Posteado por: alejandrolodi | 15 junio, 2020

Nacionalismo mata humanismo

Alejandro Lodi

(Junio 2020)

El 16 de mayo de 1982, en plena Guerra de Malvinas, los productores de rock en Argentina organizaron un concierto con las principales figuras del movimiento musical, que desde su nacimiento se había identificado con la paz, la no violencia y el amor universal.

Fue transmitido en directo por TV y por varias radios. Todos los canales eran del Estado, es decir, administrados por el gobierno militar. Aquella reunión de 70.000 jóvenes convocados por sus ídolos musicales -y, para gran parte de ellos, referentes de valores y principios libertarios y humanitarios- resultó un aval para la continuidad de la guerra. Los conductores militares de aquella tragedia explotaron ese festival como un aporte solidariario a “la causa de todos” que ellos protagonizaban. Un punto oscuro en las pretensiones contraculturales del rock nacional. Tan oscuro que aún hoy, en 2020, en fechas sensibles a la guerra, aquel hecho artístico y político es recordado en los medios de comunicación (Canal Encuentro, Infobae) y algunos de sus participantes insisten en decir que ese festival fue lo que no fue: un reclamo de paz a los promotores de la guerra cuando, en verdad, no la cuestionó y -por omisión y con candidez- la avaló. Lo que se creía contracultural quedó expuesto como parte de la cultura argentina. 

Se llamó Festival de la Solidaridad Latinoamericana. Aludía al apoyo de la mayor parte de los países latinoamericanos a la Argentina que estaba en guerra con Gran Bretaña por las Islas Malvinas. Una consigna confusa, al menos como pretensión de favorecer la paz. Con más claridad: un consigna que agradece la adhesión a nuestro país en plena guerra. Sobre todo, una consigna política, antes que una definición humanitaria. Acaso algún soldado que escuchara el concierto por radio en Malvinas en transmisión oficial, tuviera la sensación opuesta a la solidaridad que necesitaba: no la de “estamos orgullosos de que estés ahí y te mandamos un pullover…”, sino la de “sabemos que la estás pasando mal y queremos que vuelvas…”.

Nacionalismo mata humanismo. El fervor de la guerra opaca el discernimiento de la conciencia. El primitivo entusiasmo de luchar “contra los enemigos de la patria” vela la empatía con quienes sufren el horror de la guerra. Cuando se instala el hechizo del nacionalismo no se puede (según parece) estar en contra de aquello que se establezca como “causa nacional”. Y, si el nacionalismo en guerra convoca solidaridad, no hay espacio para oponerse a la guerra sin tocar la culpa de ser un traidor a la patria.

La guerra de Malvinas no tuvo oposición. Sí almas en angustia y silencios de sufrimiento, pero no oposición. A los ojos estadísticos, la Guerra de Malvinas fue unánime.

La guerra anula el sentido de realidad. Psicotiza. La guerra psicotiza a la conciencia colectiva. En guerra, la conciencia colectiva sufre una ruptura severa con los hechos objetivos, un quiebre de su capacidad de discernimiento. Luego del episodio psicótico puede haber una vuelta a la realidad. Y allí se tiene la oportunidad de discernir con conciencia, de reconocer el desvarío y desactivar la fantasía que lo generó, o de sumergirse en la culpa, de activar la negación, o de generar una construcción imaginaria de los sucesos (relato) con el objetivo de la autoindulgencia.

El escenario de aquel festival fue un símbolo. Cantar a favor de la paz con banderas argentinas como único fondo de decorado en plena guerra. Ya eso sería suficiente para alertar sobre el fallido. Si agregamos que quien conduce la guerra es un gobierno que sabemos responsable de crímenes, el fallido adquiere condición de psicosis. Y aún cuando se viera involucrado un gobierno legítimo, avalar la tragedia de la guerra cantando por la paz, es síntoma de severa contradicción patológica.

¿Qué no se veía en ese ritual que convocó a 70.000 personas que sentían que contribuían a una causa humanitaria? No se veía que era un apoyo a la guerra. Como no se veía que Reina Madre era un tema belicista: un compositor argentino que describe la angustia de un soldado inglés que no entiende por qué está peleando en Malvinas. No era la sensibilidad de un artista denunciando la tragedia de una guerra, sino adoctrinando acerca de una guerra justa de la que estaba convencido. El tema Reina Madre pone el foco en el orgullo nacional, no en el espanto de las trincheras. Pretende exponer qué bando no tiene razones en la contienda y deja sugerido que al otro bando le asiste la razón. Una canción que se ocupa de establecer que los argentinos tienen razón, no los ingleses. Aunque esa razón sea llevada al extremo de una guerra, decidida y conducida por los generales más oscuros de nuestra historia, la canción no alude (también) a un soldado argentino que se cuestione por qué debe sacrificar su vida por el perverso encantamiento nacionalista. Esa angustia no está incluida, porque el sinsentido debe ser sólo de la Reina, no del General. 

Pero todo esto no se veía. Ni es seguro que se vea aún hoy. En Argentina, el encanto nacionalista e ideológico es más fuerte que la compasión humanitaria. Por la patria y por ideas revolucionarias, los argentinos justificamos muertes o, al menos, somos indiferentes a ellas. Y lo hacemos con la psicótica (¿o perversa?) convicción de sentirnos humanitarios y, por lo tanto, de tener superioridad moral. Los argentinos, al fin de cuentas, no somos distintos al resto de los humanos.

La guerra fue “un monstruo grande que pisó fuerte toda la inocencia de la gente”, incluidos aquellos músicos de rock. Y el pedido a Dios para “que la guerra no sea indiferente”, no se tradujo en la denuncia de su horror, sino en la solidaridad con los que se sacrificaban por una guerra justa. Algo muy próximo a la justificación -acaso no consciente- de aquel gran monstruo.

No tiene sentido condenar a los participantes. De hecho, no cabe dudar de su buena fe: creían colaborar con los soldados. El sentido del aprendizaje es ver lo que ocurrió. Lo que en realidad ocurrió, mientras creíamos que ocurría otra cosa. Y lo que ocurrió es que el sentimiento nacionalista y el condicionamiento inconsciente de la unanimidad anuló la sensibilidad compasiva y el coraje para denunciar la aberración de la guerra (o la capacidad de guardar comprensible silencio). 

Algunos de sus protagonistas aún hoy dicen (¿creen?) que fue un festival a favor de la paz, que fue en contra de la dictadura militar, o que al menos la lesionó y aceleró su final. No resisten el discernimiento de que ese concierto respaldó la guerra, que fue utilizado por sus conductores militares y que, en verdad, lo que provocó el colapso del gobierno militar fue la derrota en Malvinas. Bajo la pretendida (y genuina) ayuda a los soldado en Malvinas, el festival avalaba su situación y justificaba que estuvieran allí (o nada decía acerca de que regresaran), precisamente en el momento que ya comenzaban los combates más duros. Una especie de subliminal mensaje: “Tenés que estar ahí, pero te deseamos paz…”. Sorprende que nadie recordara Traigan a los muchachos de vuelta a casa, aunque mil veces nos emocionáramos escuchándolo en The Wall, de Pink Floyd. No debería sorprendernos. Es el poder narcótico del inconsciente colectivo. Nadie expresó esa consigna tan lógica, tan compasiva, tan orgánica en esa situación de la Argentina: que los muchachos no sean entregados en sacrificio y que vuelvan pronto a casa.

No es justo reprocharles a aquellos músicos que no lo hayan reclamado. Habría sido un acto temerario próximo al suicidio. Pero, al menos, hoy sí podemos observar y meditar aquel festival, con crudeza y madurez, sin ceder a la frivolidad progresista, ni al narcisismo hippie, ni a la autoexaltación épica. No podemos perder la oportunidad de, sin complejos ni culpas, rescatar el aprendizaje de aquella experiencia: el nacionalismo vela el discernimiento consciente, el encantamiento patriótico avasalla valores humanos elementales, la nación y la patria son emociones que pueden, con sorprendente liviandad, justificar la muerte. 

Quizás sea urgente sincerar estos acontecimientos de nuestro pasado compartido. Para que el dolor abra resiliencia y, entonces, la historia no se repita. No sabemos si no habrá una próxima.


Responses

  1. Gracias Alejandro. Por fin escuchar esto. La impotencia de sentirlo en ese momento- yo tenía 24 años y era amante del rock- y la inexplicable ceguera que aún persiste en nuestra sociedad. Gracias por decirlo, como siempre..

    • Gracias Patricia. Abrazo.

      • No todo nacionalismo es excluyente, racista, y pensado con categorías europeas. Como negación del otro. La experiencia nacional es una experiencia necesaria para la consciencia que no debe ser fetichizada x la violencia. Es una experiencia que solo puede ser superada si se la produce. Sabiduria del pasaje x cancer.

      • Gracias por exponer su opinión.

  2. “Nacionalismo mata humanismo” es un sacudón, un baño de verdad! No podrías haber puesto mejores palabras para describir una herida abierta que hoy sigue doliendo tanto. Valientes palabras que invitan a dar vuelta como una media nuestra mirada sobre hechos no resueltos de nuestra historia. Gracias!

    • Gracias Gloria. Los hechos no resueltos de nuestra historia se acumulan, pesan e intoxican el presente. Abrazo.

  3. Bello y conmocionante análisis Alejandro. Sé que estuviste en esa guerra. Claro que debíamos haber reclamado que traigan a los muchachos de vuelta a casa¡¡¡¡Yo era adolescente y también me tragué la del patriotismo…..hasta que una Profesora de Historia, muy valiente, en plena guerra, en plena dictadura, cerró la puerta del aula y nos sacudió las conciencias…nos sacudió el alma…..desde ese día….pude…desde lejos…. ponerme en el lugar de ustedes…los soldaditos….que tenían casi mi edad…..y comprendí….a mis 15 años…..que toda guerra es horrorosa….y degrada la condición humana….Gracias¡¡¡¡

    • Gracias Marcela. Honremos a aquella profesora de historia. Abrazo de corazón.

  4. Hola Ale, cuanta razón!!! Me acuerdo que en una de las marchas a favor de la Guerra de las Malvinas, ya en mi último año de medicina, me encerraron en el baño del clínicas por anti nacionalista, porque les gritaba que estaban locos, me querían arrastrar. Y quedar encerrado en un baño es una cosa pero en ese momento eran letrinas en el hospital !! aunque no lo creas. No se trata de echar culpas, como bien decis, sino de generar conciencia, de resignificar el pasado con una finalidad de generar un enlace a aquello que tiene el QUE y no el COMO. De hacernos preguntas nuevas… Se trataría ACASO, de que por fin maduremos como gente común?, de poder actualizarnos al compás de la Tierra asumiendo las responsabilidades que nos tocan como habitantes de un territorio? porque pedir tantos “derechos” desde la “izquierda”? La izquierda es individual y la derecha es colectiva, solo que lo vemos al revés. En fin,la realidad nos aprieta para que maduremos…. pero creemos con nuestra omnipotencia que podemos cambiar la realidad… Besos.

    • Gracias Dolores. Abrazo.

    • Es extraño el concepto “la izquierda es individual y la derecha es colectiva”. El individualismo es uno de los ejes del pensamiento de la derecha, lo social es lo que cuestionan, y las medidas que atiendan reclamos colectivos son, para ellos, el Leviatán.

  5. La guerra de Malvinas fue uno de los hechos más dolorosos de nuestra historia. Pero el sentimiento de pertenencia a una nación es uno de los rasgos más significativos de la identidad; hay una historia común que está en el pasado de todos. Los cuestionamientos, en ocasiones contrarios (elogios y críticas cruzadas) forman parte del proceso histórico. Lo que sentía una mayoría en aquel momento y lo que reflexionó después, también son experiencias que compartimos como argentinos.

    • Propongo distinguir “sentimiento de nación” de “nacionalismo”… El segundo es una distorsión del primero, una fantasía gregaria que tiende a velar el sentimiento de humanidad (la pertenencia a una condición humana común a todas las naciones) y que sólo conduce a pesadillas… Mi nota refiere al nacionalismo.

      • “Por la patria y por ideas revolucionarias, los argentinos justificamos muertes o, al menos, somos indiferentes a ellas.”
        Excepto la guerra de la Triple Frontera, Argentina tuvo una posición histórica de neutralidad, nunca pretendió extender sus fronteras a costa de territorios de otros países, condenó reiteradamente invasiones a diferentes países . Solo las dictaduras pretendieron enfrentarnos con países hermanos. Los enfrentamientos internos merecen una autocrítica de todas las partes ya que, con diferente responsabilidad, hacían lo mismo-
        “Si miras largo tiempo el abismo, el abismo te devuelve la mirada”
        Nietzsche.

  6. Qué interesante, desconocía el festival, qué inconsciente tan borracho el nuestro siempre, tristísimo. Lo terrible es que más allá del colectivo, queda la sensación de que algunos pocos sí se enteraban, no? Qué difícil es la piedad, o la empatía con los hijos de Pluto.
    Me quedé esperando algún Lodi Pepper sobre la Pandemia.. me lo habré perdido o está en gestación?
    Te extraño!
    Abrazo.

    • Gracias. Así es, ese recital existió. En breve, Red Hot Pepper sobre la peste… Abrazo.

  7. Gracias por estas reflexiones. Aun no tenia existencia física cuando ocurrió la guerra, pero sé que esas huellas están presentes en nuestra generación y las siguientes. Nacionalismo mata humanidad.


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