Posteado por: alejandrolodi | 18 mayo, 2014

“Reconocernos en el Cosmos” – Charla en DRAGMA (Primera parte)

Alejandro Lodi

(mayo 2014)

El siguiente artículo reproduce la charla realizada en ESPACIO DRAGMA (dirigido por Alejandra Pistorio) el jueves 24 abril 2014, en Buenos Aires. Gracias a la astróloga Paula Gluzman por el trabajo de transcripción.

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Quiero comenzar comentando por qué estoy aquí, en un espacio de gente que está explorando e investigando «constelaciones familiares». No voy a hablar de astrología, sino que vamos a reflexionar un poco acerca de los supuestos en que está basada la astrología.

En verdad, ustedes tienen mucha más experiencia que yo respecto a constelaciones familiares. Pero, en la poca experiencia que tengo, parece obvio que el diseño de las constelaciones familiares y el de las constelaciones astronómicas y los signos zodiacales parecen hablar de lo mismo, o intentan dar cuenta de la misma información. En ese sentido, que ambos usen la palabra «constelación» ya es una invitación a descubrir un punto de encuentro. De hecho, creo que quien desarrolle constelaciones familiares astrológicas se convertirá en el nuevo Hellinger… (risas). A mí no me da la cabeza, pero sé que hay gente que ya lo está investigando.

Para la astrología, la carta natal simboliza el sistema completo de lo que somos, la totalidad de la expresión del ser. En tanto individuos con una identidad personal (es decir, en tanto entidades fragmentarias), nunca llegaremos a abarcar la complejidad de la totalidad.  Siempre estamos yendo en pos de la totalidad, en búsqueda de comprender -cada vez con mayor amplitud- la complejidad de ese ser que se está desarrollando. La base de esa búsqueda -el viaje de la conciencia- es el constante cuestionamiento de fronteras, la disolución de límites que separan nuestra “vida interior” de aquello que creemos “exterior”.

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Correspondencia, polaridad, generación

Profundamente, la astrología se basa en los principios herméticos. Esos principios son el cuerpo de los supuestos perceptivos y filosóficos de la tradición más esotérica. Voy a mencionar sólo algunos de ellos. Tienen la cualidad de ser muy elementales y  simples, por lo cual son muy contundentes. Y entre ellos hay un principio que resulta fundamental en astrología: es el «principio de correspondencia».

El principio de correspondencia dice: “Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba…”.

¿Qué significa esto? Vemos en el cielo cierto orden y regularidad. Ese orden y regularidad celeste es símbolo de un potencial orden y regularidad en la experiencia en la tierra y en los seres humanos. El orden del cielo se corresponde con el orden humano. Sin duda, son buenas noticias para la sensación de caos que suele invadirnos. La regularidad de los ciclos planetarios -conocer el movimiento de los cuerpos en el cielo, calcularlos y poder anticiparlos- da una sensación de orden que calma nuestra angustia.

Pero, más allá de las buenas noticias de encontrarnos y reconocernos en un orden que nos tranquiliza, lo que profundamente está en el corazón del principio de correspondencia es que aquello que -aparentemente- está separado, en verdad, resultan planos que responden unos a otros. Esto es importante: no se trata de que uno cause al otro. Por cierto, habrá una astrología causalista que trabajará con el presupuesto de que el cielo “causa” situaciones en las vidas humanas. Pero, el principio de correspondencia es un poco más poético, más delicado y menos mecánico, y habla de planos que responden unos a otros en simultáneo.

El principio de correspondencia representa un primer cuestionamiento perceptivo: el de la aparente separación entre cielo y tierra. Lo que ocurre en el cielo y lo que ocurre en la tierra forman parte de un mismo sistema y el orden que podemos ver en un plano se corresponde con el orden que potencialmente podemos ver en el otro. Ese es el principio fundamental de la astrología.

Es muy bella la imagen de planos que responden unos a otros, no que se causan. Nuestra forma de organizar la realidad es muy causal; si bien es cierto que, en cierta dimensión, “causa y efecto” opera (y ese es otro principio hermético), desde una percepción más profunda, corresponder es mucho más amoroso que causar.

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Otra ley hermética que quiero presentarles es la que se expresa como «principio de polaridad»: “Todo es doble, todo tiene dos polos; todo su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse…”. El principio de polaridad dice que todo se presenta en dos polos y que ambos polos están fatalmente vinculados, uno no se entiende sin el otro y los polos que parecen opuestos en verdad son lo mismo, tienen una idéntica naturaleza.

En realidad, el principio de polaridad presupone que la realidad está organizada a nuestra experiencia inmediata en polos que parecen oponerse: el día y la noche, la luz y la oscuridad, arriba y abajo, etc. Sin embargo, uno implica al otro: no hay día sin noche, ni principio masculino sin principio femenino. La polaridad, antes que una tensión entre polos antagónicos, es una relación entre polos complementarios.

El principio de polaridad hace énfasis en el vínculo entre los polos, en la necesidad irremediable de verlos vinculados, y alerta acerca del hechizo de verlos separados. Esto todavía parece esotérico. El hechizo de la separatividad es muy convincente y organiza el mundo en que vivimos. En nuestra percepción habitual y cotidiana, la polaridad se nos representa como “bandos en pugna”; y, antes que ver relación entre polos, lo primero que hacemos es identificarnos con un polo y rechazar al otro. De inmediato, juzgamos como “bueno” -por supuesto- al polo con el cual nos identificamos y como “malo” al que rechazamos. Así trazamos una lógica de conflicto, una lógica bélica. El supuesto de que “la vida es lucha” es el principio de polaridad traducido (y distorsionado) en términos de polarización. Como verán es un supuesto muy excitante. Uno consigue relaciones amorosas, conquista metas y gana elecciones polarizando, antes que haciendo énfasis en el vínculo.

En principio, nos vinculamos con la realidad identificándonos en forma absoluta con un polo y allí vamos en pos de la derrota absoluta del polo que queda excluido. No vemos la realidad como polos en relación que generan todas las cosas. Ese será otro principio hermético, el «principio de generación»: la relación entre polos opuestos y complementarios es lo que genera todas las manifestaciones de la vida. Esto resulta obvio cuando referimos a los polos femenino y masculino. Sin embargo, antes que verlo como relación, de inmediato surge un juicio de valor (por ejemplo, la luz es “buena”, la sombra es “mala”) y se traduce la polaridad en términos de “conflicto excluyente” en lugar de vínculo generador.

Vamos a tener presentes estos principios herméticos (de correspondencia, de polaridad y de generación) a lo largo de nuestra conversación. Pero ahora ingresemos a una zona más psicológica.

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Conciencia y destino

La astrología plantea una reflexión acerca del vínculo entre conciencia y destino. Y según cómo entendamos ese vínculo surgirán diversos modos de practicarla.

Por un lado, podemos ver en la astrología una herramienta para “descubrirme a mí mismo tal como soy en esencia y alcanzar al verdadero ser que soy…”, como si nos ofreciera casi una garantía de completud e iluminación. Más allá de las muy buenas intenciones que puede animar este propósito, hay  allí un yo -una imagen personal de uno mismo- que se propone un logro superior. En esa visión, el viaje de la conciencia resulta una experiencia de mejoramiento personal, no de transformación. El vínculo con el destino aparece diseñado como una conquista que nunca cuestiona al conquistador.

Por otro lado, la astrología más divulgada está sustentada en un supuesto de control. El astrólogo queda convertido en alguien especial que puede “decirte tu destino…”, porque él sabe “lo que te va a pasar, qué te conviene y qué no te conviene para evitarlo…”. Por cierto, toda esta estrategia de control no pretende favorecer una comprensión profunda de lo que soy,  sino que el yo “se salga con la suya”, que la imagen que tengo de mí mismo, en lucha contra el destino, logre conquistarlo e incluso vencerlo. Desde este supuesto, la astrología ofrece la mágica posibilidad de que el destino coincida con “lo que yo creo que soy” y con “lo que yo quiero que me pase”, gracias a la carta natal y a la no desinteresada colaboración del astrólogo… (risas). Esta mirada implica la disposición a sacrificar revelaciones creativas del ser a favor de “pasarla bomba” (en los términos en que lo entiende el yo). Y existen poderosos motivos para que éste sea el tipo de astrología más difundida.

Aunque parezca un poco teórico, creo que aquí vale la pena discriminar entre lo exotérico y lo esotérico. Lo exotérico refiere a un nivel de realidad muy explícito y evidente, en el cual habitualmente nos movemos; la realidad que refleja la cultura -oficial e institucional- esta sostenida en ese orden exotérico. Lo esotérico, por su parte, alude a una realidad velada; una percepción tan “real” como la otra, pero que parece un tanto “extraña” cuando se la presenta en el curso vigente de la cultura.

Todos compartimos un supuesto cultural muy contundente: el de ser individuos. En lo exotérico,  todos adherimos, sin demasiado conflicto, en creer que somos la imagen que tenemos de nosotros mismos. No queremos que nos ocurra algo muy distinto a lo que -desde esa imagen personal con la que estamos identificados- pretendemos que nos suceda. Es más, muchas veces juzgaríamos injusto que el destino nos trajera experiencias distintas a las que planeamos. Y esto no está mal. Es legítimo pretenderlo. Sin embargo, les traigo malas noticias: desde su potencial esotérico, la astrología sugiere examinar esta relación entre ser y destino. De acuerdo a las leyes de correspondencia y polaridad, la astrología propone reconocer que el destino, antes que algo exterior a lo que soy, trae aquello que profundamente soy.

El destino no es algo que pueda confirmar o refutar lo que soy, porque el encuentro con el destino es el encuentro con lo que profundamente soy. Y, concretamente, «destino» son vínculos y hechos. El destino es todo aquello que me ocurre y todos aquellos con quienes me vinculo; lo que creo que elijo y lo azaroso también. La astrología nos pone en contacto con la percepción de que lo que profundamente soy es tanto esa imagen que tengo de mí (identidad personal) como lo que le pasa a mi vida (destino). Y, en verdad, la cosa se pone mucho  más interesante y creativa cuando el destino no confirma “lo que yo creo que soy”. En realidad, no es nada nuevo. Freud se hizo famoso por decir algo parecido: más allá de lo que deseamos conscientemente, hay un deseo inconsciente que se pone de manifiesto y genera un destino; al rechazar las experiencias del destino -porque no coinciden con lo que esperabamos- estamos  rechazando contenidos de nuestro inconsciente, es decir, información acerca de lo que profundamente somos.

La mirada esotérica de la astrología nos invita a reconocernos en el destino, a incluir aquello que quiero expulsar de mi vida, a comprenderlo como manifestación de lo que profundamente soy. La astrología nos hace una oferta de inclusión. La astrología es una propuesta amorosa. Y al referir a amor e inclusión de inmediato lo relaciono con constelaciones familiares.

Aunque esotéricos, a poco de desarrollarlos, estos conceptos se ponen muy amables. En astrología hablamos de los propósitos de la personalidad y los propósitos del alma. Los propósitos de la personalidad serían aquellos deseos y objetivos que -legítimamente y con todo derecho- nos trazamos como metas para nuestra vida. Ahora bien, en la interacción con el destino -y sobre todo cuando el destino parece contradecir nuestros anhelos- se revelan los propósitos de una dimensión más profunda de nosotros mismos. Podríamos llamarla «la dimensión del alma» o la manifestación de «el orden del amor».

Los propósitos del alma nos invitan a correr el foco de nuestra conciencia, a poner en suspenso “lo que nos proponemos nosotros con la vida” para comenzar a ser sensibles a aquello que la vida parece proponerse con nosotros.

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Lo lineal y lo circular

En verdad, el gran viaje a la conciencia tiene mucho más que ver con confiar en lo que el destino pone de manifiesto, antes que con lograr que la vida se ajuste a lo que nos proponemos. Y esto se vincula con diferentes paradigmas desde los cuales se percibe la realidad. La astrología, las constelaciones familiares y la psicología transpersonal comparten un paradigma circular (o en espiral) del viaje de la conciencia.

2014 dragma 1En cambio, nuestra percepción habitual de la realidad se organiza desde un paradigma lineal: el yo conquistando lo que desea en la vida. Es decir, desde una imagen (mental-emocional) de nosotros mismos con la que estamos identificados nos proponemos un objetivo superior: logros familiares, reconocimiento profesional, conocernos a nosotros mismos o alcanzar la iluminación espiritual.

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Podemos abrir la percepción a lo trascendente desde el paradigma lineal o desde el circular. Hacer una cosa u otra no está ni bien ni mal. El tema es poder discriminarlos como dos modos distintos de organizar la relación entre conciencia y destino. Sin duda, siempre efectuamos -aún de un modo inconsciente- juicios de valor. Tenemos que estar atentos a eso. Yo mismo en esta reunión “voy a darle con un caño” al presupuesto lineal y “a hacer promoción” al circular… (risas). Por cierto, la representación circular o mandálica del viaje de la conciencia predomina en las tradiciones espirituales. Pero el punto es observar que no pasa por juzgar “falsa” a una y “verdadera” a la otra, sino por registrar que se trata de dos modos de significar el desarrollo de la conciencia y de experimentarse a sí mismo.

Si reproducir en nuestras vidas la lógica lineal trajera felicidad, entonces estaría todo bien. Pero el punto es percibir que esa lógica genera sufrimiento. En algún momento del viaje se hará evidente que sentirse separado de la corriente de la vida e ir por la conquista de nuestros propósitos es fuente de dolor. Por supuesto, no se trata de que la lógica mandálica sea fuente de felicidad y anulación del dolor; por cierto, el viaje circular incluye dolor, porque el dolor es parte de la vida. El tema es que el supuesto lineal y conquistador genera un “dolor extra”, un dolor vano e innecesario, que sí puede disolverse. El punto de partida es observar esta ocurrencia de suponer que soy algo fijo, ya conocido o que aspiro a conocer. El supuesto de que soy algo definitivo -una imagen de mí mismo con la que la conciencia se identifica y que no puede ser cuestionada- congestiona la circulación de la vida, le impone condiciones al destino y sólo admite que éste lo confirme.

Por su parte, el paradigma circular propone que lo que soy es algo que está constantemente en revelación. Lo que soy es algo que está en constante dinamismo a lo largo de la vida. Y esta es otra ley hermética: el «principio de vibración». Todo está en constante movimiento. Nunca nada estuvo quieto. El flujo incesante de la vida no puede detenerse. En el viaje del desarrollo de la conciencia no existe un punto de llegada, ni un objetivo en el que, una vez alcanzado, sólo reste permanecer.

Los invito a registrar cómo este supuesto de logro definitivo y de fijar el movimiento de la vida impregna nuestra percepción de la realidad, al punto de considerarlo como algo “objetivo” y “deseable”. Con las mejores intenciones, anhelamos “descubrirnos a nosotros mismos”, “llegar al centro de nuestro ser”,  “alcanzar nuestro Yo Superior”, etc. Incluso valoramos patrióticos lemas como “serás lo que debas ser o sino serás nada”.

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Ser circularidad

Quienes trabajamos en consultas o estudiamos astrología, o quienes desarrollan o se forman en constelaciones familiares, sabemos que es crucial animarse a poner en suspenso la imagen de nosotros mismos con la que estamos identificados, salirnos de la lógica lineal que nos hemos trazado y empezar a reconocernos en circularidades. Esto significa aceptar que acaso “no soy el que creo ser” y “no voy a llegar adonde creo que merezco llegar”. No es sencillo comenzar a ser sensible y reconocernos en una cantidad de información acerca de mi vida que en aquel diseño lineal quedaba excluida y descartada. ¿Qué información? Aquella que llega a mi vida a través de todos los vínculos que establezco con los demás y de todos los sucesos que vivo. La astrología es profundamente amorosa, por lo cual es profundamente inclusiva. Para la astrología, no hay experiencia aleatoria o insignificante, sino que todo lo que me ocurre posee un potencial de significado para el proceso profundo de la conciencia.

Muchas veces, concentrados en nuestros propósitos personales, no percibimos ese potencial de significado que tiene aquello que nos ocurre. Pasamos por alto las sincronicidades: información valiosa que aparece en nuestra vida de un modo involuntario y aparentemente casual, y que por eso descartamos o ni siquiera registramos. El concepto junguiano de «sincronicidad» nos resulta de gran ayuda y nos recuerda que todo el tiempo están ocurriendo sucesos que -sin habernos propuesto que ocurrieran- son significativos a nuestro proceso de desarrollo de conciencia y de revelación profunda de nuestro ser. Desde la mirada lineal, no les prestamos atención a esos eventos ni percibimos sus significados porque resultan invisibles, los creemos azarosos o directamente los descalificamos porque no resultan funcionales a nuestros propósitos.

Por ejemplo, todavía tenemos que hacer un esfuerzo para darle importancia a los sueños. Aún hoy, más de 100 años después de Freud, es muy fuerte en nosotros la tendencia a creer que los sueños son “cosas raras” que hace la mente cuando dormimos, que son un poco disparatados y absurdos. Todavía no nos consta que los sueños resultan significativos y por eso tendemos a olvidarlos. Todavía creemos que la realidad es el mundo de la vigilia -lo que pensamos y racionalizamos- y que el mundo onírico es una manifestación surrealista del psiquismo, es un tanto estrambótica y sin demasiado valor.

Sin embargo, desde la lógica circular, un sueño sería un acto de sincronicidad. Estoy con cierto debate en mi vida y -de pronto- aparece un sueño que, en principio, puede parecer ajeno a esa preocupación, pero que, deteniéndome en él, meditando su significado (con la ayuda de un “baqueano en sueños”), puedo descubrir la respuesta adecuada y pertinente para esa situación que me atemorizaba o incluso alguna clara clave que anticipa el futuro.

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Parece evidente que, hechizados en este esquema lineal e identificados con una imagen fija de nosotros mismos que sólo admite confirmarse, descartamos y no registramos información valiosísima que cierta dimensión profunda de nosotros mismos -podríamos decir el alma- está constantemente proponiéndole a la conciencia.

Por cierto, la mirada lineal parece lógica, clara y efectiva: desde un punto de partida me propongo un objetivo, lo logro y permanezco allí, en ese punto distante al del inicio. En cambio, la mirada circular propone una paradoja: surge un deseo y su consumación me lleva al lugar de arranque. Parece un diseño absurdo: ¿para que me fui si voy a volver al mismo lugar? No obstante, en esa paradoja hay una clave.

Desde la lógica circular del mandala zodiacal de la astrología -y también desde cierta mirada transpersonal de la psicología-, el desarrollo de la conciencia implica discriminarse de una indiferenciación primaria, discriminarse del mundo de los padres o del mundo del clan, para desplegarse como sujeto individual consciente y autónomo. Sin embargo, en cierto momento del viaje, la conciencia descubre que no está aislada ni es independiente, sino que está vinculada con todo lo demás y vuelve a reunirse con la totalidad. El sentido del viaje es que ese contacto con la totalidad -y la posibilidad de reconocerme en el cosmos- ya no implique una indiferenciación caótica, sino una natural emergencia propia del desarrollo de la conciencia. La percepción de participar de la totalidad con conciencia no es estar fundido inconscientemente en un caos primigenio, sino la experiencia consciente de, habiéndose separado, recordar la pertenencia a la totalidad y reunirse con el cosmos.

Todo esto puede sonar bonito y estar muy bien,  pero para la mirada lineal lo que yo acabo de decir es un absurdo: “¿Cómo que no soy un individuo separado? ¡Es evidente yo estoy separado de todo aquello que no soy..!”. Para reconocer que, antes que individuos separados, profundamente somos vínculo, tiene que haber entrado en crisis la convicción de que el mundo externo que percibo es ajeno a lo que soy. En astrología, la percepción de que, en verdad, lo que soy se revela en una trama compartida con los demás está específicamente implicada en una zona del zodiaco: Escorpio. Esta es la única referencia astrológica que voy a hacer en esta charla. Pero ya podrán imaginar entonces por qué los escorpianos tienen fama de jodidos… (risas).

Para dar cuenta de la complejidad que se ha presentado en determinado momento de mi vida (la etapa del viaje de la conciencia que llamamos “Escorpio”), resultará necesario soltar la ocurrencia de que tengo el poder de decisión acerca de “lo que mi vida debe ser”, disponerme a perder el control de “lo que creo que es deseable para mi vida” y exponerme a la fantasía de morir, de “dejar de ser yo”. Y aquí es necesario formularse una pregunta: ¿Por qué controlamos? Controlamos para no morir. Controlamos para que subsista la imagen que tenemos de nosotros mismos. La lógica lineal está sostenida en el supuesto de que “la vida es lucha”. Y en “la batalla de la vida”, si no controlo seré sometido por el otro. Controlamos para no ser sometidos.

Para que se revele la circularidad del viaje de la conciencia tiene que desvanecerse el supuesto de lucha por el dominio absoluto de un polo sobre el otro. La astrología identifica este momento como “Escorpio”. Ya Freud nos había advertido que lo que profundamente anima nuestras emociones y nuestras decisiones brota de una oscuridad inconsciente que nunca podremos develar. Nos trae esta mala noticia: nunca podremos estar seguros de quién somos porque, en verdad, estamos a expensas del inconsciente.

(Fin de la primera parte).

 

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Responses

  1. Querido Lodi, esto pinta un Manifiesto de la “nueva” Astrología. Abrazo!

    • Y en honor a la circularidad, pintamos la nueva astrología con los arcanos colores de las leyes herméticas. Abrazo…

  2. Muchísimas gracias por tu generosidad al compartir esta Maravilla
    Abrazo

  3. esta buenisimo , lo entiendo mas dedsde la psicologia que desde la astrlogia pero me fascina el escrito juli schuarberg

  4. Muy útil, muy claro y ejemplificador. Gracias.

  5. Me encanta todo lo que compartes agradezco mucho que me permitas ser parte.

  6. maravilloso..como siempre ..o como nunca!!! depende….tan agradecida a su claridad expresiva..dr Lodi,…la nueva astrologia…esta siendo creada ..soñada…constelada y danzada…necesitamos coraje para ser ALMA EN ESTA DIMENSION DE POLARIDADES….CONTROL.. hechizos del ego ., y que se yo que mas…el AMOR….si.!!!!

    .Confiemos que el sabe…el AMOR…
    GRACIASS

    • Inspiradísima Corina, le agradezco de corazón. Abrazo…

  7. Ale gracias como siempre, gracias por tu clara didáctica. Realmente, resulta fascinante este camino hacia uno mismo. Tras muchas crisis comprendí que no era quien yo creía, heridas narcisistas si las hubo, pero con la que me encontré mucho más real, me demostró que valieron la pena las piedras del camino. Mucho de la filosofía leída durante tantos años había quedado en lo intelectual, la astrología me bajó a tierra todo eso y me partió la cabeza. La mirada es otra, la vida es otra, el vínculo es otra cosa, me maravillo todos los días con hechos constantes, mensajes permanentes. Fascinante el paisaje del camino a recorrer, no tengo palabras soló agradecimiento. Y vos sos parte del paisaje del camino, gracias a la vida porque seas parte del paisaje. Abrazo de oso y namaste amigo mío

    • Gracias Cristina. Un placer ser un “arbolito” de ese paisaje. Tus comentarios son parte del mío. Abrazo…

  8. Me encantaría recibir tus publicaciones, desde ya mil gracias

    • Gracias Carmen. Tomo nota de tu mail y te incluyo en listado para recibir información. Abrazo…

  9. EXCELENTE MUY BUENA PERSPECTIVA !!!

  10. Acabo de leerlo, y siento q es asi y fue así, muchas veces,…este texto tiene 2, años, desde el momento q lo expusiste en Espacio Dracma, pero para mi es de hoy. Me gustó mucho y quisiera seguir leyendo te….gracias!!abrazos!!

    • Será un placer seguir compartiendo. Gracias Gabriela. Abrazo…

  11. gratitud!!! Alejandro
    arcano+constelar+obsinauta abrazo


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