Posteado por: alejandrolodi | 24 septiembre, 2014

Una experiencia del alma

Alejandro Lodi

(septiembre 2014)

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«…El resultado de este momento crucial de la historia de nuestra civilización es profundamente incierto. Algo está muriendo y algo está naciendo. Lo que está en juego es muy valioso, tanto para el futuro de la humanidad como para el de la Tierra…»

Richard Tarnas, Cosmos y Psique.

Textos como, por ejemplo, Cosmos y Psique de Richard Tarnas pueden motivar la recuperación de una conciencia: la del alma como una experiencia humana antes que individual, una experiencia que se multiplica en personalidades diversas pero que es una.

Son lecturas que incitan meditaciones. Y, de ellas, evidencias que pueden sorprendernos. Recorriendo el libro de Tarnas se transparenta una de esas claridades: la de que no existen intuiciones personales aisladas ni exclusivas. Nuestra percepción es parte del “experimento humano”, el cual no es ajeno al proceso global de la vida. Nuestra conciencia es sustancia del misterio de un universo en realización.

Estamos muy condicionados a creer en la existencia de revelaciones geniales de sujetos particulares, ideas-fuerza generadas por individuos prodigiosos a partir de las cuales se rompe la continuidad de una “realidad falsa” y se nace a una “verdad”. Comprensiones superadoras -logros de personas excepcionales- disociadas de aquello que las ha precedido. Desde ese condicionamiento, las intuiciones y los radiantes discernimientos resultan méritos exclusivos de seres providenciales, ajenos a la corriente de humanidad que los atraviesa. Una especie de competencia de sagacidades intelectuales en la que distintas percepciones de la realidad -traducidas en teologías y filosofías- se vencen unas a otras. El encanto del dogma como triunfo de la verdad.

Pero esa “justa por la visión verdadera” puede convertirse en otra cosa. Agotada la excitación beligerante del pensamiento, la conciencia puede sensibilizarse a la percepción -inclusiva y por eso amorosa- de un solo y misterioso proceso humano al que cada “sensación de individualidad” resulta funcional.

Y más aún. Ese proceso humano no está escindido de la vida del universo. Así, se hace sensible la evidencia de un cosmos que desarrolla propósito y se orienta a un sentido. Un solo propósito y sentido que excede nuestra capacidad de comprensión (y que acaso no necesite ser comprendido). Un solo propósito y sentido no deliberado, no decidido, sino pulsional: dirección que se plasma por la energía del mero hecho de ser.

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En esa percepción de la conciencia humana como la experiencia de una sola alma, aquella “claridad consciente de personas extraordinarias” se relativiza. Llevado a nuestra escala cotidiana, nuestras discretas “iluminaciones” (nocturnas, matinales o vespertinas) forman parte de un proceso que, en verdad, no protagoniza el circunstancial operador de la percepción (o sea, nosotros). No somos los protagonistas de aquello que creemos estar descubriendo o creando.

La percepción “falsa” y la “verdadera”, antes que estaciones distintas, fijas y definitivas, son parte de un único y fabuloso proceso. La que creemos “verdadera” necesita de aquella que consideramos “falsa”. Más aún, en ese proceso, lo “verdadero y real” será “falso e ilusorio” en algún momento del viaje. Lo “falso e ilusorio” no es un error, sino una etapa necesaria de ese proceso.

Todos los acontecimientos de la historia de la humanidad como actos necesarios de un único drama circular, cronológico pero eterno.

La percepción de la crueldad de la quema de herejes forma parte (y necesita) de la experiencia humana de la Inquisición, a extremos de abominación. La evidencia del yo como una entidad imaginaria forma parte (y necesita) del culto devocional a individuos extraordinarios (salvadores, líderes, gurúes, ídolos), hasta el hartazgo de la náusea. El fallido no es propiedad del pasado, ni nos dirigimos a un futuro de aciertos. No estaban “equivocados ellos” y “acertados nosotros”. No son “primitivos ellos” y “evolucionados nosotros”. Ellos verían lo mismo que nosotros si estuvieran “aquí”. Nosotros cometeríamos lo mismo que ellos si estuviéramos “allá”.

Visiones primordiales del mundo (regresivas y mágicas) de las que emergen visiones modernas (racionales y separativas). Desde el imaginario del triunfo de la evolución, podemos ubicar esas visiones en línea temporal y causal. Pero, en el diseño de una espiral evolutiva, pueden verse siempre presentes y sincrónicas. Percepciones de la totalidad que dan paso a confusiones. Confusiones que dan paso a discriminaciones. Discriminaciones que dan paso a disociaciones. Disociaciones que dan paso a nuevas conexiones con la totalidad… En sus expansiones y en sus fallidos, todo este viaje de la conciencia humana, necesario y presente.

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Una sola experiencia consciente desplegándose en la eternidad.

Una sola conciencia mental y sensible desarrollándose en una espiral inclusiva y, por eso, amorosa.

Una sola vivencia -en perpetuo presente- que no prescinde de ningún suceso, sin detenerse en ninguno de ellos.

Una sola entidad -fuera del tiempo secuencial- que se crea y realiza en nosotros, identidades separadas y finitas.

Una conciencia reconociéndose en la vida que la anima, expresando su propósito sin tener la intención de hacerlo.

Somos la experiencia de esa vida.

Somos funcionales agentes vitales de ese misterio. Rayos de discernimiento que forman parte de un torbellino impecable.

Aceptando su funcionalidad, lo trascendente de nuestras vidas personales acaso sea que recrean lo sagrado. Y que con nuestros dramas singulares nos entregamos, con toda seriedad, a componer “la versión libre de un clásico”. Como ocurre con nuestra vivencia del amor sexual. El encuentro -generador del universo- entre un principio activo y otro receptivo se actualiza en cada cópula. El “clásico” del sexo -principio de generación- recreándose, como “versión libre”, en la pasión erótica de dos nombres propios.

Una sola mente sensible desarrollando experiencia desde -pongamos por caso- la constitución del carbono. ¿Estaremos en los albores de una conciencia de silicio, como se divierte en intuir Ken Wilber en su libro Boomeritis? ¿Máquinas sensibles con conciencia, como HAL en su odisea del espacio?

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…Los organismos de silicio también experimentarán un avance evolutivo a través de la gran espiral del desarrollo de la conciencia… ¿Quién descubrirá antes a Dios, el carbono o el silicio..?”

La posibilidad de conciencia en organismos-máquinas sensibles. Casi una alucinación.

Pero eso ya es otro cantar.

Bibliografía citada:

Richard Tarnas. Cosmos y Psique. 

Ken Wilber. Boomeritis.

Imágenes:

Stanley Kubrick. 2001, Odisea del Espacio.

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Responses

  1. Sr. Lodi, leerlo siempre es un placer. Este post me dio alegría. Gracias Tarnas, Gracias Lodi :)

    • Sra. Suárez, me llena de alegría su alegría. Gracias. Abrazo…

  2. Gracias Alejandro, muy clara la visión. Todos los que estamos en esta pecera somos partícipes de las mismas excelsitudes y abominaciones (caso contrario, nos hubiera tocado otra). Que no todo el sufrimiento que de ello deriva es necesidad intrínseca del camino, es una especulación en la que elijo creer. Abrazo!

    • Gracias Klaus. ¿De modo que no sería necesario tanto sufrimiento? Buena noticia, me sumo a la creencia. Abrazo…

  3. Somos la experiencia de esa vida.
    Gracias Lodix, por compartir tu capacidad de percepción invitando a seguir navegando en la espiral! Abrazoooooo

    • Gracias Ceciliax. Seguimos navegando (a veces remando). Abrazo…

  4. Hola Ale querido.. Leí tu artículo varias veces, con el detenimiento, el deleite y el desafío a los que cada frase siempre me inspira e invita.. No sé si he logrado comprenderlo del todo.. Algunas frases me llevan a muchas preguntas.. Por ejemplo, si somos individualidades funcionales a un misterio, el misterio de ser todos Uno en un solo proceso humano (que asumimos no está separado de la vida del Universo) ¿cuál es el propósito de la experiencia que hace el Alma única, en cada una de nuestras conciencias (cada una formando parte y todo de esa Alma única o Inteligencia)? Si Dios ‘se vive a Sí’ y ‘vive’ en cada ser (incluyendo las piedras, los animales, las plantas, nosotros, etc.), ¿será que acaso busca redimirse.. redimir lo complejo de su propia creación, mirarse en ella cada vez…? Será que también se va conociendo en la existencia de cada uno de sus fractales (piedras, animales, plantas, nosotros, etc.)?
    Si asumimos el concepto de Unus Mundus propuesto por Jung, donde la Sincronicidad nos habla de un mundo de sentido, si el yo ‘se corre del medio’ y vive su versión libre de lo trascendente, si el yo ‘se corre del medio’ y escucha y atiende la voz del Sí mismo que sabe del retorno a casa..¿cómo es que Dios experimenta el laberinto y la llave, el conflicto y la posibilidad del regreso a sí, en cada Ser individual, todo al mismo tiempo..? ¿Qué aporta la voluntad del yo en todo este proceso..? ¿o será que la voluntad del yo será siempre invitada a permitirse vivir la singularidad de su chispa divina y entonces por fin ceda el sufrimiento? En este sentido, coincido con Klaus y también me sumo a su creencia…y me tranquilizan un poco tus palabras en esto de que el propósito de Dios, o de esta Inteligencia es “…un solo propósito y sentido no deliberado, no decidido, sino pulsional: dirección que se plasma por la energía del mero hecho de ser…()…propósito y sentido que excede nuestra capacidad de comprensión (y que acaso no necesite ser comprendido)…” Sino fuese así, a este proceso de la Divina Inteligencia le llamaría búsqueda de redención, como decía más arriba, en algo en lo que a Dios se le ‘fue la mano’ cuando nos creó, en esto de hacernos a su imagen y semejanza…
    La danza de piscis y virgo sin fin..asumo que todos mis comentarios y dudas hacen referencia a este párrafo tuyo:… “…Pero, en el diseño de una espiral evolutiva, pueden verse siempre presentes y sincrónicas. Percepciones de la totalidad que dan paso a confusiones. Confusiones que dan paso a discriminaciones. Discriminaciones que dan paso a disociaciones. Disociaciones que dan paso a nuevas conexiones con la totalidad… En sus expansiones y en sus fallidos, todo este viaje de la conciencia humana, necesario y presente…”.. piscis y virgo.. piscis y virgo.. piscis y virgo.. Me pregunto entonces, fantaseando un poco, ¿cuáles serán las expansiones y fallidos de aquellos que llamamos ‘Maestros Ascendidos’..? O será que este movimiento es únicamente el misterio y a veces doloroso privilegio (para cada individuo) de ser todos un único y Uno proceso humano..?
    Lo que sí necesito pensar es que más allá de los avances y retrocesos del camino espiralado, lo que vamos integrando, lo que vamos haciendo consciencia o consciente (de esa totalidad), se va quedando en nosotros (no hablo de mi, sino en mi y en todos) como plataforma para el siguiente desafío del viaje que nos proponga la Consciencia única, va sumando, por así decirlo, a los viajes compañeros que somos todos.. esa humildad del yo, ese reconocerse desconocedor de todo, ese brindarse a la totalidad, quizá sea su aporte, y lo nombro ‘aporte’, porque es lo más difícil.. el yo es necesario, pero en algún momento de nuestro devenir definitivamente se extravió, quizá como parte de ese proceso vital.. quizá esa es la redención que buscamos, quizá también la busque Dios en cada nombre propio…
    En fin… infinitas gracias Ale por tu Artículo y por tu lectura a estos pensamientos inquietos que de él nacieron… Un abrazo en la totalidad, Ale querido!!!

    • Guauuu… Gracias por tu atención al artículo y tu riquísimo comentario. No tengo respuestas para las preguntas formuladas. Vos incluís -junto con Wilber- a Dios en esta reflexión. Yo trato deliberadamente de excluirlo, porque siento que es una palabra que nos condiciona a percibir propósito y sentido asociados a “la voluntad de un ser supremo” que, además, tiende a configurarse “antropomórfico”, “masculino”, “padre”, etc., etc. Y sabemos que nuestro inconsciente es muy sensible esas imágenes que congestionan un poco la percepción. Es inevitable. Suena muy distinta toda esta meditación si ayunamos de Él. Espero que Dios no se ofenda (creo que comprende nuestras limitaciones). Gracias Sofi. Abrazo del alma…

  5. Tema fascinante, complejo. Pienso en la conciencia del átomo en el microcosmos y por analogía en el macrocosmos. Si el átomo es consciente e inteligentemente discrimina y asocia, pienso que esa forma está atravesada por energía inteligentemente amorosa que todo lo compenetra, que todo tiene un orden y un sentido. Creo que toda forma está compenetrada por esa misma energía y, que así como sigue expandiendo el universo como parte de una entidad mayor, así también expande la conciencia amorosa en la humanidad como un solo ser y por ello, en cada ser en particular. Pero condicionamientos culturales y herencias, permiten una captación diferente de los distintos niveles de realidad, de allí que unos se destaquen y otros no (almas viejas nuevas), pero todos captamos de alguna manera, el tema es si estamos conscientes de lo que captamos y que tanto comprendamos su significación. De todos modos la humanidad, con el impulso constante de la energía del alma, es la ola del océano, algunos estarán arriba, otros en la espuma y otros en su formación, pero todos somos parte de la ola que nos transporta en su movimiento incesante. Claro que somos parte de una conciencia universal que en su expansión se experimenta constantemente y, que en su viaje, nos lleva con ella a la divina meta.
    Como siempre Ale, gracias por compartir, el artículo es excelente tanto como tu claridad de siempre. Abrazo de oso y namasté amigo del camino.

    • Gracias Cristina por tu delicioso comentario. Abrazo…

  6. En Japón lograron que los consumidores se olvidaran de lo sagrado, y muy poca gente tiene sexo, se acompañan de tecnología para pasar el momento, y tal vez crean nuevos sufrimientos…
    Agregar 2046, a listado de películas transpersonales.

    • Gracias Jorge. De ser como ud. dice, desaconsejo la variable japonesa. Abrazo…

  7. “La posibilidad de conciencia en organismos-máquinas sensibles. Casi una alucinación.”

    Me quedé pensando porque durante unos 10 años dicté la materia Inteligencia artificial en la facultad. La primera clase del curso, me divertía mucho hacer un debate en el que motivaba a pensar si se podían construir máquinas inteligentes, y trataba de ir tirando palabras como conciencia, alma, espíritu, energía….lo cual generaba muchas veces reacciones extrañas en un grupo de mentes bien entrenadas en lo racional.
    En ese debate nunca se llegaba a una verdad, ya que esa no era la idea, sino más bien quedarnos con la duda, pero en muchos casos se lograba algo importante que era desmitificar un poco lo que se podría lograr.
    Yo siempre tuve la idea de que no se podría jamás construir máquinas inteligentes, considerando “inteligente” algo equivalente a la inteligencia humana. No solo la lógica, sino en toda su posible manifestación, incluyendo a la conciencia, la creatividad, la intuición, y muchas cosas más de las cuales tal vez aún no conocemos bien como funcionan.
    Pero ahora….me quedé pensando….qué pasaría si mi pensamiento no es parte de esa creencia del mundo moderno que atribuye al ser humano lo relacionado a la conciencia como dice Tarnas. Claro que yo también creo en un universo consciente, pero siempre pensé que las máquinas no podrían tener conciencia.
    ¿Tendré que poner en duda ese supuesto? Será que es posible un mundo donde se desdibujen los bordes que nos separan de las máquinas y ya no podamos decir que hay cosas que son 100% máquinas y seres que son 100% humanos?
    Bueno….la verdad es que puede ser una locura total!!
    Mi parte taurina diría “no, que horror!! yo quiero la naturaleza tal como era antes, llena de lagos y bosques, ninguna máquina que arruine la belleza”. Pero mi urano en 12 sabe que eso ya no es posible y que cualquier cosa podría ocurrir en un futuro si el Planeta sobrevive a tanta destrucción (Plutón no podía dejar de aparecer, sorry).
    Me quedé pensando en el supuesto muy arraigado en mi: jamás podremos construir máquinas inteligentes, jamás ellas tendrán conciencia o alma. Será?

    • Gracias Vanesa. La conciencia del carbono (nuestra conciencia) no la crea el humano sino que “se crea en” o “emerge en” lo humano. Del mismo modo, esa hipotética conciencia del silicio no sería creación humana sino que emergería en las máquinas, más allá de las humanas intenciones. La conciencia -sea de carbono o silicio- como emergencia de una inteligencia creadora que opera en humanos y máquinas… Abrazo…

  8. Gracias Estimado Alejandro es muy lindo poder leer lo que compartes. Abrazo.

  9. “Rayos de discernimiento que forman parte de un torbellino impecable.”…..
    “….Y que con nuestros dramas singulares nos entregamos, con toda seriedad, a componer “la versión libre de un clásico”. …..”

    hermoso…


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