Posteado por: alejandrolodi | 17 octubre, 2014

Astrología, arte y pesadilla

Alejandro Lodi

(Octubre 2014)

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El arte de la astrología es disolver polarizaciones entre personalidad y destino.

La pesadilla de la astrología es justificarlas.

«Polarización» es una palabra, una imagen. Con esa palabra y con esa imagen representamos la tensión extrema entre dos polos en vínculo. La fantasía de exclusión, de disociación vincular, de que una relación se convierta en la dominación y control de uno de los polos sobre el otro. La astrología nos invita a concentrarnos y meditar acerca de la polarización entre personalidad y destino.

Por personalidad entendemos aquella experiencia de lo que somos que reconocemos de un modo consciente. Y por destino a experiencias que sentimos que “llegan a nosotros” desde voluntades y decisiones externas, pero que, en verdad, son contenidos de nuestro ser gestados en la misteriosa profundidad del inconsciente vincular.

De este modo, el vínculo con el mundo externo (los otros, los hechos) simboliza el laboratorio donde se alquimizan nuestras distancias internas, el teatro de representación de nuestro conmovedor y sagrado drama, con sus personajes y guiones. A esa actividad de síntesis transformadora la denominamos «dinámica de polaridad»: la incesante circulación entre polos que se reconocen mutuamente, la conciencia de personalidad y destino como vínculo. Sin embargo, cuando la vivencia de esta dinámica se distorsiona en «polarización» el destino es sentido como una amenaza, como una voluntad ajena que atenta contra la propia supervivencia, y la personalidad entonces se embarca en la tarea de pretender doblegarlo y obligarlo a coincidir con sus expectativas.

 

Acumulación y destrucción

 

«…La verdad no se puede acumular. Lo que se acumula siempre se destruye, se deteriora. La verdad nunca puede deteriorarse porque solo puede descubrirse de instante a instante, en cada pensamiento, en cada relación, en cada palabra, en cada gesto, en cada sonrisa, en cada lágrima…».

Jiddu Kirshnamurti, El libro de la vida.

 

«…Lo que está y no se usa nos fulminará…».

Luis Alberto Spinetta, Elementales leches.

 

Necesariamente, en estadios tempranos de su viaje, la conciencia cree que la imagen personal que tiene de sí misma está separada de su destino. Ese creencia genera conflicto: luchar en contra del destino para que el futuro coincida con la propia imagen. Ese conflicto es amoral. No es ni bueno ni malo. Ese conflicto es el combustible de una dinámica psíquica que puede resultar creativa o destructiva: la «dinámica de polaridad».

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El viaje de la conciencia es, justamente, el incesante recorrido de esa dinámica polar. Y traza una dirección: desde una vivencia separativa y excluyente hacia otra vincular e incluyente. Se trata de un viaje circular y paradojal. Desde el yo separado al Sí Mismo vincular. Desde la cerrada identificación con una imagen personal (que necesariamente entra en conflicto de poder con un mundo externo que parece oponerse a sus intenciones) a la aceptación de una naturaleza mucho más vasta del ser, que exige abrirse a los otros y reconocerse en lo que se teme. Desafiándonos al creativo laberinto de un «doble vínculo», esta entrega a una corriente de vida más plena y amplia genera, en el mismo movimiento, la muerte de esa identificación egoica -separativa y excluyente- y la disolución de conflicto vincular. La resistencia a la muerte genera conflicto, la aceptación de la muerte disuelve conflicto.

Esa imagen personal es una acumulación retentiva de memorias, proyectos e ideas cargadas de afecto. La personalidad encuentra en esa acumulación su combustible. Desde esa sustancia psíquica acumulada y retenida nos vinculamos con el mundo exigiéndole que nos confirme. Desde esa retracción existencial en la que hacemos identidad no nos abrimos a la realidad sino que luchamos “para que la realidad sea aquello que necesitamos que sea”, para que la realidad se adapte a nuestros sueños y valide esa afectivizada imagen de nosotros mismos. Replegados en nuestras personalidades tomamos el mundo externo (los otros, las cosas) como un campo de batalla en el que debemos obtener y acumular datos que nos confirmen.

No obstante, esos datos son posesiones emocionales, mentales y materiales que resultarán  fatalmente cuestionadas por el destino, recrudeciendo la tensión y el conflicto. Así, la acumulación propicia destrucción. Un modo de entender el eje Tauro-Escorpio: si Tauro se polariza como acumulación, Escorpio necesita ser destrucción. Pero si Tauro es proceso orgánico entonces Escorpio es liberación gestadora. La vida como circulación, la muerte como generación.

Exponerse al riesgo de ver relaciones allí donde nos hemos refugiado en polos autogratificantes implica asociar deseo consciente y destino, organización psíquica interna y percepción del orden externo, deseo personal y relaciones vinculares.

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Todos estamos involucrados en la dinámica polar, de un modo tan natural como vivimos el día y la noche. Pero la polarización es solo un específico, provisorio y patológicamente peligroso estado de esa dinámica: el de la cristalización en polos, el de la identificación absoluta con uno de los extremos de la polaridad, el del sombrío apego emocional a posiciones fijas refractarias a cualquier rayo de discernimiento.

En el encanto de la polarización, la conciencia se ciega a la dinámica de polaridad. La conciencia polarizada cree que “todos estamos polarizados”. No ve dinámicas oscilantes, sólo batalla entre polos. No tolera ni admite una realidad que no se ubique en veredas: ¿El día o la noche? ¿Derecha o izquierda? ¿Rolling Stones o Beatles? ¿Tinto o blanco? ¿Montaña o mar? ¿Mujeres o varones? ¿Astrología predictiva o psicológica? El efecto de la conciencia polarizada es la asfixia, la tiranía y la pesadilla vincular. El mundo de las relaciones se torna árido y seco. Su riqueza se frustra, el potencial creativo del intercambio se empobrece en la repetición de lo conocido y previsible. Los vínculos seguros no ofrecen sorpresa alguna. La hegemonía monocromática y monocorde narcotiza.

El destino de la conciencia polarizada es encontrarse, sin opción, frente al transformador desafío de aceptar los vínculos (con los hechos y con los otros) o el infierno autodestructivo del narcisismo. La polarización tiene inscripto en su destino el radical y trascendente momento en el que a la conciencia se le ofrecerá incluir aquello que necesitó excluir porque amenazaba su supervivencia. Y sólo lo aceptará cuando se haga evidente que es la pesadilla del conflicto permanente lo que mina su vida.

La polarización genera una disociación patológica de la percepción sensible. Consideración y sensibilidad absoluta a un polo, indiferencia e insensibilidad absoluta al otro. Pertenencia e identificación absoluta a un polo, repudio y desconexión absoluta al otro. Es así que, por su propia condición de ser, la polarización augura sufrimiento. La polarización de la conciencia es la sofocante necesidad de controlar la circulación polar de la vida.

El destino de la conciencia polarizada es el vínculo. La vía sanadora de polarizaciones es el aprendizaje vincular.

 

Atraer lo temido

 

«…Después de todo, tu eres la única muralla.

Si no te saltas nunca darás un solo paso…».

Luis Alberto Spinetta, La búsqueda de la estrella.

 

«…El conocimiento no elimina el sufrimiento. El fin del sufrimiento empieza cuando afrontamos los hechos psicológicos que suceden dentro de nosotros y nos damos plena cuenta de todas las implicaciones de estos hechos de instante en instante…».

Jiddu Kirshnamurti, El libro de la vida.

 

En lo personal y en lo colectivo, la polarización tiene dos consecuencias irrevocables:

.- Genera una excitante (y embriagante) sensación de vitalidad.

.- Conduce al colapso.

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La polarización genera muros que propician una encantadora fantasía de felicidad: somos felices (¡al fin!) gracias a que concentramos “de este lado del muro” a todos aquellos contenidos del mundo que nos confirman en nuestra imagen (el bien) y a que mantenemos “del otro lado del muro” a todo lo que atenta contra nuestra imagen (el mal). La polarización es un barrio cerrado, una secta de elegidos, una facción de iluminados, un clan selecto. La polarización se nutre de prejuicios.

La felicidad de los muros genera un destino demoledor.

Aquello que necesitamos hacer perdurar es, en realidad, el obstáculo. Intentando permanecer fijos en nuestras identidades congestionamos la emergencia de la creatividad que nos anima y convocamos aquello que tememos y queremos evitar: el dolor.

Retenidos y replegados en el encanto de ser individuales, importantes y exclusivos, atraemos sufrimiento.

Intentando evitar la muerte (la crisis transformadora, la pérdida de esa sensación de ser fijos, separados y mejores) atraemos monstruos y generamos pesadillas.

Saltar el muro o demolerlo no es un mandato moral ni un ejercicio de la voluntad. No se trata de un logro difícil que podamos asumir o desestimar. El derrumbe de ese cerco que nos separa y aísla de la corriente de la vida se produce por la saturación del hechizo del yo polarizado. La caída del muro detrás del cual preservamos el encanto de nuestra imagen personal se produce como efecto de un impulso curativo del alma. Es la fuerza de esa dimensión profunda de nuestra psique (inconsciente, no voluntaria y poco complaciente con el yo) la que derriba nuestras tóxicas protecciones. Y ese imperativo sanador brota cuando la experiencia del sufrimiento que genera el encierro en nuestra personalidad llega a extremos de hastío.

En algún momento podrá precipitarse esa conciencia. La de estar disociados de la vida que nos anima por permanecer resguardados en construcciones imaginarias que tomamos por reales. La de sostener un conflicto innecesario con el mundo que frustra el desafío de reconocernos en nuestros vínculos. La de habitar una realidad psicológica condicionada por el pasado que nos mantiene separados de la sustancia de lo que profundamente somos: un Sí Mismo vincular al cual el destino nos convoca con amorosidad y persistencia.

Sin embargo, el miedo vincular constitutivo del yo es un poderoso coagulante, un foco de fuerte magnetismo y gravedad. Su pobreza de amor es directamente proporcional a la tenacidad con la que pugna por mantener sus murallas defensivas. Y ese miedo no solo es psíquico, sino que anida en las células. El cuerpo es -también- un hecho psicológico. Cuando la polarización se excita lo sentimos en nuestro cuerpo: calor, sudoración, aceleración cardíaca, ceguera y pérdida de perspectiva… Y allí se juega el coraje de nuestra conciencia: podemos entregarnos al éxtasis de ese desborde autodestructivo de vitalidad o hacerlo convivir con la conciencia de la pesadilla… y asistir a lo (auténticamente nuevo) que ocurra.

01

«…..La totalidad de tu cuerpo eterno no es maldad.

La semilla crece donde el sol la deposita…».

Luis Alberto Spinetta. Elementales leches

https://www.youtube.com/watch?v=2U5h68YRMyc

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Responses

  1. Sr.Lodi, Ya le he manifestado como disfruto leerlo.
    Para no decir siempre lo mismo, podría no comentar. Pero prefiero repetirme asumiendo la monotonía de mis “devoluciones”. Será un mecanismo de alguna de las formas en la que se manifiestan mis polarizaciones?
    No importa! Como disfruto leerlo!

    • Sra. Suárez, qué bueno que no le importe. No sabe Ud. cómo disfruto su comentario. Un abrazo…

  2. Me es tan conocido y naturalizado atrincherarme en un polo, incluso cuando ya puedo registrar lo absurdo y anacrónico de esa maniobra, que me es muy necesario revisar lo que se pone en juego. Y leerte presentándolo de una manera tan franca, y por eso mismo tan amorosa, me conmueve profundamente. Te agradezco muchísimo. Un abrazo enorme!

  3. muy bueno Ale!gracias!

  4. que análisis,
    tan privilegiada me siento de leerte y sentir que cada parte de mi ser se van consustanciando de tanta sabiduria gracias

  5. Esto està buenisimo y mucho màs que claro. Nos acerca a los duros bordes de nuestro narcisismo destructivo. Clarisimo! Gracias Alejandro por brindarnos un destilado tan exquisito. Abrazo

  6. Excelente, anoche soñé que caminaba con una valija por una calle en BA, me encontraba con Martin Ochoa, astrólogo colombiano que hizo mi carta hace dos años, el salia de tu casa Alejandro Lodi…no se como arribe a ese sueño en medio de otros, pero lo lindo fue que me levante temprano, abrí fb y lo primero que leí fue este articulo …linda la vida…Gracias por la claridad conceptual!!

  7. Ay teacher! Que buena es tu pluma y tu sinapsis!!!
    Feliz de reconectar.. Bss Edith Albite

  8. Inevitable autorreferencia autorefutante: la polarización y los muros son el muro a demoler. Aún el punto de vista según el cual todos los puntos de vista son relativos es relativo. (“Tú, que me lees, estás seguro de entender mi lenguaje?” JLB).

    Igual, ya sé que por eso incluíste los fractales :)

    Un gran abrazo vincular.

    • Amigo Klaus, toda verdad es una verdad a medias (Kybalion dixit). Abrazo fractal…

      • Pero también es una verdad a medias que toda verdad sea una verdad a medias :-)

      • Un enloquecedor y creativo doble vínculo. Abrazo…

  9. Gracias Alejandro: como siempre es un placer leerte nuestra vida es un constante aprendizaje gracias por permitirme ser una seguidora de tu trabajo. Abrazo.

    • Gracias Beatriz por acompañarme en estas exploraciones. Es evidente que sós buena compañera. Abrazo…

  10. Y qué difícil no polarizarse intentando justamente no hacerlo! Aceptar que “como es adentro es afuera” es el primer paso?

    • Gabi, creo que no es por logro, sino por náusea. Abrazo…

  11. Toda vida es polaridad, poder caminar por el camino medio es el aprendizaje de todos nosotros. No ahogarnos ni caminar por tierra seca sino andar por tierra húmeda es la tarea ardua para poder encontrarnos y evolucionar. Más nos conocemos más vamos viendo las polarizaciones, más podemos discernir y comenzar a percibir el juego divertido del camino que nos va llevando a la meta añorada y sumamente extrañada. Gracias Ale, como siempre, por tu didáctica claridad, necesaria para clarificar pensamientos. Abrazo de oso y namasté amigo del camino

  12. Qué interesante y qué bien explicado! Muchas gracias!

  13. Gracias, Ale.Como muchas veces sucede con tus textos : nunca en mejor momento. No hay otra forma: hasta el hartazgo. Cariños.

    • Gracias Rosana. Uno ya le toma gusto a la nausea. Abrazo…

  14. Alejandro, siento admiración. En la evidente riqueza conceptual del texto se desliza la cualidad amorosa de una pluma que siente cada palabra, muy integrativo. Gracias por compartir la claridad de un proceso arduo pero eternamente mágico. El camino de regresar al nucleo de nuestro ser.

    • Amigo Federico, agradecido por su exceso. Y muy feliz de seguir compartiendo.
      Abrazo…

  15. Estimado Alejandro… simplemente gracias!… un gusto que una amiga haya subido este articulo suyo a Facebook. Quisiera saber si es posible dirigirme a Ud via mail. Abrazo!

  16. Maravillosamente claro …que buena pista …escuchar el hastio hecho cuerpo,revelando el hartazgo..la repeticion insostenible vibrando celularmente y que bendicion cada vinculo o hecho de destino que nos lo hace dolorosa y magicamente conciente.infinitas gracias Ale….tu amorosidad lo abraza todo!!!

  17. Simplemente gracias!

  18. gracias Alejandro por tu aporte de luz y calidez !!!!!…abrazo

  19. Las pesadillas ya las pase fueron un infierno , algo se disolvió y ahora siento con el cuerpo con las células mas vitalidad y menos conflicto y sigo explorando, te agradezco porque resueno y tan clara tu síntesis que me hace vibrar. Abrazo

    • Josefina, gracias por compartir tu experiencia. Abrazo de corazón…

  20. Me encanta leerte y re leerte, me remite al modo mirar mi entorno y ver por donde ando hoy……gracias !!

  21. maravilloso!!! cuanta Lucidez y sensibilidad alquimizando conceptos , verdades tan dolorosamente reales como exquicitamente efimeras….segun en que momento del viaje estemos!!!
    Las palabras son frecuencias vibratorias.que.unidas al amor.,como en tus textos,.son poderosamente transformadoras!
    gracias siempre!

    • Gracias por tan cálida exageración. Muy feliz de compartir. Abrazo…

  22. Brutal!! Cómo me resuenan cada una de éstas palabras!
    Por un mágico instante he estado vinculada a TODO…. e intuyo que la alquimia acaba de empezar.

    Muchas gracias!!

    • Gracias Lydia. Compartamos el trance alquímico entonces. Abrazo…


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