Posteado por: alejandrolodi | 4 mayo, 2014

Narcisismo y culto a la personalidad

Alejandro Lodi
(mayo 2014)

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«…¡Qué preciosidad de hombre! Me quiero tanto que cuando me veo me aplaudo yo solo… ¡Viva yo!…».

Pepe Biondi, “Narciso Bello, el más hermoso”.

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La idolatría de sí mismo y de la persona adorada (artística, política, deportiva) se corresponden. El narcisismo es el amor a la propia imagen. El culto a la personalidad individual es narcisismo proyectado en la figura pública admirada. Es el proceso creativo de la conciencia detenido en Leo: el dulce hechizo con una imagen luminosa de sí mismo. Y, por eso, el narcisismo y el culto a la personalidad implican convertir a Escorpio en pesadilla: la horrenda sombra de esa imagen que los demás ponen en elocuencia.

El culto a la personalidad divide a las sociedades por el mismo motivo que el narcisismo genera conflictividad vincular: ambos son refractarios al encuentro con el otro diferente y sólo toleran relacionarse con aquellos que los confirman. Aceptar el vínculo es perder la imagen encantada. Aceptar Libra es Escorpio: la muerte de la autogratificante ilusión de Leo. Por eso, el narcisismo y el culto a la personalidad resisten las relaciones humanas maduras.

El narcisismo -a escala individual- y el culto a la personalidad -a escala colectiva- inevitablemente entran en tensión con la realidad vincular. El “paraíso subjetivo” no puede evitar confrontar con el “infierno objetivo”. El infierno es el otro (para Sartre, un conflicto de libertades). El narcisismo y el culto a la personalidad implican avasallar la percepción del otro imponiendo la exaltación de sí mismo.

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Controlar para sobrevivir

En esa fantasía infernal, perder la imagen luminosa de sí mismo sería dejar de ser. Para sobrevivir, la única solución posible es que esa imagen inmaculada se apodere del centro de la totalidad del proceso (ser todo), venciendo a toda divergencia que presenten los otros (convertidos en la malicia detractora). Esto es, Leo cree que, para ser, debe apropiarse de Piscis, controlando la amenaza de Escorpio. Dos versiones de la ocurrencia:

1) Narcisismo y culto a la personalidad generan la excitante sensación de vencer a la muerte. La ilusión de lograr que la objetividad de las cosas se organice alrededor de la propia subjetividad. Ser el centro del universo. O al menos de la comunidad, del clan familiar o de la propia vida.

2) Narcisismo y culto a la personalidad generan la excitante sensación de vencer al olvido. La ilusión de lograr que la memoria colectiva se organice alrededor de un nombre propio. Ser el centro de la historia. O al menos del relato de la comunidad, del clan familiar o de la propia vida.

Cautivados en el encanto narcisista y en el culto a la personalidad somos ajenos a la verdad. La experiencia de la realidad -y las verdades que pone de manifiesto- resultan subalternas al mito de sí mismo. Toda la sensibilidad se orienta a percibir la información que nos confirma. No importa la verdad. Incluso quizás ni siquiera exista, porque nos convencemos de que la verdad es una construcción que logra imponer quien tenga el suficiente poder (o Sagitario es la fe en la voluntad de Leo cuando controla el poder en Escorpio).

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Verdad y realidad

El sentido de realidad surge de la interacción con los demás. Lo aportan los otros y los hechos de destino que se nos presentan en la vida y que contrastan (y complementan) con nuestras percepciones. No obstante, en su convincente alucinación, el narcisismo y el culto a la personalidad generan su propia realidad. La realidad objetiva parece organizarse alrededor de sus propios intereses. Subordinan lo general a lo particular. Y durante cierto lapso de tiempo esa representación podrá resultar efectiva: la realidad y nuestros propósitos parecerán coincidir. Hasta que un orden más profundo de la realidad se haga manifiesto y deje explícito el costo de aquel éxito: una tensión y congestión vincular que tendrá inscripto el colapso de “la torre del yo”. Las victorias del yo siempre son pírricas.

El encanto con la propia imagen personal se sostiene en la poderosa y dramática sensación de haber alcanzado lo auténtico y verdadero. El narcisismo nos hace sentir que estamos participando de un estado de gracia providencial que es necesario retener y defender: la verdad soy yo. Siempre bajo un aura de épica mitológica, esta convicción puede adoptar distintas formas: la definitiva revelación de una Verdad sagrada, la llegada del Mesías salvador y redentor, el descubrimiento de Sí Mismo, la magna voluntad del Líder carismático, la manifestación del Yo Superior o el advenimiento de la Iluminación… Se trata de un estado de irresistible posesión beatífica que calma toda angustia, que aplaca todo miedo, que repara toda injusticia. Es la vuelta al Edén, la llegada de la felicidad, el conjuro contra todo mal.

Resulta natural y lógico que, si sentimos estar en contacto con la Verdad (encarnada en la personalidad objeto de culto o en la imagen personal), todo aquello que la contradiga u obstaculice será testimonio de falsedad. La verdad soy yo, la falsedad son los otros. La posesión absoluta de la verdad supone, entonces, que lo que se percibe como real coincide con lo que esa verdad anuncia. Para confirmar que estamos en posesión de la verdad, la realidad “tiene que” coincidir con la voluntad del líder, del ídolo o de la imagen personal de sí mismo. Planteado en estos términos extremos, no existe alternativa posible. O sólo hay una, catastrófica: si la realidad no confirmara nuestra verdad, entonces la falsedad estaría en la personalidad objeto de culto y en la propia imagen.

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Profundamente, tal cataclismo psicológico -el de ver falsedad en la imagen personal adorada- sería el síntoma del poderoso símbolo de transformación que, en el viaje de la conciencia, representan las relaciones humanas y los hechos de destino. Sería la manifestación del dolor leonino ante la evidencia existencial de Escorpio: el deseo narcisista de confirmar la propia imagen resulta disfuncional a la revelación creativa de la vida. La instancia escorpiana revela que en la sombra existe una verdad que no puede ser contenida en la verdad de la luz.

Escorpio plantea un conflicto de verdades. Nos anuncia que en aquello que desconocemos de nosotros mismos -y reprimimos, negamos o proyectamos en los demás- se manifiestan profundas dimensiones de nuestro ser. Que el infierno es el miedo y la necesidad de controlar, y que miedo y control constituyen la sustancia misma de esa imagen personal que pretendemos confirmar. La pesadilla no son los otros, sino la ilusión de separatividad: el creernos separados de la corriente general de la vida, ontológicamente diferentes y mejores que los demás. La pesadilla no es Escorpio ni Leo, sino el apego narcisista a la propia imagen que, como expresión distorsionada de su cualidad, se produce en Leo y queda expuesto en Escorpio.

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Congestión vincular y riesgos patológicos

La posibilidad de aceptar, con discernimiento consciente, que la mirada de los otros y los hechos que nos presenta el destino son -al menos- tan ciertos como nuestros anhelos y percepciones, reduce la distorsión narcisista y sus riesgos.

Cuando ese discernimiento queda anulado, cuando el encanto de la personalidad adorada o de la propia imagen se hace irresistible, entonces nos exponemos a desvíos patológicos como la mitomanía, la paranoia o el delirio persecutorio. Pero cuando ese discernimiento está en condiciones de manifestarse y, por conveniencia personal, es deliberadamente ignorado, nos encontramos frente a un comportamiento de manipulación psicopática: construir un relato para ocultar la realidad, en plena conciencia del engaño, y así controlar la voluntad de los demás a favor de confirmarse a sí mismo.

Esta conducta pone a los demás en situación de doble vínculo: la percepción simultánea de dos mensajes opuestos y contradictorios que se anulan uno a otro y la enloquecedora pretensión de cumplir con ambos. Según Gregory Bateson -el creador del concepto-, las experiencias de doble vínculo en las relaciones humanas tienen el potencial de propiciar una emergencia creativa (una expansión de conciencia de la que surge una nueva variable superadora, ante la imposibilidad de satisfacer a los polos en tensión) o un quiebre psicótico (un colapso del equilibrio psíquico, ante el intento de contener ambos mensajes). Como de un laberinto, de las situaciones de doble vínculo (o doble mensaje) se sale “por arriba”: haciendo visible el juego completo, dejando expuesta su lógica psicotizante, suspendiendo la reacción inmediata a elegir una de las opciones en conflicto, y tolerando la tensión del vacío de respuesta para que surja la auténtica variable novedosa.

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Distintas negaciones de la realidad

Se puede negar la realidad porque resulta dolorosa. O también porque resulta inconveniente a los propósitos del yo. Cuando la realidad contradice los deseos narcisistas (deseos que siempre buscan la confirmación de sí mismo) la conciencia se debate entre aceptar la transformación de la imagen personal con la que se está identificado, o presentar esa realidad de un modo que -aún contradiciendo sus deseos- siga justificando al yo. En este segundo caso, la ocurrencia favorita es presentar esa “realidad inconveniente” como obra de “la acción deliberada de un enemigo externo”, antes que producto de la insuficiencia del yo para dar cuenta de complejidades vitales que lo exceden.

En los casos más honestos, el yo cautivado con su propia imagen cree “realmente” que sus desdichas son causadas por ese enemigo; la conciencia personal -presa de la imagen- “cree” en la construcción delirante que ha hecho de la realidad. En cambio, en los casos más perversos y psicopáticos, la personalidad sabe que se construyó esa “conspiración de enemigos” de un modo intencional, es consciente del “truco”, pero opta presentarlo como “real” porque resulta estratégico y funcional a sus anhelos de poder.

La única alternativa creativa es significar esa realidad no confirmatoria como una oportunidad de transformación de la identidad personal. Que Leo acepte y confíe en Escorpio. Que la personalidad acepte resignar su apego a una imagen fija de sí mismo y confíe en descubrir la autenticidad que se libera en esa pérdida. Que el destino y los demás no complazcan nuestros anhelos puede representar una posibilidad de maduración personal: reconocer el límite de la realidad, sin insistir en el colosal esfuerzo de construir un mundo ajustado a los intereses del yo ni en configurar una realidad artificial sostenida en el miedo y en la fantasía de control de la circulación del poder.

Aceptar esa oportunidad implicará exponerse a un vacío, a un “no saber quién soy”, desde el cual podrán revelarse ráfagas intuitivas que induzcan a manifestaciones de lo nuevo y desconocido de sí mismo.

Sin esa disposición a vaciarse de supuestos imaginarios y prejuicios narcisistas, sólo cabe esperar repeticiones, profecías autocumplidas y la sensación fatal de estar replicando el pasado.

Explorar nuestro narcisismo, disponernos a quedar vacíos -una y otra vez- de nuestras imágenes conocidas y adoradas, implica resignar una realidad encantadora. “He recorrido el mundo buscando algo que me asombrara. Y fue el revés: mis ojos asombraron al mundo…”. Todos somos Narciso Bello.

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Pepe Biondi – “El mas hermoso Narciso Bello”.

 

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Responses

  1. La lucidez de tus letras me iluminan…trataré de que no me encandilen…y así seguir percibiendo el (mi) cono de sombra…lo que escribís es tan bello como Narciso y tan inteligente, como siempre!
    Enorme abrazo de gratitud!

    • Gracias Nuez. Narciso está muy contento con tu comentario. Abrazo…

  2. Hola Ale, como siempre un placer leerte. Leerte me ayuda a hacerme preguntas y cuestionarme, a poner ideas juntas, a pensar por mi misma.

    Hoy me quedo con “La verdad soy yo”, y pienso que simple y a la vez que difícil es cambiar el orden de las palabras a : “Yo soy la verdad”. En el primer caso, como bien decís nuestra realidad es única, soy el centro y mi reflejo en el lago, como dice el mito, es lo único que hay y me enamora. Asevero y creo y les hago creer que no hay nada más que yo. Acá cuando pregunto Qué es la verdad? la respuesta es “Soy yo”.
    En el otro caso “Yo soy la verdad” . Al preguntar Que soy yo? la Verdad. Entonces, tengo que ver que es la verdad. Para mi de alguna manera, de modo personal, me hace inferir a algo que me trasciende, porque en el fondo de mi ser hay una añoranza inexplicable y un sentir de algo más grande. Algo que no puede existir si sólo soy este cuerpo físico y esta personalidad.
    Si, ya lo se!!! Me podes decir que es encontrar una protección frente al miedo a la muerte, o lo que sea, habría que seguir argumentando. Pero en mi caso es ver las leyes de la naturaleza, la operación de las leyes universales, las sincronicidades, la inmensidad del universo, la expansión de los pluriversos, mi humilde desarrollo de conciencia que conecta con otras realidades tan reales como ésta.
    En el caso de “La verdad Soy yo”, no hay nada más que buscar, sino entregar el poder a la personalidad y salir a luchar para demostrar mi verdad.
    En “Yo soy la verdad” es justamente lo opuesto, rendirme, dejar de luchar por demostrar mi verdad y simplemente estar en el camino con un a cabeza y un corazón abierto y al hacerlo expresar y vivir lo verdadero y universal que hay en mi, sin esfuerzo, dejándola aparecer en el fluir de la búsqueda. Es dejar que el mundo me asombre y sólo así al reflejarme nuevamente en el lago,después de un largo andar, mis ojos reflejarán “La verdad soy yo”. !!!!
    Muchas Gracias, como siempre
    Dolores

    • Gracias Dolo. Impecable. “La verdad soy yo” o “yo soy la verdad”. Abrazo…

  3. Buenísimo Maestro me encanto eso de ” Las victorias pírricas” mucho material humano para trabajar! No será mucho para una sola encarnación! Trabajo práctico para psicoanálisis de la semana! Gracias Ale , Bso!

    • Gracias Graciela. Varias encarnaciones con varias terapias. Abrazo…

  4. Trabajo arduo, a tiempo completo, sin vacaciones ni feriados esto de tratar de escuhar el deseo del alma y no del ego.No es fácil, como vos decís, sostener el vacio ante la contundente irrupción de la realidad muchas veces en forma brutal y sin aviso. Pero aceptar y dárse la oprtunidad de que de ese “masazo” emerja la respuesta creativa permite el surgimiento de un Sagitario auténtico, pleno de nueva energía y nuevo sentido a nuestra disposición. Y allá vamos…

  5. Hablando de ego…Gracias, Ale!!, como siempre

  6. Muy lúcidos tus conceptos. La lectura me llevó a la carta 16 del tarot: La Torre. Tarde o temprano, por conciencia o destino el ego es alcanzado por el rayo, es inevitable. Muchas gracias por compartir. Abrazo. Liliana

  7. genial! abrazo Ale!
    acá va un poco de música referida al tema!

  8. gracias, me llevo un fragmento citando la fuente.

  9. Buscando otras cosas me encontré con este texto que me aportó e iluminó sobre la temática del narcisismo de la que siempre me interesa saber mas e intento comprender mejor.
    Muchas gracias Ale!!

  10. Creo que es parte del camino del aprendizaje, en algún momento todos viajamos por ese enamoramiento personal, que luego frustramos viviendo, sufriendo y superando. Gracias Ale, como siempre, didáctico, claro, preciso, nos ayuda a comprender, despertar y ver. Abrazo de oso y namasté amigo mío. Cristina Caamaño

  11. Excelente tu nota, comparto tus conceptos. Abrazo Alejandro!!!

  12. “…tolerando la tensión del vacío de respuesta para que surja la auténtica variable novedosa”.

    Tolerar, palabra para ejercer desde el cuerpo…

    Gracias, Ale!

  13. La tentacion de elogiar lo que compartes alejandro, queda en la nube sin precipitarse a su manifestacion, por no caer en lo que bien describes en el articulo: hechar leña al candor de tu propio culto a la personalidad y narcisismo… ( risas)
    Es elocuente la descripcion astropsicoanalitica, de los que vagan por el mundo con el cascaron sobre sus cabezas…
    Dentro del ciclo biologico de creacion en nuestro mundo, hay un estado de encarnacion que se manifiesta como huevo.
    En tanto huevo (y las semejanzas de panza en el embarazo) el mundo se organiza alrededor del huevo, tal como describes en el narcisismo… es el narcisismo del huevo: todo gira a su alrededor confirmando su existencia, el mundo alimenta a los gestadores, para que empollen al huevo, en una condensacion llamada nido (nidoy)… y lo que compartes relata aquellos que al nacimiento, pudieran haber roto y deshecho la cascara (saturninas) protectora y se les queda parte del cascara justo en la cabeza ( conciencia) o como he oido, nacen con su cabeza en huevo… y luego siguen por el mundo en ese movimiento del narcisismo del huevo. Hasta que por consumacion de materia psiquica ciclica lunar, ese movimiento (limitado y cascaril) se rompa y transmute…
    Escafandras de creencias con los que se necesita andar, mientras se crea que uno respira otros aires…
    gracias

    • Gracias Xuan. Por supuesto, lo que intento describir es un patrón universal y permanente. No se trata de disolver definitivamente al hechizo narcisista, sino de cómo respondemos a él cuando ya se ha hecho consciente. Abrazo…


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