caso de Victoria Donda y su hermana Eva es un símbolo de nuestras heridas colectivas (https://alejandrolodi.wordpress.com/2011/08/02/hermanas/). Todo movimiento que puedan hacer ellas en su relación tendrá un profundo significado en la elaboración del pasado de nuestra sociedad. Sus padres se sumaron a la lucha armada revolucionaria en los ´70 y fueron detenidos y trasladados a la ESMA. Permanecen desaparecidos. La hija mayor de ambos, Eva, fue criada por su tío, hermano de su padre y oficial naval que operaba en la misma ESMA, hoy condenado a cadena perpetua. Victoria nace en cautiverio y es entregada a una pareja vinculada a la Armada quienes la crían como propia. En su adolescencia Victoria comienza a participar en la actividad de Derechos Humanos y descubre su identidad. Sus padres adoptivos hoy cumplen condena por apropiación de bebés. Victoria lo cree justo y, al mismo tiempo, los visita regularmente a la cárcel. Victoria reconoce ambas cosas: la responsabilidad en un crimen de esa pareja que la adoptó y el amor con la que la criaron. Parece imposible, pero Victoria lo hace. Sin embargo, el vínculo con su hermana no ha podido ser recuperado. Eva sigue reconociendo a su tío apropiador como padre. Afirma estar cansada de ser víctima y no quiere alterar su historia familiar construida. Horror y amor indisolublemente vinculados.

El intento de contener la historia de Eva y Victoria desde interpretaciones ideológicas se siente insuficiente. Es un drama que no tolera posiciones fijas, dogmáticas y extremas. Es una historia en la que los juicios absolutos adquieren carácter de profanación. Presenta la complejidad paradojal de una tragedia griega: ninguna posición absoluta resuelve la profundidad existencial de esta historia. El vínculo de Eva y Victoria exige tolerar una tensión casi imposible de sostener. Reclama incluir y ver unido algo que produce horror y que nuestra conciencia ordinaria preferiría separar. El vínculo de Eva y Victoria representa un desafío de expansión de conciencia. Es una experiencia transpersonal, extraordinaria, sagrada. Una historia que no se resuelve desde las reacciones de la personalidad, ni las sentencias del ego separado, sino que sólo puede ser contenida por el talento del alma y su amorosidad incluyente. Donde el ego ve polos, el alma percibe vínculo.

Lo que habilita en nuestros corazones la experiencia de Eva y Victoria puede ser aplicado a una mirada de nuestra historia compartida. Invita a la compasión. Creo que es posible registrar que la historia argentina no le ahorró heridas casi a ninguno de sus habitantes. El dolor no parece tener bandos. Si somos transversales en el dolor quizás percibamos que gracias al hechizo excluyente que domina, como supuesto inconsciente, nuestro histórico modo de relacionarnos no hemos dejado de infligirnos sufrimiento unos a otros. Hemos sido víctimas y victimarios, Caín y Abel.

Nuestra tendencia a los “ismos”, nuestro encanto por los absolutos, nos lleva a creer en polos que encarnan “el bien” y polos que encarnan “el mal”. Es probable, por ejemplo, que quien reivindique a Rosas sienta que esa figura es símbolo de la defensa de los valores nacionales y que sus adversarios son muestra del egoísmo indiferente al bien común y del servilismo a lo extranjero. No obstante, es necesario y honesto que quien se asuma “rosista” incluya en su percepción el fusilamiento de una joven de 20 años embarazada de 8 meses llamada Camila O’ Gorman. Si omite la responsabilidad de ese hecho histórico está falsificando la realidad. Si el encanto de sentirme “rosista” prevalece sobre tal reconocimiento es porque mi necesidad de creer en grandes personalidades en modo absoluto es más determinante que mi capacidad compasiva. Y estoy seguro que abrir el corazón al contacto con la realidad y asumir sus consecuencias inevitablemente disolverá la identificación “soy rosista” a favor de la sensibilidad a esa tragedia. Dejará de tener sentido definirse en términos de “rosista” o “antirosista”. Y tales disoluciones son propias de tiempos de XII.

El perdón y el círculo del dolor

En los últimos tramos de Saturno por la XII (octubre de 2008 a diciembre de 2011) el tema de los Derechos Humanos cobra relevancia. Fue protagónico en todo el proceso de la democracia inaugurada en 1983 y no puede dejar de ser significativa su síntesis en esos tiempos de consumación. ¿Por qué tendríamos que temer incluir todo el dolor posible? ¿Por qué necesitamos dejar sufrimiento afuera? Los hechos muestran que los derechos humanos exceden los intereses o la visión de una facción, que son universales. Ningún partido que se proponga como alternativa de poder puede ya excluir el tema. Es necesario que cada candidato explicite su política de Estado respecto a derechos humanos, hacia el pasado y hacia el futuro. Siendo universales, no pueden ser temas que sólo interesen a la izquierda. Omitir la expresión de una posición es perjudicar el proceso de la conciencia colectiva, es dejar librado su desarrollo a los riesgos de la lógica arquetípica del inconsciente colectivo, o nos acerca a una peligrosa negación.

Hemos asociado justicia con castigo y perdón con olvido. Y quizás valga revisarlo. Es necesario que quien ha cometido un delito asuma su responsabilidad y que se le imponga una condena. Sin embargo, la necesidad de que el culpable sea castigado delata una carga. Pedir castigo, aspirar a que el sentenciado “se pudra en la cárcel”, es un sentimiento demasiado próximo al deseo de sufrimiento. Necesitar que el culpable sufra nos aleja de la justicia y, sin darnos cuenta, nos aproxima a la impiedad de quien nos ha provocado dolor. Es crucial diferenciar el pedido de justicia (esto es, de reconocimiento de los actos cometidos y de asumir responsabilidad por sus consecuencias) del pedido de castigo, y dejar de tomar a justicia y castigo como sinónimos.

Justamente, el perdón no es la disposición a olvidar, sino la renuncia a castigar. El perdón sólo puede brotar de la justicia. El olvido anula la posibilidad del perdón. Pero, gracias a la justicia y a la memoria, surge el auténtico reto de perdonar: ofrecer el no castigo, renunciar a la ilusión de que el sufrimiento del otro repare el propio dolor, romper el círculo de la venganza y liberarse del odio. Es quien perdona el que se libera. Es el perdonado quien carga con un compromiso de gratitud en su conciencia al que debe ahora honrar.

La justicia no necesita prescindir del perdón. Con el perdón, la justicia llega a su consumación. Pero para que exista justicia es necesario que no haya olvido ni castigo. Si hay olvido, la justicia se torna impunidad. Si hay castigo, la justicia se torna revancha. El círculo de la justicia requiere conocer qué ocurrió, quiénes fueron responsables, asumir consecuencias y decidir no castigar. Gracias a haber agotado todo un ciclo de experiencia sostenida en aquella asociación de “juicio y castigo” y en la necesidad de que no hubiera “ni olvido, ni perdón”, quizás pueda hoy revelarse la oportunidad de que exista  juicio y perdón, en contacto con la verdad de lo vivido y sin que sea necesario ni olvido, ni castigo.

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Responses

  1. Excelente artículo.

  2. muy bueno tu articulo gracias ale

  3. contundente. maravilloso!
    GraciaS por colaborar en la apertura del desarrollo de la sensibilidad del perdón. Gracias Ale por sostener…

    • Gracias Cecilia. Es bueno sentirse acompañado en esa apertura. Abrazo

  4. No existe el castigo, solo la causa y el efecto, que es inexorable. A la justicia le falta mucho para poder expresar el verdadero principio cósmico que le da origen, pero como decís, nos falta recorrer.

    Un abrazo

    • Gracias Klaus. Como siempre, se trata de ir agotando el hechizo de la reacción emocional para que vaya manifestándose una respuesta sensible más abierta e incluyente. El primer paso es observar el propio corazón. Abrazo

  5. Muy acertado tu artículo, sólo quiero comentarte que se necesita mucho tiempo, mucha elaboración interna, para…” renunciar a la ilusión de que el sufrimiento del otro repare el propio dolor”, pero cuando lo comprendés vivis más en armonía.
    Gracias Alejandro.

    • Gracias Cristina. Sí, son tiempos “transpersonales”. Quizá no alcance una vida. Abrazo

  6. Reblogueó esto en susanecha09.


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