Posteado por: alejandrolodi | 8 enero, 2015

El encanto del líder

Alejandro Lodi
(Enero 2015)

¿Por qué las sociedades humanas somos vulnerables a este encanto? ¿Por qué nos atrae tanto idolatrar personalidades?

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“Ein volk, ein reich, ein führer…”. (Un pueblo, un imperio, un conductor…). Lema nacional de la Alemania nazi, 1933-1945. Führer: Jefe, líder, conductor, guía, caudillo.

¿Por qué necesitamos, una y otra vez, repetir esa peligrosa experiencia, tantas veces sufrida (incluso a extremos de catástrofe), sin lograr consumarla? ¿Por qué ese arcano arquetipo se recrea, con idéntica vitalidad, cada vez que se presentan ciertas condiciones o escenografía ritual? ¿Por qué la conciencia humana responde -casi mecánicamente- a este patrón inconsciente que configura un «salvador providencial y redentor», ante situaciones extremas de crisis económica, riesgo de desintegración social, hastío ante injusticias cristalizadas, anhelos colectivos largamente postergados, ausencia de dirigencias responsables o capaces, miedo ante amenazas externas, etc.? ¿Por qué ese arquetipo colectivo tiene el poder de narcotizar todo discernimiento racional individual?

En el culto al líder cobra vida el «mito del yo»: la complejidad dolorosa de la existencia conjurada y controlada por un centro fijo de identidad. En el culto al líder se manifiesta nuestra intolerancia a la orfandad: la ausencia de alguien “completo en sí mismo” que sepa, pueda y nos quiera.

La sustancia elemental del «mito del líder» es la simbiosis entre su figura, el pueblo y la patria. El líder encarna a todos. Su persona y la comunidad son lo mismo. Por eso, lo que es bueno para el líder es bueno para todos. Y lo que es malo para el líder es malo para todos. Su culto exige anular la multiplicidad. Los valores colectivos, ricos en matices que propician creatividad, son proyectados ahora en la subjetiva unanimidad de una persona. La figura del líder uniforma a la sociedad. La concordancia (vínculos en diversidad) deriva en obediencia (subordinación a un individuo excepcional). El capital de dar coherencia se dilapida en exigencia de sumisión. El genuino atributo integrador de los liderazgos se patologiza en verticalidad piramidal. La coherencia convergente y la integración de las voluntades individuales -talento de los liderazgos- se distorsiona en la adhesión irrestricta a “un único deseo”: el del líder.

Sujeto a devoción, el líder es un ser prodigioso, heroico y benevolente. Anuncia la llegada de la felicidad y plenitud tan anheladas, luego de tanto dolor y padecimiento. El líder es un mesías. Lo guía la divina providencia. Su gracia instaura la justicia sin demoras, redimiendo generaciones condenadas a postergación. El culto a la personalidad del líder incluye un relato épico que no puede prescindir de la participación de enemigos. Y si no se presentan se los debe provocar. El líder redentor necesita la traición: Jesús necesita a Judas Iscariote (tanto como, de un modo más secular y profano, César a Bruto o Michael Corleone a Fredo).

El líder providencial se nutre de la polarización. Necesita establecer un cepo moral, fijar a los demás en las veredas del bien o del mal. Se alimenta de la lógica del conflicto, de un mundo vincular dividido en bandos irreconciliables en pugna: ángeles y demonios, santos y pecadores, amigos y enemigos. Nadie puede quedar fuera de la estigmatización. Ninguna idea, ninguna opinión, ninguna percepción puede diferenciarse.

El líder mesiánico estimula la polarización (cristalización de polos en tensión excluyente) y vela la dinámica de polaridad (oscilación entre polos en vínculo incluyente).

El líder salvador es la patria y es el bien. Por eso, los enemigos del líder son enemigos de la patria. En ese pase mágico, quien no es fiel al líder es traidor a la patria. Encarnando el bien, el líder es víctima del mal. Quien presente oposición encarna el mal. Cuestionar al líder es atentar contra la felicidad del pueblo.

El líder exige y merece la absoluta confianza de todos nosotros, su pueblo. Dudar u observar es poner en peligro nuestra felicidad, es ser funcional a los intereses del enemigo. El líder sabe y es infalible. Nadie puede saber más que él y no comete errores. Si parece ignorante o equivocado, eso es obra de quienes pretenden desprestigiarlo. Si el líder no logra sus propósitos, eso es porque hubo una conspiración en su contra (y, por lo tanto, en contra de todos, en contra de la patria). O bien, lo que parece falla es, en verdad, un movimiento estratégico (prueba de su inteligencia superior) que sólo entienden los que comparten con devoción su visión.

El líder exige veneración incondicional. Tiende al partido único y a la concentración de poder en su propia persona. Necesita disponer de la suma del poder público. El líder es el que ejecuta, legisla y sanciona. El líder es decisión, ley y veredicto. Dividir poderes es conspirar contra el líder (y, por lo tanto, contra la felicidad del pueblo y los intereses de la patria). Él no comparte poder, porque su poder es absoluto.

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“El capitán de la Unión Soviética nos lleva de victoria en victoria”. Stalin en una propaganda soviética, 1933.

El líder aspira a perpetuidad. Conquistar el tiempo y ser recordado para siempre. Controlar la historia para que confirme su imagen. Nombrar da existencia. El nombre del líder como emblema sagrado. El culto al líder exige monumentos en vida. Afirmar para siempre su existencia dándole su nombre a lo público, inscribiéndolo en instituciones. Hospitales, estaciones ferroviarias, museos, escuelas, ciudades o niños que nacen merecen llevar el nombre del líder, porque todo es su obra personal.

No hay distinción entre lo propio del líder y lo propio del pueblo. No hay conflicto entre sus intereses personales y los de la comunidad, porque él es la comunidad. Tanto el líder como su pueblo sienten que tiene derecho sobre lo público. Y los que sugieren una indebida apropiación es porque no entienden la simbiosis de ese amor, no pertenecen a él, son ajenos, son el odio cipayo al servicio de intereses extranjeros.

El líder providencial no sólo es conductor, sino benefactor. En el culto a la personalidad, los logros y conquistas de la comunidad son relatados como generosos otorgamientos del líder. La sociedad no madura y evoluciona, sino que se beneficia de la gracia del líder. Los beneficios dependen de su voluntad, por eso debemos estar agradecidos de un modo personal y tratar de agradarle para mantener su favor.

El líder siempre resulta un “Big Brother”. No sólo en “1984”.

A veces con consecuencias trágicas, a veces como mera farsa, el culto a la personalidad siempre conduce a comportamientos regresivos y patológicos que quitan libertad, que avasallan el respeto al individuo, que anulan discernimiento consciente, que capturan amorosidad universal para convertirla en veneración a personas específicas. El culto a la personalidad siempre concluye en formas de paternalismo o maternalismo, que generan dependencia y que, por lo tanto, no permiten crecer. El culto a la personalidad distorsiona y atrofia el proceso de maduración de la conciencia.

El culto a la personalidad atrapa, no libera.

El culto a la personalidad uniforma, no permite ver matices.

El culto a la personalidad consume (gasta, pierde, dilapida) una enorme cantidad de energía en exaltaciones y repudios, frustrando invertirla en participación constructiva y convergencias creadoras.

El destino del culto a la personalidad (o del mito del yo) es “el rey desnudo”: el choque con la realidad, la evidencia de nuestra orfandad.

“…Un rey recibió a un par de estafadores creyéndolos célebres sastres. Prometieron confeccionar un traje sublime, con la tela más suave y delicada. Tan especial que sería invisible para aquellos que no tuvieran la inteligencia suficiente para apreciarlo ni la idoneidad para ocupar sus cargos. Por supuesto, los “materiales” eran muy costosos, pero el rey estaba dispuesto a pagarlos. Luego de “trabajar” varios días, los falsos sastres le presentaron el traje. El rey no vio nada. Pero, para no pasar por poco inteligente e incapaz de ocupar su cargo, consultó a dos ministros de su corte acerca de cómo le quedaba. Ambos, para no pasar por poco inteligentes e incapaces de ocupar sus cargos, elogiaron la belleza del atuendo y la elegancia con que lo lucía el rey. Decidido a no pasar por un idiota, el rey felicitó a los sastres, les pagó con gusto sus honorarios, y decidió organizar una fiesta para mostrarse con su vestidura ante el pueblo. El día de la celebración, el rey se paseaba desnudo con su traje invisible frente a una multitud que, para no pasar por poco inteligentes e incapaces, alababan el esplendor de su figura en esa magnífica vestimenta… Hasta que, en un silencio, se escuchó la voz de un niño: “Pero ¡el rey está desnudo!”. Todos comenzaron a admitirlo. Avergonzado, el rey intentó cubrirse y ordenó detener a los estafadores. Pero ya se habían ido con todo el dinero obtenido…”.

En astrología, la mirada esotérica le otorga al planeta Neptuno la regencia del signo de Leo: la capacidad de empatía que es propia de la energía irradiante, la resonancia colectiva de un centro expresivo que contagia vitalidad a la totalidad. Leo como estímulo a la apertura del corazón y a la vivencia del amor universal, consciente de la entrega como servicio antes que reconocimiento personal. Pero, mientras prevalece en Leo la regencia del Sol, Neptuno actúa como velo: la fascinación por la imagen individual, la idolatría a personalidades excepcionales, el encanto del líder. Leo como hechizo de dominación de las voluntades y concentración del amor en una figura adorada, demandante de confirmación personal.

Es posible que un líder sabio repudiara el culto a su personalidad.

Que un líder con sensibilidad paternal rechazara ejercer paternalismos.

Que un líder responsable resistiera el encanto de infalibilidad y se rodeara de los más capacitados colaboradores en todos aquellos temas -que conoce y desconoce- sobre los que debe decidir.

Que, antes que anhelar la eternidad, el líder -consciente de ser un símbolo, no alguien importante, especial o único- sintiera la liberación (propia y de sus liderados) de ya no ser recordado. Que disfrutara de haber cumplido su función y tornarse ahora invisible.

Pero, quién soy yo para saber lo que debiera ser un líder. Mejor escuchar a Sting cantando acerca de los rusos, en tiempos de guerra fría y amenaza nuclear.

https://www.youtube.com/watch?v=nd6aqWi4yvU

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Responses

  1. Estimado Alejandro, siempre es un verdadero placer leer tus escritos, en los cuales se reflejan con simpleza pero con claro sentido y mucha profundidad, lo que de seguro es el pensar de muchos, entre los cuales me incluyo. Escritos en los cuales uno encuentra palabras y recursos para poder ver aquello que supuestamente es la “realidad”; funcionando como un verdadero bálsamo de espíritu y ayuda al entendimiento.
    En especial con respecto a este escrito, uno no puede escapar al pensamiento de cuan util sería que aquellos que de manera cuasi enquistada perpetuan sus cargos en supuestos lugares de poder, (los ejemplos són claros, politicos, gremialistas, etc.) lo leyeran, pero para ello talvéz halla que esperar cierta maduración en algunos aspectos de los que integramos la sociedad, ya que de seguro en algún punto algo de la situación, supongo, tambien es uno parte, un gran abrazo,

    Norberto Betge.

    • Gracias Norberto. Un placer contarlo como compañero de viaje. Abrazo…

  2. Hola Ale,
    siempre me pareció super interesante que el Sol es regente exotérico, esotérico y jerárquico de Leo, remitiendo creo a las diferentes dimensiones del Ser y a diferentes tipos de irradiación. No recordaba lo de Neptuno…
    Gracias y un abrazo

    • Ale, como ya sabrás, yo me mando algunas “versiones libres”. Técnicamente, el Sol es único regente de Leo. Pero Alice Bailey sugiere un nivel neptuniano y uraniano asociado a Leo. Y creo que tiene mucho sentido (“Astrología Esotérica”, Fundacion Lucis, 1995, pág. 232).
      Gracias por el aporte.
      Abrazo…

  3. Ale, como siempre didáctico y sencillamente esclarecedor. De alguna manera, todos somos Leo aún, y el enamoramiento de la propia imagen marea y si además da poder, se pierde el rumbo, los ideales primeros se transforman en función de la grandeza propia, y el auto convencimiento de ser únicos e irrepetibles nos ciega totalmente. A los líderes los eligen los pueblos que proyectan en ellos su propia falta de evolución, su propio egoísmo de dejar que otros hagan, para que ante el error pueda existir un culpable a quien criticar y cargar con nuestra responsabilidad compartida. Muestra el adormecimiento que se padece ante la necesidad de la profunda comprensión de la vida. De todos modos, estamos en épocas en la que ya no es válido mirar para el costado, todos debemos encontrar nuestra imagen leonina en algún ángulo de nuestra propia vida, comprenderla, observarla en los otros para poder trascenderla. Abrazo de oso y namasté amigo del camino.

    • Gracias Cristina. Es verdad, nuestros líderes somos nosotros. Lo que vemos en ellos es lo que necesitamos reconocer y trabajar en nuestro corazón.
      Abrazo..

  4. feliz año Ale .muy bueno y esclarecedor tu comentario, me remonto al dialogo que tuviste con Eugenio leo / acuario , claro que en este comentario pones el foco en el egocentrismo.,por lo cual se nota la necesidad de jugar la polaridad ( considerar acuario ).
    No sabia la regencia de Neptuno en el signo de leo, gracias Ale un cariño

    • Gracias Cristina. Fíjate en la respuesta al comentario de Ale Luna, porque allí aclaro lo de Neptuno. Abrazo y feliz 2015…

  5. me intereso saber que Leo se relaciona con Neptuno….. muy bueno el analisis me gusto el final….. buenisimo…. besos leonino

  6. Genial!!

  7. Y cómo rompemos el embrujo de la masa???

    • Marina, me limito a describir. De todos modos, creo que es por agotamiento del encanto.
      Abrazo…

  8. Gran trabajo nos toca como sociedad….y a nosotros individualmente para madurar y correr la personalidad….

    • Gracias Chicha. El trabajo empieza por casa… Abrazo…

  9. Hola Alejandro,

    Excelente y gracias por compartir.

    Una abrazo.

    PD: Leyendo este articulo, no podia dejar de compararlo con lo que ha venido sucediendo en Venezuela a lo largo de su historia!

    • Gracias Maru. Quizás se trate de un patrón universal que cada comunidad hace consciente en su tiempo histórico específico. Abrazo…

  10. que decir Alejandro, en un todo de acuerdo a tu mirada… Gracis por esta entrega!!


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