Posteado por: alejandrolodi | 29 octubre, 2018

Espiritualidad religiosa y espiritualidad mística

Alejandro Lodi

(Octubre 2018)

Alex_Grey_-_Tears_of_Joy_22

Alex Grey “Third eye tears of joy”

La espiritualidad es un viaje de la conciencia, es una exploración de la percepción. Podemos asumirla sin garantías y sin la presencia de otro que tome responsabilidad por nuestra suerte, o abordarla con ciertos contratos de seguridad y participación de garantes. Como en cualquier viaje, el beneficio del riesgo puede redundar en descubrimiento y creatividad, el costo de la tranquilidad en monotonía y repetición.

La espiritualidad religiosa implica adherir a una forma que alguien conoce y ya ha definido. La religión nos evita la toma de responsabilidad y, por eso, no puede darnos libertad de percepción. El religioso define lo que debe ser percibido. Establece lo que debemos creer. Asume la misión de acercar lo terrenal a lo celestial, de poner en contacto a la humanidad con Dios, de disolver la angustia humana revelando el plan de Dios. Un sacerdote religioso nos instruye en lo que él conoce y nosotros ignoramos: la voluntad de Dios. Conoce los planos del gran arquitecto, conoce qué tipo de construcción somos y lo anuncia con la inexorable fatalidad de lo que debe ser y de lo que será. Sabe dónde está lo divino y dónde está lo diabólico, dónde reside la virtud y dónde el pecado, dónde habita lo benéfico y dónde lo maléfico. Sujeta a sus instrucciones, nuestra vida personal no presentará sorpresas. Habrá conflictos, desafíos, pero no sorpresas. No hará falta ser creativos sino sagaces seguidores del plan ya diseñado para cada uno de nosotros. Ya está escrito lo que somos, Dios lo sabe y el sacerdote lo transmite. El religioso se acerca a quien ignora la verdad y le trae todas las respuestas. Predica. El religioso cree, necesita que su percepción se ajuste a esa creencia y allí encuentra calma.

El místico, en cambio, propone compartir una percepción. Responde a quien se acerca. Propone una búsqueda. Nos guía en un territorio sobre el que tiene experiencia, pero que también para él resulta desconocido y pleno de misterio. El místico no necesita dogmas. Entra en contacto con una realidad que está a disposición de ser percibida por todos, pero que no puede ser impuesta como creencia. El místico no cree, sino que ve y -aunque muchas veces le resulte desconcertante y doloroso- confía en lo que percibe. El compromiso con la percepción mística nos exige asumir responsabilidad, al mismo tiempo que nos libera de sacerdotes. Nos exige confiar en la dinámica entre nuestra sensibilidad y nuestra intelectualidad, al mismo tiempo que nos libera de ideas cristalizadas como verdades absolutas. Nos exige dejarnos atravesar por lo que vemos y sentimos en momentos de íntima y desnuda contemplación de lo que es, al mismo tiempo que nos deja a intemperie de certezas teológicas, vacíos de seguridades promovidas por los representantes de Dios.

La distancia entre la espiritualidad religiosa y la espiritualidad mística es, astrológicamente, la que hay entre Júpiter y Neptuno. Dos modos de organizar lo que llamamos espiritual: uno en base a creencias en las cuales la conciencia individual hace identidad, el otro a partir de una apertura de sensibilidad perceptiva que disuelve nuestra (confortable y sufrida) autoimagen personal. Júpiter representa las creencias del yo, la búsqueda de un sentido superior para nuestra vida, la representación de lo espiritual que la conciencia puede conformar sin cuestionar la imagen que tenemos de nosotros mismos. Neptuno, por su parte,  representa la percepción de un orden que está más allá de lo que el yo puede comprender. Implica una resonancia sensible con la dimensión transpersonal que, aunque adquiera formas mentales (ideas, creencias, imágenes), siempre está más allá de ellas. Júpiter promueve al yo la certeza de que ha comprendido la voluntad de Dios, de que ha conocido la misión de su vida, y se entrega con devoción a la guía de un maestro, gurú o alto sacerdote. Neptuno implica que el yo resigna el anhelo de controlar al destino y confía en su misteriosa guía, en su orden ajeno a voluntades y encendido de intenciones que nos sorprenden.

También habrá, entonces, modos de explorar la astrología más próximos al del místico espiritual o el sacerdote religioso. Una astrología transpersonal invita a la percepción de claves existenciales que están más allá del beneficio o el perjuicio del yo, propone responder a un llamado que no se ajusta a la planificación que hemos hecho de nuestra vida. Una astrología transpersonal no repudia la construcción psíquica que llamamos ego, ni esta en contra -necesariamente- de las aspiraciones de la personalidad, sino que diseña una configuración de nuestra realidad psíquica en la que la personalidad está en un juego dinámico y polar con el alma. Una astrología transpersonal pone su atención en el yin-yang entre los propósitos de la personalidad y las intenciones del alma. Una astrología transpersonal habilita la dimensión neptuniana del viaje de la conciencia, la dimensión mística de la exploración del misterio que anima a nuestra vida.

Una astrología transpersonal incluye nuestra experiencia consciente en ciclos que exceden la expectativa de vida personal. Inscribe a nuestro sino, a nuestro destino, en procesos mucho más vastos que el de nuestras (necesarias) construcciones personales. Sin el auxilio de los planetas transpersonales y de sus ciclos (de 84, 165 y 250 años), la máxima capacidad para significar nuestros procesos en el tiempo sólo alcanza a Saturno. La mirada de la trascendencia espiritual con ese tope sólo alcanza a significar ciclos de 29 años. La percepción espiritual se ajusta, de este modo, sólo a procesos de la personalidad. Allí el yo nunca perderá dominio de su apertura al misterio del universo. Una astrología sólo personal promete disponer lo espiritual al servicio de las expectativas forjadas en una imagen permanente de nosotros mismos. Júpiter pierde su contacto (su yin-yang) con Neptuno y se enreda en tramas solares: el riesgo de confundir expansión con autoengrandecimiento, trascendencia con celebración narcisista. El vínculo dinámico (el yin-yang) de Júpiter con Neptuno aporta a nuestras conmovedoras y sublimes comprensiones, no solo una alegría plena y radiante, sino un cierto sentimiento de íntima melancolía. La gracia de percibir un universo que se abre en múltiples dimensiones junto a la irrevocable evidencia de abandonar la escala de un mundo al que no podremos regresar. 

 

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Responses

  1. Elbaaguilera@Gmail. Com Enviado desde Yahoo Mail para Android

  2. Elbaaguilera@ Enviado desde Yahoo Mail para Android El lun., 29 de oct. de 2018 a la(s) 0:20, CONSTANTINO KOUTSOVITIS escribió: Elbaaguilera@Gmail. Com Enviado desde Yahoo Mail para Android

  3. que perfecta forma de. plasmar un tema tan importante con tanta claridad !!!! gracias maestro!!!

  4. Me quedó resonando : “…una configuración de nuestra realidad psíquica en la que la personalidad está en un juego dinámico y polar con el alma…” Y me pregunto: que si, como toda polaridad siempre existe un tercer punto que resuelve la lucha de opuestos en forma evolutiva …Si crees que es correcta esto..¿Cual seria ese tercer punto vertice en este juego entre Ego y Alma..?

    • Gracias Laura. Me parece que la polaridad no es un problema que sea necesario resolver, sino una condición de nuestra experiencia perceptiva. La mirada esotérica sugiere que la conciencia es la articuladora entre el ego (o personalidad) y el alma. Creo que es un buena metáfora. Abrazo.

  5. Creo que puede hacerse un paralelismo entre la búsqueda con mirada crítica, abierta a lo que pueda aparecer, sosteniendo algún que otro vacío, y la devoción, más cerca del pensamiento mágico y lineal.
    Valoro tus escritos, elevan mis reflexiones. Gracias

  6. Excelente ! Júpiter y Neptuno , ego y alma, experiencia personal y experiencia transpersonal… Gracias Alejandro

  7. excelente como todos lo articulos

  8. superprofe te quieroo!

  9. Gracias Ale, tus escritos expanden fronteras. Abrazo.

  10. Hola Alejandro, podrias pasarme alguna bibliografia al respecto, o cuales fueron tus fuentes. Gracias! Un abrazo

    • Caramba, no tengo idea. Supongo que la fuente de esta nota debe haber sido mi experiencia. Gracias. Abrazo.

  11. Muchas gracias por compartir tus saberes! Muchas gracias, muy hermoso.


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