Posteado por: alejandrolodi | 1 octubre, 2012

Renunciar a justificar la muerte

Alejandro Lodi

(septiembre 2012)

Nuestra fascinante atracción por los absolutos, la excitación por la sensación de poder que proveen las convicciones cerradas, la necesidad de creer en “ismos”, hace que resulte todo un desafío de coraje responder a la sensibilidad compasiva.

Ser transversales en el dolor aparece como una necesidad en determinado momento del proceso de la propia herida. La crueldad de la última dictadura y el horror de sus consecuencias están siendo saldadas en la justicia. Y en tiempos de XII (el tránsito de Saturno por la casa XII de Argentina desde octubre de 2008 hasta diciembre 2011) hemos asistido al reconocimiento público de Videla de que aquellas acciones que condujo fueron delitos. Y es crucial no convertir a esos militares en chivos expiatorios que purgan culpas que, en verdad, pesan en la conciencia de la sociedad. La aparición de esa oscura purificación, la orden de “exterminar el accionar subversivo”, fue la respuesta de una sociedad con miedo, polarizada en las creencias cerradas del fundamentalismo del orden. En ese miedo, matar deliberadamente a otro ser humano aparece justificado. Sin embargo, lo más difícil es aceptar que la voluntad de aquella juventud idealista de los ´70 también estaba gobernada por un fundamentalismo revolucionario que cobijaba la oscura fascinación de la muerte purificadora. El desafío de compasión que sugiere ser transversales en el dolor exige reconocer la justificación de la muerte que implican los ideales que alimentaron la violencia política de los ´70. Esos ideales de un mundo nuevo que rescate el valor de la vida y que repare el sufrimiento humano, en verdad, también expresaron un desprecio por la vida y generaron más sufrimiento. Y esta es una paradoja muy dolorosa de asumir conscientemente.

Cada muerte tiene un nombre, una historia. Cada muerte ha marcado muchas vidas. Cada muerte invita a la compasión, a la valentía de renunciar a todo intento de justificarla. Algunas voces han surgido en esta dirección. Cuentan con el valor de la autoridad de haber vivido y sufrido los hechos. Durante los 2000, Oscar Del Barco -filósofo y militante revolucionario en los ´70-  hizo oír su voz:

“…Ningun justificativo nos vuelve inocentes. No hay “causas” ni “ideales” que sirvan para eximirnos de culpa. Se trata, por lo tanto, de asumir ese acto esencialmente irredimible, la responsabilidad inaudita de haber causado intencionalmente la muerte de un ser humano…”.

Y en 2012, Norma Morandini, hermana de dos desaparecidos, escribe en su libro “De la culpa al perdón”:

“…Si los años setenta no pueden reducirse sólo a la lógica de la violencia, tampoco pueden glorificarse. El relato que seamos capaces de forjar no puede ser prisionero de la mentira ni del oportunismo político, que se asemeja mucho a la falsificación histórica. Restan las razones más hondas, encuadradas como dilemas morales. Ningún fin, ningún ideal, puede servir como atenuante para eludir las responsabilidades que cada uno pudo tener en la tragedia colectiva. Cuánto más si se causó de manera intencional el sufrimiento de otros. O la muerte, tan exaltada como valor en la cultura revolucionaria…”.

Esa desvalorización de la vida, esa subordinación de la vida a otros valores (nacionalistas, económicos, religiosos, revolucionarios, etc.), esa indiferencia al dolor ajeno en virtud al apego a imágenes idealizadas (más egoístas o más solidarias), recorre nuestra historia, con variedad de matices ideológicos, políticos o de clase. Y parece que requerimos llegar a situaciones de gravedad trágica para registrarlas conscientemente. Como si fuera necesario llegar a extremos de catástrofe para adquirir sentido de realidad. Fue necesaria la experiencia extrema de la guerra de Malvinas para ver la sombra del poder militar. Fue necesario el martirio del soldado Carrasco para ver el sometimiento y los abusos del servicio militar obligatorio. Fue necesaria la tragedia de Cromagnon para ver la inconsciencia de prender bengalas en lugares cerrados y la laxitud de los controles legales. Y hoy es necesario sentirnos víctimas de la más irracional delincuencia para ver el grado de exclusión, marginalidad y descomposición social al que parecen condenados millones de nosotros.

Lejos de la compasión, allí somos capaces de rozar la impiedad. De desear el sufrimiento del otro. De disfrutar con su padecimiento. Desde el “viva el cáncer” que alguien pintó en una pared mientras Eva Duarte agonizaba, pasando por la perversa campaña de autoadhesivos con la inscripción “los argentinos somos derechos y humanos” lanzada en un momento de secuestros y desapariciones de personas, hasta llegar a la sórdida humorada de llamar “operación Traviata” al asesinato de Rucci o de ofrecer la “tabla de fiambres Pedro Eugenio” en un progresista restaurante temático de Palermo…

(Fragmento de “Gira democrática y misteriosa – quinta parte”).

https://alejandrolodi.wordpress.com/2012/07/26/seminario-gira-democratica-y-misteriosa-quinta-parte/

 

Anuncios

Responses

  1. Ufffff… potente escrito! Este tema justamente rondaba estos días en mi cabeza después de haber visto la película ‘Infancia clandestina’, donde se ve lo que se llamó la ‘contraofensiva montenera’ a través de los ojos de un niño, hijo de revolucionarios.

  2. Que fuerte es sentir que ha pesar de todo lo vivido todavia la muerte ronda mas que la vida sigo preguntandome que tiene que pasar para aprender…. que la vida y la responsabilidad de cuidarla es de cada uno de nosotros….

    • Gracias Marta. Los aprendizajes colectivos parecen más costosos todavía que los personales… Abrazo

  3. Me calo profundo y me hizo repensar muchas cosas…….por mirar un punto en una hoja en blanco,no solemos ver el blanco…………

  4. Alejandro: tu escrito está peligrosamente cerca de la “teoría de los dos demonios”. Falta contexto. “Juventud idealista de los 70” es una generalización injustificable. Es como hablar de “los judíos”, “los argentinos”, etc. Una cosa es un cuerpo jerárquico piramidal y organizado hasta los más mínimos detalles, como fueron las fuerzas armadas que se juramentaron para asesinar a 30000 personas sólo desde el 76, sin contar los fusilamientos del 56, las decenas de muertos de la época de la proscripción de Perón, y los bombardeos a micros escolares y transeúntes en la plaza de Mayo del 55, y otra muy diferente un universal como “la generación idealista de los 70”. Yo formé parte de esa generación, milité, y jamás justifiqué la muerte de nadie, y me pongo como ejemplo porque mi caso es la inmeeeennnnsa mayoría. Tomar la parte por el todo es peligroso y encubridor. Cada cual debe hacerse cargo de sus actos, pero la situación de los genocidas que actuaron desde las estructuras del Estado y con el apoyo de servicios secretos del Imperio es inconmensurable con la de grupos voluntaristas un poco alucinados que mataron a algunas personas sin contar con el apoyo de la mayoría del pueblo argentino, que les dio la espalda cuando lo hicieron.
    Por otro lado, la reivindicación abstracta de “la vida” no se entiende muy bien. ¿Qué es la vida sin la lucha, la pasión, el amor, la polarización constante? La compasión es resultado de una lucha atroz contra el mamífero y el reptil que tenemos dentro. Si los reprimimos no es compasión, sino lo que los estoicos llamaban “ataraxia”, la impasibilidad, la imperturbabilidad, una suerte de desvitalización a propósito.
    No trato de pelear, sino de polarizar amorosamente para aportar ideas. ¿No es el amor un juego entre polos? Un abrazo

    • Jorge, no puedo acompañarlo en su descripción de “grupos voluntaristas un poco alucinados que mataron a algunas personas”. Siento que su visión de “nuestros muertos son 30.000, los de ellos son algunos” deja demasiado dolor afuera. Y mi intención es estimular a abrirnos a todo el dolor posible. ¿Por qué no podemos incluir todo el dolor? Creo que para responder esa pregunta hay que mirar hacia el propio corazón.
      Quizá nos expresemos desde supuestos muy distintos respecto a la astrología. Es evidente que usted encuentra valores y dignidades en la polarización que yo -sinceramente- no alcanzo a percibir. No obstante, eso no me impide apreciar la honestidad con la que expone sus ideas y su -sin dudas- fervoroso apasionamiento.
      Le agradezco la atención que le presta a lo que escribo.
      Un abrazo

      • Asi es Alejandro, hay personas que siguen creyendo que hubieron muertos de primera y muertos de segunda en nuestra Argentina. Yo tambien pertenezco a esa generacion tragica: yo estuve ahi, por eso no me la pueden contar cambiada. Y durante demasiado tiempo escuchamos una sola voz, pero cada vez son mas -como en tu caso- los que le ponen limites a la arrogancia de los que se asumen como portavoces de las unicas victimas y se creen con derecho a atropellar a los demas y a sus perdidas. Te felicito nuevamente, y siempre es un placer leerte.

      • Gracias Teresa. Confiemos en dar cuenta de lo que percibimos. Abrazo

  5. Muchas gracias por ayudarme a entender y no sentirme fuera de la historia pasada de Argentina.

    • Gracias Norma. Curar es incluir. Incluir es amor. Abrazo

  6. Alejandro en un todo de acuerdo, lo viví y también sé que nuestro grado de responsabilidad es mucha y pido perdón porque muchos no entendíamos nada, pero queríamos orden, teniamos miedo, pero ahora sabemos que queremos paz. Gracias

  7. gracias por hacerme ver que hay muchas cabezas pensantes yicomprometidas con la historia de tantas injusticias

  8. Gracias Muy Interesante y constructivo! Me alegra cuando se propone ir descubriendo de que se trata una igualdad profunda, real y verdadera donde nada nos es externo, a nadie…
    Queria abrir acerca de la herencia que recibimos aquellos que nacimos despues de tanto horror. Sigo sintiendo como en nuestras mentes y corazones la historia del horror vive.. mantenemos tanta sepapacion, odio y justificacion como siempre, pero invisible.. Si bien hoy no manifestamos matando, creo que viven los mismos principios.. Como si externamente el maremoto ya hubiera pasado pero la herencia es de muchisimo dolor en nuestros corazones y la herida esta vigente y esperando reparacion.. Y hasta que no reparemos y nos integremos a nuestra historia va a seguir manifestandose constantemente la propuesta de conectar con la herida y acepar nuestra propia oscuridad y repugnancia humana… Abro el tema porque creo que a veces no queremos dejar morir nuestros idealismos y los trasmitimos para que sigan viviendo generacion tras generacion.. Decimos que nunca mas, pero es cierto? Para que dejamos vivos nuestros mecanismos? Para que los trasmitimos? Desde donde?
    Siento que a veces ni siquiera en una situacion tragica tomamos de que no somos seres individuales solamente.. la historia esta tejida en todos nosotros..

    Saludos y Gracias!
    Matias

    • Gracias Matías. Lo que señala es mi obsesión: abrir el corazón a todo el dolor. Cuando el idealismo se cristaliza se convierte en usina de prejuicios. Abrazo…

  9. Gracias, Alejandro. Realmente escribís muy hermoso. Tengo una propuesta que me encantaría llegar a leer de vos: el feminismo.
    Soy feminista y leo este articulo e inevitablemente se me viene el deseo de leer algo tuyo al respecto. Hago un ejercicio constante y diario para no ser ”dogmática”, no ser ”extremista” (por eso este texto me lo recuerda). A veces es muy difícil. Por momentos siento que tengo la capacidad de entrar en el ”dogma” y comprenderlo totalmente (o comprender a aquellas personas, comprender realmente y empatizar con el feminismo tan extremista de algunas mujeres que conozco….las comprendo… en el fondo las comprendo, comprendo de dónde viene esa lucha)…
    Pero al mismo tiempo soy muy consciente de que necesito ”integrarlo”, alquimizarlo.
    Es muy dificil intentar encontrar esa alquimia…
    ¿Cómo amigarse con el patriarcado, Alejandro? jajajaja
    ¡Saludos y felicitaciones!

    • Caramba, no sé si estoy a la altura de tu pedido. En realidad, lo que intento es ver patrones universales, no tanto hacer críticas particulares. En ese sentido, el dogma (cualquiera, todos) nos convence de una verdad, nos dice “cómo es la realidad”, y establece fidelidades y traiciones, todo lo cual, evidentemente, condiciona la percepción y limita nuestra libertad. Esto ocurre incluso con el “astrologicismo”.
      Quizás los “ismos” sean necesarios, o acaso inevitables. No lo sé. Pero sí sé que en algún momento se transforman en un obstáculo al despliegue de la conciencia y generan sufrimiento. Como el ego.
      Pero no quiero evadirme de tu pedido. A lo largo de mi vida, me he descubierto en contacto con una mirada femenina -muy específica y cualitativamente distinta a la masculina- capaz de generar una contundente sensación de íntima verdad. Me ha pasado fundamentalmente con artistas: Joni Mitchell, Bjork, Alejandra Pizarnik y otras que ahora escapan de mi memoria. Y me resulta muy atractivo preguntarme cómo sería si esa mirada organizara todas las cosas del mundo… Creo que todavía habrá que esperar.
      Gracias Agustina. Abrazo de corazón…


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: